La épica de la debilidad

Por Martín Rodríguez Yebra

Cristina Kirchner se entregó ayer a una celebración de su propia debilidad.

Con el tono épico de otros anuncios exitistas, comunicó ayer que no puede salir del país por miedo a lo que haga su vicepresidente, retrocedió en su intento de remover al jefe del Banco Central sin pasar por el Congreso y admitió que teme más fallos judiciales adversos y que no está en condiciones de abrir el debate parlamentario sobre el uso de reservas para pagar deudas y gastos.

Pero lejos de ser un ejercicio de autoflagelación, la Presidenta intentó poner en marcha una operación de pinzas para acorralar a Julio Cobos. El objetivo de máxima: forzarlo a renunciar.

Expertos en explotar las debilidades ajenas, los Kirchner percibieron que el vicepresidente atraviesa uno de los momentos más difíciles desde su explosiva irrupción en los primeros planos de la política, el día en que derrumbó en el Senado las retenciones móviles.

Recientes encuestas de opinión empiezan a revelar un desgaste de la figura de Cobos, en su difícil equilibrio entre ser el vicepresidente del gobierno kirchnerista y un referente decisivo de la oposición. En la residencia de Olivos, el matrimonio presidencial tomó nota de la tibia defensa opositora a Cobos el día de la semana pasada en que Cristina Kirchner lo acusó de golpista en un acto oficial. Elisa Carrió, Mauricio Macri y hasta algunos miembros de la UCR prefirieron sumarse a las críticas a Cobos por su doble papel antes que defenderlo del ataque gubernamental.

Néstor Kirchner fue el hombre que eligió a Cobos para acompañar a su esposa en 2007 y ahora le pesa en su conciencia: nada lo enardece más que verlo adelantarse en la carrera presidencial para 2011. Según su visión, sacarle el cargo lo relegará dramáticamente (algo en lo que coinciden varios de sus rivales opositores). El problema es cómo hacerlo. No puede echarlo por decreto y le faltan votos para impulsar un juicio político.

Optó por la presión creciente. Los líderes parlamentarios del kirchnerismo recibieron la sugerencia de redoblar sus críticas a Cobos y pedirle en público la renuncia cada vez que puedan. La suspensión del viaje a China potenció el mensaje: nadie puede pensar que la Presidenta suspenderá hasta el fin de su mandato sus actividades en el exterior. Para completar el plan, expondrán a Cobos a tomar decisiones delicadas.

La comisión que convocó Cristina Kirchner para opinar sobre la remoción de Martín Redrado del Banco Central tendrá -si se cumple el deseo presidencial- sólo tres miembros: un oficialista, un opositor y Cobos. Si bien ese dictamen no es vinculante, ¿qué dirá la Casa Rosada si triunfa con el voto de Cobos un apoyo a la continuidad de Redrado?

Ayer dio algunas pistas cuando denunció el "incumplimiento de los deberes constitucionales" del vicepresidente. Fue sugestiva cuando evitó responder sobre un eventual juicio político a Cobos. "Yo no le pido la renuncia a nadie", se limitó a decir, sin miedo a la contradicción: estaba en una conferencia de prensa para hablar del decreto con el que quiso echar a Redrado.

No fue la única ambigüedad. Insistió en la "justicia exprés" que saca fallos desfavorables al Gobierno en pocas horas, días después de haber elogiado la celeridad con que resolvió el juez neoyorquino Thomas Griesa el levantamiento de un embargo contra el país. Y recurrió a un largo relato sobre su histórica oposición a los DNU para justificar el decreto por el que creó el cuestionado Fondo del Bicentenario para pasar reservas al Tesoro.

Alardeó, al final, sobre su decisión de consultar al Congreso sobre la suerte de Redrado, pero se negó a permitir las sesiones extraordinarias para debatir sobre el uso de las reservas. La oposición le había mostrado ayer, horas antes de su conferencia de prensa, que podía avanzar en una autoconvocatoria para tratar la crisis del Banco Central.

Al aceptar el debate sobre Redrado, los Kirchner se sacan al menos un miedo de encima: el posible fallo judicial en favor del economista por el incumplimiento del trámite legal para removerlo. Era ésa la gran preocupación que llevó a la Presidenta a suspender el viaje a China y no el fantasma de un Cobos desbocado.

Pero el contexto le dio la excusa para retroceder pasando a la ofensiva. Fue una jugada fuerte para exponer a Cobos a la "irregularidad institucional" que implica su doble cara de vicepresidente-opositor, justo cuando las opciones al kirchnerismo crecen con el discurso de la defensa de las instituciones. "No es que nosotros seamos buenos, pero vean lo que hay del otro lado...", dijo la Presidenta, en otra perla de su tarde de confesiones.

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