Un equipo con cartel.

Para envidia de muchos, el Boca de Basile ya está en Alemania para jugar en la elite mundial con Milan, Manchester y Bayern. No digas bye, decí bis morgen...
Acá no corre el bye. Acá en Alemania es bis morgen...

"¿Viste que te dije hasta mañana en alemán, no?", se llenó de orgullo el vozarrón de Alfio Basile al saludar a Maike, la asistente que el Bayern Munich dispuso para acompañar al plantel de Boca en su paso por el campo de entrenamiento del club bávaro, un complejo de oficinas y cinco canchas con un césped que genera envidia en toda la Primera División argentina. A escasos metros del sitio donde estaciona su auto cada día Karl-Heinz Rummenigge, dirigente del Bayern, Coco mostró su costado políglota. Está donde quiere: sin la Selección, es el capitán de un equipo que desde mañana juega un símil Mundial de Clubes. Eso es la Audi Cup: un compendio de gigantes que están entre los más ganadores de la última década, un grupo en el que sólo faltan los opulentos Barcelona y Real Madrid. Boca, compartiendo el cetro del rey de copas junto con el Milan, el propio Bayern y el Manchester United, son los invitados al torneo que la automotriz alemana auspicia como parte del festejo de su centenario. Y ahí, en el primer mundo, están Basile y sus players.

Claro que Coco se perdió la chance, por unos segundos, de decirle "wie geht es dir, Alex?" a un tal Ferguson, el mismo que tuvo espaldas para hacerse el duro con un ídolo como Tevez con los 27 títulos que ganó con el Manchester. Dos potencias se hubiesen saludado, ya que Basile puede hacer pata ancha con el cinco de cinco que logró en su anterior paso por Boca. Pero el "¿cómo estás, Alex?" no fue posible porque cuando Coco estaba ya arriba del micro para irse al entrenamiento, el DT del Manchester bajaba del bus que la organización dispuso para el traslado de cada equipo, recién regresado de la práctica. El único jugador de Boca que cruzó palabras y gestos fue Román Riquelme: habló un rato con el ecuatoriano Antonio Valencia, quien estuvo seis meses en el Villarreal; y se saludó a la distancia con el arquero Edwin Van der Sar.

Una diferencia sustancial entre los planteles de Boca y del Manchester, ambos alojados en el hotel Westin Grand Munich Arabellapark, es que el grupo de argentinos camina sin dramas por el lobby del hotel. Van, vienen, hacen chistes, toman café con periodistas, hablan por celular caminando en ojotas o lo que se les plazca. Mientras que los ingleses están internados en el piso 14, casi sin contacto con el resto. Los afecta que días atrás un hotel en Indonesia, donde se iban a alojar, sufrió un atentado apenas 24 horas antes de su llegada. Están sensibilizados y custodiados por cuatro agentes. Boca, en cambio, sólo tendrá escolta policial cuando se traslade al estadio Allianz Arena para disputar los partidos...

Y así, sin otra custodia que la guardia periodística, el plantel se movió por el intenso pero fluido tráfico de Munich para llegar al entrenamiento. Allí hicieron una rutina liviana: elongación muscular tras un viaje de unas 19 horas entre vuelos y escalas en San Pablo y Londres y fútbol en espacios reducidos para los jugadores de campo y peloteo para los arqueros. La única excepción fue Hugo Ibarra, sometido en una cuesta al inicio de un trabajo de pretemporada para recuperar terreno (ver página 6). Todo, claro, liberados de toda la ropa que debían usar en el invierno porteño porque la Baviera tiene un verano muy agradable. "Pensábamos encontrarnos con más calor, pero está ideal y mejor que el frío de allá", apunta Julio Cáceres. El mismo que no se sorprende con el intercambio con tanto monstruo. "Boca juega esta clase de torneos porque ha sabido ganarse respeto a nivel internacional con sus títulos. Es mérito de los jugadores que han estado en los años anteriores. Y es nuestro objetivo seguir el camino de ellos. ¿Qué pasa en River? Mucho no se habla, en realidad, pero sí existe una sana envidia", aporta. Y Pablo Mouche le pone algo más de pimienta. "En Boca estamos acostumbrados a jugar esta clase de partidos, contra estos equipos, je", chicanea elípticamente al clásico rival que tiene en la Argentina, diferente de los derbies que juega más allá de las fronteras. Ahí donde Basile puede exponer su diversidad idiomática.

Y ya saben: acá no digas bye; decí bis morgen.

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