Entrevista exclusiva "Kirchner dijo que me iban a bancar hasta la muerte"

Guido Alejandro Antonini Wilson, el hombre más incómodo para el Gobierno desde que estalló el escándalo de la valija con los US$ 800.000, habla sobre el caso que puso bajo sospecha la financiación de la campaña de Cristina Kirchner y tensó las relaciones con Washington.

Por Hugo Alconada Mon

-¿Por qué debería creerle? -Porque estoy diciendo la verdad. Eso fue lo que pasó. Es la verdad y es lo que se demostró en el juicio.

-¿Quién lo subió al avión?

-Yo me subí, por supuesto. Pero por sugerencia de Diego, Daniel, Victoria y Marjorie. Ellos me insistieron: "¡Ve, ve!".

-¿También Claudio Uberti?

-Sí, por supuesto. Me llamó desde el teléfono de Victoria, ella me lo pasó.

-¿Qué le dijo?

-"Súbete al avión y discutiremos lo del gasoducto".

Guido Alejandro Antonini Wilson comienza a hablar y el señalamiento es imparable. "Diego" es Diego Uzcátegui, vicepresidente entonces de la petrolera estatal venezolana PDVSA y su titular para la Argentina y Uruguay. "Marjorie" es Marjorie Gutiérrez, su mano derecha, a cargo del área de Relaciones Internacionales de PDVSA, y "Victoria" es Victoria Bereziuk, la secretaria de Claudio Uberti, quien actuaba en Caracas como el verdadero embajador comercial de la Argentina ante el gobierno de Hugo Chávez.

Antonini, el hombre más incómodo para la Casa Rosada desde hace ya 15 meses, contó, a lo largo de tres horas de entrevista con La nacion, su versión sobre los US$ 800.000 decomisados durante la madrugada del 4 de agosto de 2007. Cómo se gestó el vuelo, la posible presencia de otros US$ 4,2 millones en el avión, qué ocurrió dentro del Aeroparque Jorge Newbery y las vertiginosas 72 horas que vivió después. Una trama que incluyó su ingreso en la Casa Rosada, supuestos mensajes del presidente Néstor Kirchner, aprietes, reparto de dinero y promesas de negociados a cambio de su silencio y el de otros protagonistas.

La entrevista con Antonini es el fruto de la investigación realizada por LA NACION a lo largo de los quince meses que siguieron a aquella madrugada y, sobre todo, del insistente llamado semanal, durante todo ese tiempo, a su abogada, Theresa van Vliet, para pedirle una entrevista con su cliente. LA NACION, además, contactó en este tiempo a más de 50 funcionarios, ex funcionarios, empleados públicos, empresarios y otras fuentes venezolanas, argentinas y estadounidenses.

A continuación se transcriben los principales pasajes del diálogo mantenido en el estudio jurídico de Fort Lauderdale con el "valijero".

De la compleja trama que rodea al relato surge un dato que llama claramente la atención sobre Uberti y alimenta las sospechas: si la valija le pertenecía a Antonini, lejos de insultarlo porque, en teoría, acababa de arruinarle su carrera política, el funcionario argentino fue a tomar un café con él, el domingo, un día después de reunirse con el presidente Néstor Kirchner en la Quinta de Olivos, según declaró ante la Justicia argentina.

-Usted se reunió el domingo con Uberti, en su hotel, el Sofitel...

-Sí. El iba a pasarme a buscar para cenar. Vino a eso de las 6 o 6.30 de la tarde. Me llamó del lobby y bajé. Le dije que me dejara llamar a Daniel [Uzcátegui, hijo de Diego y pasajero también del polémico vuelo] y me dijo que ya lo había hecho. Me dijo: "Tengo buenas noticias y malas noticias". A mí no me gusta cuando me dicen eso. "La mala noticia es que no puedo cenar con ustedes porque me llamó el Presidente y tengo que ir a Olivos. Pero la buena noticia es que se están encargando de todo". Yo le dije: "¿Por qué te estás reuniendo con el Presidente?", y me respondió: "Por todo. ¡No te preocupes por eso! Es historia. Ya pasó, ¿ok?".

-¿Cuáles fueron las palabras exactas que, según usted, Uberti puso en boca de Kirchner?

-Dijo que Kirchner le preguntó cómo estaba yo. "¿Cómo se portó el hombre?", o algo parecido. Uberti me dijo que él le explicó y que Kirchner agregó: "El hombre es un caballo" o algo así y que "como este hombre nos banqueó"...

-¿Bancó?

-Sí, "bancó", "...nosotros lo bancaremos hasta la muerte".

-¿La misma frase que luego usó De Vido cuando lo vio en la Rosada? -No. Eso es lo que aparece en una grabación, pero no fue De Vido. Fue Kirchner, según Uberti.

-¿Le dijo algo más Uberti?

-No, pero entonces apareció Daniel [Uzcátegui] por el lobby y Uberti dijo que al menos nos tomáramos un café juntos. Pero había algo en él, algo que no estaba bien. Yo pensé: "Mierda, ahora que ya firmé el acta [se refiere al documento que firmó en Aeroparque en el que declaró que la valija con el dinero era suya] somos descartables, por eso no vamos a cenar". Pero acepté y le señalé con la mano las mesas de la confitería del hotel. "No, no aquí, salgamos". Y cuando le pregunté por qué, me dijo que en el hotel había unos empresarios de Venezuela que él conocía, a los que saludó mientras caminábamos. Salimos del Sofitel hacia la izquierda, luego otra vez a la izquierda y allí hay un hotel. Un hotel grande, sobre la avenida. Pero él no sabía a dónde íbamos. Estaba buscando un lugar. Pidió un café negro, yo también.

-¿Por qué cree que le mencionó a Kirchner?

-Cuando dijo eso de Kirchner, la sensación que me dio es que lo decía para que me sintiera parte del crimen, ¿sabe? El y yo. Pero yo le insistía: "¿Está seguro de que se están encargando de esto? ¿Está seguro?". El me repitió que no me preocupara por eso y me dijo: "Pídeme lo que quieras. El Presidente me dijo que puedes tener una licencia de carne". Yo estaba sorprendido: "¿Licencia de carne?". "Bueno, ¿recuerdas la primera vez que hablamos?". Y yo me sorprendí de que recordara tanto de esa reunión

-¿Cuál?

-La que habíamos tenido unos meses antes, en Buenos Aires. El me había preguntado si yo tenía conexiones para vender carne en Venezuela y yo le dije que podía averiguar.

-Y esta vez, cuando tomaban café, ¿qué más le dijo?

-Uberti me dijo que me podía dar una licencia de carne aunque la Argentina no había entregado una licencia desde 1900 no sé cuántos. Yo le dije: "Primero muéstrame que todo se solucionó" Me respondió que teníamos que mantener el problema entre nosotros. "Alex, no quiero que le cuentes nada a Victoria". "No le estoy diciendo nada. El que la llamó a ella fue Daniel para hablar contigo o ella lo llama de tu parte". Pero él dijo que Victoria es sólo una secretaria y esto lo tenían que manejar entre nosotros. Cuando salimos del bar y volvíamos caminando al hotel, me pidió algo más: "No le digas a Diego". "¡¿Qué?! ¡Es el padre de Daniel! ¿Por qué no debe saber?". Y él dijo que si le decíamos algo, todo el dinero se iba a cortar.

-¿Cuál fue la expresión exacta de Uberti?

-"Si le dices a Diego, se va a parar la vaquita". Y mientras hablábamos, Daniel iba como saltando alrededor nuestro: "¡No, jefe, no! ¡No le digas nada a Diego!". Lo que sospecho es que algo acordaron entre ellos, porque antes habían hablado por teléfono.

-Pero usted se reunió igual con Diego esa misma noche y hablaron sobre los US$ 4,2 millones (ver aparte). Y otra vez el lunes, ¿qué pasó durante el almuerzo en Las Lilas?

-En un momento le dije a Diego que Uberti me había comentado que todo estaba solucionado, pero él me respondió que "teníamos un problema grave. Esta vaina ha cogido demasiado vuelo". Y me dijo que fuera a buscar el dinero: "Anda hoy o si quieres mañana, te vas con el chófer, coges esa vaina y el resto es tuyo".

-¿Cuál fue su respuesta?

-Yo le dije: "¿Acaso los argentinos no pueden mandar a cualquier otro? ¿Tengo que ir yo a recoger eso? No me parece justo". Y me respondió: "¡Bueno, pero el resto es tuyo!". Yo me molesté: "Si tú vas a robar un banco, y un amigo maneja bien y tú le dices que vas a robar un banco, comparten el botín. ¡Pero no puedes decirle que necesitas ir a cobrar un cheque, le pides que te espere y luego sales corriendo y le dices que están robando un banco para que acelere! ¡Eso es lo que ustedes me están haciendo!". Si a mí me decían en Caracas, yo decido lo que quiero hacer. Entonces me dijo: "Tienes razón. Déjame llamar a alguien para que vaya a buscar esa vaina".

-¿Por qué no fue entonces a la Aduana, a la Justicia o se buscó por las suyas un abogado, para declarar que el dinero no era suyo?

-¡Ey!, yo estaba entonces con los venezolanos, venezolanos que yo sabía que eran poderosos, y con el tercer hombre más poderoso de la Argentina [por Uberti]. Si yo decía que el dinero no era mío, ¿a quién iban a creerle? "Acá está el venezolano que firmó el acta" ¿Van a creerme a mí o al funcionario argentino?

-¿Apostaba usted a que, dado que estaba con hombres poderosos de la Argentina y Venezuela, nada le pasaría tras firmar el acta?

-¿Apostar a eso? ¡Estaba esperando eso, no "apostando" a que así fuera! Dentro de mí, para serle ciento por ciento honesto, esa noche me imaginé todo esto. ¿Por qué? No sé, lo sentí. Quizá porque Uberti era un maldito mentiroso, un doble cara, y Diego, que me decía "no hay ningún problema, pero tienes que ir a buscar el dinero". Algo no estaba funcionando, algo andaba mal

-A la tarde fue a la Casa Rosada...

-Estábamos en el hotel y recibí un llamado de Marjorie a mi celular. Me dijo que me preparara, que íbamos para la Casa Rosada. Me dijo que me pasaba a buscar en 20 minutos. Entonces recibí un llamado de Victoria. "¡Ale!", porque así me decía ella. "Ale, apúrate, estamos entrando al hotel", y mientras hablábamos, entró con Marjorie y me vio en el bar y me apuró. "¡Andá así nomás, así en jeans! ¡Vamos!". Pero les dije que no y subí a cambiarme. Fuimos a la Casa Rosada y cuando íbamos a pasar con el auto, nos dijeron que no. Victoria bajó la ventana, yo estaba sentado en el medio, y mostró algo y dijo algo y le abrieron la puerta.

-¿Victoria llamó a alguien antes de entrar a la Rosada?

-Llamó mientras estábamos dentro del auto. Cuando teníamos problemas para entrar. Fue muy rápido. Ella llamó y la puerta se abrió. Así de rápido. Yo estaba muy impresionado porque sólo una vez que estuvimos adentro comprendí que ya estábamos en la Casa Rosada, porque el modo en que entramos fue muy impresionante, como si hubiera sido muy sencillo entrar.

-Ya en el Salón Blanco, ¿qué pasó?

-Ellos querían que yo me sentara detrás de Rafael Ramírez [ministro de Energía venezolano y presidente de Pdvsa]. Yo fui, pero no me llegué a sentar. Diego estaba dos sillas más atrás. A mi izquierda estaba toda la gente de Venezuela y a la derecha toda la gente de Argentina. Vi a Uberti, a De Vido [Julio, ministro de Planificación Federal] y a la esposa del Presidente, la nueva Presidenta [Cristina Fernández de Kirchner]. Pero la sillita que me dieron era muy endeble y no sé por qué querían que me sentara allí. No soy amigo de Rafael, lo conozco, pero no es mi amigo. Así que volví atrás, donde estaba Marjorie, cerca de la prensa, y me quedé al lado de ella. Al lado mío también estaba esta persona que conocí una vez en Venezuela... eh... ¿"el rey de la soja"?

-¿Gustavo Grobocopatel?

-Sí. Le pregunté cómo iba su proyecto de soja en Venezuela y él se quejó. Me dijo que en Venezuela tenía problemas, que no regaban las plantas y que dejaban que se murieran. ...l se mostraba muy emocional y yo le dije "sé paciente". Chávez empezó a hablar y les hizo una broma a Uberti y a De Vido. Ahí es cuando Marjorie me dice: "¿Ves, Alejandro? Tú no tienes ningún problema. Rafael sabe, el presidente lo sabe, todos lo saben".

-¿Por qué aceptó ir a la Rosada?

-Bueno, esperaba que ellos fueran a solucionarlo... (calla durante varios segundos). Para ser honesto, no lo sé. ¡Yo quería irme de Argentina! Pero sólo me decidí esa noche, cuando me enteré de que los medios ya estaban...

-¿Con su nombre?

-No, no con mi nombre. Pero recuerdo que me enojé mucho con Victoria y le dije: "Ustedes son una manga de mentirosos". La increpé a ella y a Marjorie. Victoria también bromeó: "Ahora tenemos algo con qué chantajearte". Y agregó: "Teníamos que darle algo a la prensa, pero ¿adivina qué? Tu nombre no lo saben y nunca lo averiguarán. Estás en la Argentina". Eso pasó en el bar. El que usted publicó.

-¿"El Gran Danzón"?

-Sí.

-Antes de ir al bar, sin embargo, fueron al restaurante Rosa Negra. Y usted pagó. ¿Por qué? -¿Por qué yo pagué? En ese momento me sorprendió, pero ahora estoy contento de haberlo hecho. ¡Porque al menos tengo prueba de algo de todo lo que digo, de que estuve allí! Lo que a mí me sorprendió es que nadie amagó a pagar y si me estás haciendo pasar por todo esto, ¡lo menos que puedes hacer es invitarme! Estábamos esperando que viniera Uberti, pero nunca vino.

-¿Usted invitó a quienes querían perjudicarlo?

-No, no, no. No los estaba invitando. Llegó la cuenta y nadie la pagó. Por eso es que yo lo hago. Pero yo no los había invitado a Rosa Negra. ¡Ni siquiera me gusta ese lugar, para serle honesto! La cuenta estaba allí y nadie se movió. Es más, Diego es quien pidió la cuenta y se la trajeron a él. Pero no se movió.

-Después, cuando ya estaban en el bar, la prensa da el primer alerta...

-Sí. Pero no con mi nombre. Lo llamé a Diego y me enfurecí con él. Era el martes, una o dos de la mañana. Y yo ya estaba pensando en cómo me iba a ir [de la Argentina], y cómo reservaba [el pasaje], y cómo hago esto y lo otro.

-Otra vez, ¿Por qué no fue a la prensa? ¿O a un abogado? O mejor, ¿por qué no se presentó ante un juez?

-¡Yo estaba solo! ¡No estaba seguro ahí! ¿Por qué vine a Estados Unidos? ¡Porque acá estaría seguro! ¿Por qué no fui a Venezuela? ¿Tenía alguna chance ahí? ¡No! ¡Si la Argentina y Venezuela estaban en el negocio! ¡No tenía ninguna chance! La única vez que esta gente dejó de presionarme, de gritarme, fue cuando les dije que ya no estaba en Buenos Aires.

-Pero hasta que esto no irrumpió en la prensa, usted jugó con ellos.

-Sí.

- ...

-Estaba esperando que... usted sabe...

-¿Qué?

-Que resolvieran el problema ellos. El dinero no era mío, la maleta no era mía, yo no sabía que estaba ahí... ¿Por qué debía ser acusado yo?

-Le planteo lo contrario: ¿Por qué no jugó con ellos por completo? ¿Por qué no reconoció el dinero como propio, agarró la mitad que le iban a devolver y sólo entonces se fue?

-(Molesto). Mire... me han dicho de todo, acusado de todo, llamado de cualquier forma, por hacer lo correcto. Usted dice que yo jugué con ellos por un tiempo porque yo no actué como usted lo planteó, pero yo nunca quise que el dinero fuera mío. ¡Si retiraba el dinero, realmente sería uno de ellos! Yo fui acusado por algo que no era mío, les dije que ellos lo arreglaran, que yo no quería ese dinero. Eso fue todo lo lejos que yo pude llegar. ¿Ir a los Tribunales, decir "acá estoy", pagar la multa que fuera, "denme la otra mitad que es mía"? Eso era asumir la culpa. Eso es lo que querían que hiciera. ¡Por eso es que [los EE.UU.] enviaron gente a acá! Porque creían que así se resolvería todo. Un hombre rico, que portaba mucho dinero, que viajó a la Argentina para comprar un shopping center, invertir en la Argentina? era muy fácil de encubrir.

-¿El dinero era de Pdvsa ?

-Sí.

-¿Está seguro?

-Sí.

-¿Ciento por ciento?

-Ciento por ciento.

-¿Por qué?

-Diego, Daniel, Marjorie... todos los que vinieron hasta acá, todos los que me llamaron, coincidieron en que el dinero era de Pdvsa.

-¿El dinero era para la campaña presidencial?

-Eso es lo que me dijeron.

-¿Quiénes?

-¡Todos los que vinieron hasta acá! [se refiere a tres de los hallados culpables en Miami -Franklin Durán, Carlos Kauffmann y Moisés Maiónica- y al agente de inteligencia venezolano Antonio José Canchica Gómez, prófugo de la Justicia norteamericana]. ¡Todos los que me llamaron! [en alusión al jefe de la inteligencia venezolana, general Henry Rangel Silva, y el ministro del Interior, Tarek El Aissami, entre otros].

-¿Podría ser que el dinero fuera de coimas correspondientes a los funcionarios argentinos por negocios bilaterales pero no para la campaña?

-Eso es algo que tienen que analizarlo ustedes. Pero si el dinero fuera para algún mafioso o fuera una coima para Uberti, por menos de ese dinero me hubieran arrojado al Río de la Plata. Pero creo que eso no me pasó porque el dueño de ese dinero era alguien grande. ¿Por qué me enviaron a esa mujer [por María Cristina Gallini, jefa de turno de Aduanas] en el Aeroparque? ¿Por qué eran tan amables conmigo? ¿Por qué no fui tratado como un contrabandista? "Por favor, sírvase una medialunita. ¿Un sandwichito de miga? ¿Un café con leche?". Yo sé que en la Argentina son muy amables, ¡pero esa gente no sabía cómo tratarme porque no estaban seguros sobre quién era yo!

-Mi última pregunta es la misma con la que comencé: ¿Por qué debería creerle quien lea esta entrevista?

-Porque estoy diciendo la verdad y hay evidencia suficiente para demostrar que digo la verdad. Sé que lo más fácil es acusar a Antonini Wilson. Pero la verdad salió a la luz. Si la gente quiere creer que el dinero fue para esto o para lo otro, bien. Pero, ¿por qué tantos encubrimientos? ¿Por qué hubo gente que llegó a tanto para encubrir el dinero? Porque para lo que ocurrió se necesitan dos personas: el venezolano que estaba enviando el dinero, Rafael Ramírez o quien fuera, y el tipo que lo estaba recibiendo. Lo mejor sería ir a la Argentina y meter a alguien en prisión y señalar al que envió el dinero desde Venezuela y... Pero claro, eso es si tienes un sistema judicial que funcione en Venezuela. Y, en la Argentina, la Justicia quizá funcione, pero está golpeando contra una pared, ¿sabe?

Por Hugo Alconada Mon

© LA NACION

Cronología

Recorrido de la maleta y el "maletero"

4/8/07.- Aquella noche en Aeroparque... Procedente de Caracas, llega al aeropuerto porteño el avión contratado por Enarsa con la valija cargada con 800.000 dólares. Guido Antonini Wilson se responsabiliza por el dinero incautado.

6/8/07.- En la Rosada y con apoyo oficial Antonini es recibido en la Casa Rosada, donde llega junto a Victoria Bereziuk, secretaria de Claudio Uberti. Funcionarios del Gobierno le hacen saber que cuenta con su respaldo oficial.

8/8/07.- Si lo han visto, nadie lo recuerda Pese a que el escándalo de la valija estalla en los medios de comunicación, Antonini viaja sin problemas a Uruguay y luego vuela a Miami, donde se pone en contacto con el FBI.

9/8/07.- Uberti, funcionario en desgracia Primera víctima del escándalo, Claudio Uberti, funcionario muy cercano al ministro Julio De Vido y hombre clave en la relación con Venezuela, es echado de su cargo.

31/8/07.- La justicia se mueve contra el lavado En medio de crecientes sospechas sobre el destino político del dinero, la justicia argentina pide a EE.UU. la extradición de Antonini en una investigación sobre presunto lavado de dinero.

12/12/07.- Espías al servicio del chavismo El FBI anuncia en Miami la detención de tres venezolanos, Durán, Kauffmann y Maiónica, acusados de actuar como agentes al servicio de Venezuela, y del uruguayo Wanseele Paciello.

18/12/07.- Una revelación y ninguna diplomacia Después de que el FBI revela que el dinero iba dirigido a la campaña de Cristina Fernández, Néstor Kirchner reclama a EE.UU. que "entregue al prófugo". Se tensa la relación bilateral.

11/1/08.- Pedido a Interpol por los Uzcátegui Por orden del juez Petrone, la policía argentina solicita a Interpol que ubique en Venezuela al ex vicepresidente de Pdvsa Diego Uzcátegui y a su hijo, Daniel Uzcátegui, para que declaren en el caso.

23/9/08.- Más revelaciones y más dólares Tras el inicio del juicio a Durán, al declarar en Miami Antonini rompe el silencio y afirma que en el vuelo contratado por Enarsa iba otra valija con 4,2 millones de dólares.

9/10/08.- Una valija, todas las valijas Citada a declarar como testigo en Miami, la ex agente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria Luján Telpuk afirma que revisó todas las valijas que ingresaron al país en el vuelo de Enarsa.

3/11/08.- Durán, culpable de espionaje chavista El jurado en Miami encuentra culpable a Durán del delito de espionaje, noticia que provoca fastidio en el obierno, acorralado por otras sospechas de financiamiento irregular de la campaña.

4/11/08.- La hora de la justicia argentina Tras el fallo en Miami, la justicia argentina espera ahora que la investigación local cobre nuevo impulso a partir de las pruebas que podría aportar la justicia norteamericana.

Quién es quién en la trama

Claudio Uberti: recaudador de la campaña electoral de 2003, encabezó luego el Organo de Control de Concesiones Viales (Occovi), bajo la órbita del ministro Julio De Vido. En la práctica, era el "embajador comercial" de la Casa Rosada en Caracas.

Victoria Bereziuk: secretaria del Occovi y colaboradora de extrema confianza de Uberti en sus relaciones con el gobierno venezolano.

Exequiel Espinosa: presidente de la petrolera estatal argentina Enarsa, ente que alquiló el avión charter que voló desde Caracas.

María Luján Telpuk: entonces agente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, de turno la noche del decomiso.

Daniel Ingrosso: jefe de Telpuk en la Policía de Seguridad Aeroportuaria, de turno la noche del decomiso.

Jorge Lamastra: funcionario de la Aduana de turno la noche del decomiso.

María Cristina Gallini: jefa de turno de la Aduana la noche del decomiso.

Rafael Ramírez: ministro de Energía venezolano y presidente de su petrolera estatal, Pdvsa.

Rafael Reiter: guardaespaldas de Ramírez, es el actual gerente del área de Prevención y Control de Pérdidas de Pdvsa, su "policía interna".

Diego Uzcátegui: vicepresidente de Pdvsa cuando ocurrió el decomiso, también presidía su filial para la Argentina y Uruguay, Pdvsa Sur.

Daniel Uzcátegui: hijo de Diego, trabajaba para Antonini y sus entonces socios, Carlos Kauffmann y Franklin Durán.

Marjorie Gutiérrez: mano derecha de Diego Uzcátegui, en el momento del decomiso se desempeñaba al frente del área de Relaciones Internacionales de Pdvsa.

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