Entrevista con Alberto Fernández / "Nosotros dejamos de escuchar a la gente"

En la primera entrevista a fondo que brinda desde que dejó el Gobierno, el ex todopoderoso jefe de Gabinete elogia la inteligencia de la Presidenta y dice que Kirchner fue "el mejor presidente desde el regreso de la democracia"; Pero marca errores, se diferencia del proyecto de las AFJP y le reclama al kirchnerismo

Por Ricardo Carpena

El nuevo tiempo está demandando acciones concretas de gobierno, más apertura, más diálogo". ¿Lo dijo Elisa Carrió? No.

"El problema central que tenemos no es la influencia de Néstor sobre Cristina, sino las cosas que debemos hacer para que el Gobierno recupere la base social que le dio vida y vuelva a convencer a un montón de argentinos que se alejaron". ¿Acaso lo dijo Julio Cobos? No.

"La gente nos está reclamando un cambio que hay que asumir, sin enojarse con ella. Nosotros dejamos de escucharla". ¿Lo habrá dicho Mauricio Macri, quizá? No.

Todo esto lo dijo, en realidad, Alberto Fernández, este hombre que hace exactamente cuatro meses abandonó la máxima altura del poder en la Argentina y que en cinco meses cumplirá 50 años.

De saco veraniego, camisa blanca, sin corbata y zapatos modernos. Repantigado en su blanco sillón de un moderno y pequeño living con vista al Río de la Plata, en su departamento del piso 12 en una torre de Puerto Madero (que alquila, según aclarará luego). Está más canoso. Con menos ojeras que los surcos que le había dejado en la cara el conflicto del campo. Con una sonrisa recuperada. Se lo nota menos arrogante. Habla y se mueve como si se hubiera sacado un gran peso de encima. O, en rigor, dos grandes pesos de encima (sería una obviedad aclarar cuáles).

No es un opositor. Tampoco, se advierte, quiere serlo. Pero sabe que sus palabras no son las de cualquiera: fue el todopoderoso jefe de Gabinete, el Fernández más famoso e influyente de la guía kirchnerista y la tercera pata del trípode en el que descansó el oficialismo desde 2003 hasta nuestros días.

En un extenso reportaje con Enfoques, el primero que brinda a un diario nacional a 120 días de aquella sonora renuncia que conmovió los rígidos códigos de lealtad kirchnerista, elogia la inteligencia de la presidenta Cristina Kirchner y repite varias veces a lo largo de dos horas, casi como si haciéndolo buscara un escudo protector, que Néstor Kirchner fue "el mejor presidente argentino desde el regreso de la democracia". Pero dice mucho más.

Cuando defiende al gobierno de Néstor Kirchner, vuelve a ser aquel que defendía hasta lo indefendible, que justificaba hasta lo injustificable. Y lo defiende con tanto énfasis que parece añorar un Néstor Kirchner que cambió, que ya no es el mismo: "Quiero volver al origen, que era un lugar amplio, convocante, que superaba las barreras de cualquier partido y donde teníamos un lugar para expresarnos".

-¿Cómo se ve el Gobierno desde el llano?

-Me cuesta verlo desde el llano porque me siento partícipe de este proyecto, de este espacio. Si el llano quiere decir que lo vea con menos compromiso, no lo veo así. Me siento totalmente comprometido con la suerte del Gobierno. Lo que siento es que el Gobierno ha tenido que pasar dificultades. Algunas en mi tiempo, como en los días del conflicto con el campo, y después la crisis internacional, que indefectiblemente nos afecta. Pero veo una Presidenta ocupada del problema.

-¿A la Presidenta no la perjudica la gran influencia que Néstor Kirchner tiene en el Gobierno?

-Depende de cómo se vea. La influencia de Kirchner sobre Cristina es semejante a la de Cristina sobre Néstor. Kirchner ha sido, sin ninguna duda, el mejor presidente que tuvo la democracia desde 1983 hasta la fecha. Si yo dijera que a la Presidenta actual la asesora el mejor presidente que tuvo la democracia, ¿cómo lo vería la gente? La influencia de Néstor per se no debería ser mal vista a la luz de la enorme experiencia que tuvo como presidente, y de los buenos resultados. Lo que sí es cierto es que estamos viviendo otro tiempo y que el nuevo tiempo está demandando nuevas cosas que no tienen que ver con que Kirchner influya o no, sino con acciones concretas de gobierno, la demanda de más apertura, de más diálogo.

-Pero Cristina, cuando era senadora, no opacaba la tarea de Kirchner. Ahora existe la percepción de que se gobierna con un doble comando...

-No sé si es así. Sólo puedo decir, porque fui testigo de eso, que Néstor influye algunas veces y otras veces influye Cristina. Cuando Néstor fue presidente, muchas decisiones que tomó tuvieron que ver con ideas de Cristina. Como la composición de la Corte, la reducción a cinco miembros y y la idea de no seguir nombrando jueces de la Corte. El problema central que estamos teniendo en la Argentina no es la influencia de Kirchner sino las cosas que debemos hacer para que el Gobierno recupere la base social que le dio vida y vuelva a convencer a un montón de argentinos que se alejaron. Es un problema de gestión política.

-¿Para qué siente que sirvió su renuncia a la Jefatura de Gabinete?

-Se hicieron cosas que, cuando yo estaba, me costaba a veces convencer de la necesidad de hacerlas...

-¿Por ejemplo?

-La decisión de buscar una mejor posición en la Argentina para conseguir créditos internacionales, tratando de resolver el problema del Club de París o de los hold outs ,es un paso saludable. Renuncié con mucha honestidad intelectual. Sentí que el Gobierno necesitaba una oxigenación y que yo podía dar el primer paso para eso.

-Pero no se produjo la oxigenación...

-A mí no me eligieron presidente, la eligieron a Cristina, y ella pensó otra cosa. El tiempo dirá si yo tenía o no razón. Igualmente, aunque la Presidenta haya decidido otra cosa, busco que las cosas le vayan bien.

-Si tuviera que darle un consejo a la Presidenta, ¿insistiría en la oxigenación?

-La Argentina está necesitando otras lógicas políticas que las que llevamos adelante con Néstor, que fueron muy bien implementadas y permitieron que Kirchner liderara un proyecto que tenía un consenso social enorme. Ahora la gente demanda otras cosas. Lo que más me preocupa es cómo una parte de la sociedad se alejó del Gobierno. No se puso en contra del Gobierno, lo puso en examen. Kirchner había logrado un proyecto progresista, abarcador, democrático. Y eso tenemos que reconstruirlo.

-¿Pero lo ve dispuesto al Gobierno a reconstruirlo?

-(Silencio) No sé si la palabra es dispuesto... Quizá está dispuesto y le cuesta lograrlo. Es fácil enunciarlo desde afuera. Me siento con autoridad moral para decir estas cosas porque, como decía Kirchner, soy uno de los fundadores de este proyecto. Me siento con autoridad para decir "volvamos a reconstruir eso que alguna vez construimos". Que era una espacio social amplio, donde todos tenían cabida y donde todos se sentían protagonistas del cambio. Sufro cuando alguno de los nuestros se va a otro lado porque siento que estamos achicando las bases de sustentación de este proyecto. Además, inexorablemente, la Argentina quiere tener un proyecto progresista que sea una opción de poder y que sea una alternativa clara. Porque es desesperante cuando uno ve lo que es la oposición. Pero la oposición hará lo que pueda hacer; nosotros sí podemos reconstruir el proyecto, tratando de entender que a veces la gente nos está reclamando un cambio que hay que asumir. Sin enojarse con la gente. Porque nos ha votado.

-Justamente los Kirchner a veces parecen enojados con la gente...

-No debemos enojarnos con la gente. Me duele mucho cómo votan los porteños, pero no quiero enojarme con ellos. Quiero entender por qué votan así. Lo mismo me pasa con muchos compañeros que han trabajado cerca nuestro y hoy están distantes porque no entienden muchas de las cosas que estamos haciendo. Tenemos que recuperarlos.

-Usted tuvo un papel decisivo en la candidatura y en el triunfo electoral de los Kirchner. ¿No se siente decepcionado al ver que sólo se fue usted y se quedaron todos sus enemigos políticos, como Julio De Vido y Guillermo Moreno?

-No, creo que Néstor siente que yo lo eximí dando un paso al costado. Desde ese lugar respeta mi decisión. Que haya dado un paso al costado no quiere decir que lo haya dado sobre lo que creo que debe hacerse. Kirchner fue un gran presidente. Fue un honor haber sido su jefe de Gabinete. Cuando me dicen que me he vuelto un crítico, digo que no: quiero volver al origen, que era un lugar amplio, convocante, que superaba las barreras de cualquier partido...

-Pero implícitamente es una crítica a Kirchner. Néstor no parece ser el mismo del que usted habla...

-No sé si Néstor no es el mismo. Lo que digo es que la coyuntura nos fue cercando y tenemos que volver a romper el cerco de la coyuntura y hacer lo que hicimos originariamente. Nadie se tiene que molestar por esto.

-Suena a que se prepara el poskirchnerismo...

-No, no sé lo que es. Tenemos que recuperar nuestras lógicas iniciales. Me acuerdo del Kirchner que decía que la Argentina tenía que tener un movimiento de centroizquierda y otro de centroderecha, en competencia con proyectos alternativos. ¿Qué quedó de eso? No es verdad que la democracia funciona mejor con las pavadas formales de las que habla la oposición. Para que funcione necesita partidos ideológicamente claros, con candidatos ideológicamente claros. Carrió va de la centroizquierda a la centroderecha, y para en el radicalismo, y uno no entiende muy bien qué está representando. Hay una crisis internacional y la derecha lo único que propone es ajustar. Tenemos que ser una alternativa a eso. Como lo que está haciendo Macri en la ciudad: tiene un problema de gestión y entonces lo resuelve o subiendo el ABL, como se hizo con la anuencia de Telerman, o aumentando los impuestos en sellos o ingresos brutos, como propone ahora.

-Suena muy duro hacia dirigentes que fueron votados por la gente...

-Acepto a la oposición y es la que vota la gente, lo cual no me hace perder de vista, como análisis, la incapacidad de la oposición para proponer alternativas. El otro día la escuché a Carrió hablar de la crisis internacional, y ella explicaba a los argentinos lo que iba a pasar porque un muchacho que conoce del tema le había dicho que... y me da mucho miedo eso. Porque de ahí en más todo lo que dijo fue un conjunto de conceptos endebles, débiles...

-Quizá es similar a lo que hizo la Presidenta cuando, ante la gigantesca crisis financiera internacional, dijo que no iba a llegar a la Argentina mientras hablaba irónicamente sobre el efecto jazz... ¿Esa frase no fue desafortunada?

-El efecto jazz existe....

-Pero el jazz es muy bueno, creativo, no sé por qué lo utilizan como algo despectivo. Me gusta el jazz y lo tomo como una ofensa personal (risas)...

-¡A mí también me gusta! El jazz es una música típicamente norteamericana y lo que intentó decir Cristina es que esta crisis se desató en los Estados Unidos. Y es cierto. Si minimizó cuánto de esto iba a repercutir en la Argentina, no fue feliz. Pero después dijo que la malaria había llegado para todos. Ahí estaba asumiendo que el problema existía. No es un problema de discurso.

-Usted habló de los problemas de caja de Macri. ¿Los del Gobierno se resolverán con la eliminación de las AFJP?

-El problema central que hemos tenido con las AFJP es que no se ha explicado bien de qué estamos hablando. En la Argentina hay 20 millones de personas que trabajan, de las cuales 10 millones aportan al sistema de reparto. Quedan otras 10 millones en las AFJP, y si de ésas hay seis millones que hacen aportes irregulares a las AFJP, que aportan una vez al año o una vez y nunca más, la conclusión es que el Estado se va a tener que hacer cargo de 16 millones del total de 20 millones de personas.

Si, además, tenemos presente que esos cuatro millones restantes que aportan han logrado un promedio de ahorro de 40.000 pesos, lo que significa que van a cobrar 200, 220 o 230 pesos de jubilación, y que el Estado tiene obligación de cubrir el mínimo, entonces la conclusión es que este sistema no puede seguir funcionando.

La segunda pregunta es por qué este sistema llegó a este punto. Hay muchos argumentos. Este sistema supone un sistema perfecto de aportes para capitalizar todos los meses. Si se quiebra, como se quebró en la Argentina porque padeció 25 puntos de desempleo, es muy posible que el sistema se fracture. Pero si, además, un ministro cambia todo el dinero por un bono que dos meses después cae en default , no hay sistema que pueda funcionar con esa lógica. Si esto se hubiera explicado así, todo hubiera sido más comprensible. No estuve en la decisión ni en la explicación. Lo que no me parece feliz es explicarlo desde el punto de vista ideológico.

-Usted estaba afiliado a una AFJP. ¿Se pasó al sistema de reparto?

-No, opté por quedarme porque no descreo del sistema de las AFJP y era un aportante regular. El sistema tenía flancos débiles.

-¿Está en desacuerdo con la forma en que se impulsó el proyecto oficial?

-No es un tema menor. La forma y el momento depararon consecuencias no deseadas. El solo hecho de ver caer el valor de las acciones de las empresas argentinas entre 25 y 30 puntos es una consecuencia que nadie quiso, pero tiene que ver con que en el momento elegido había mucha sensibilidad en los mercados y las explicaciones no fueron suficientes.

-¿Estaba de acuerdo en incorporar garantías de que la plata de las jubilaciones no podía tener otro destino?

-Todo eso está bien porque es cierto que en la Argentina fracasó el sistema de fondos de pensión, pero antes había fracasado la jubilación en manos del Estado.

-¿Cuál es la principal autocrítica que hace de su gestión?

-Detesto hacer autocrítica porque para criticarme ya tengo a tantos... ¿Por qué me voy a sumar yo? (risas). Nos debemos de haber equivocado más de una vez...

-Seguramente le debe de haber quedado alguna espina...

-La espina que me quedó es el tema del campo. Los argentinos han vivido tantos sinsabores, tantas amarguras, les pesan los fantasmas de los desaparecidos y de los muertos, y si hay algo que no quieren es más crisis. Y siento que a la sociedad la dividimos... También el campo, ¿eh? Entre todos generamos una situación que la Argentina no necesitaba ni merecía. Y no hicimos el cálculo exacto del problema...

-¿Que les falló a ustedes?

-Un mejor análisis y la vocación de terminar el conflicto en algún momento. No siempre los conflictos se ganan... Aprendí que uno no siempre gana con el 100%, que uno a veces gana ganando sólo algo. Y dejando que otro gane algo también. Nosotros fuimos muy inflexibles. No cargo tintas sobre nadie porque yo era parte de todo eso...

-¿Pero ése no es el estilo típico de Kirchner, dividir el mundo en amigos y enemigos, en blanco y negro?

-Hay tiempos en que eso se podía entender y tiempos en los que es difícil de entender. Este es un tiempo en el que eso es difícil de entender...

-¿Pero Kirchner habrá entendido que ese tiempo cambió?

-(Piensa unos segundos) Quisiera que sí... Para ninguno de nosotros esto ha sido intrascendente. No sé si Kirchner estará arrepentido, pero ha tenido algunos gestos de acercamiento a gente que votó contra nosotros en el tema del campo, y eso es un modo de aceptarlo. El ex presidente, la Presidenta, los que fuimos sus ministros, todos somos seres humanos y tenemos debilidades... Yo lo viví así, como que en algún momento dejamos de escuchar a la gente. El día que renuncié fui a un programa de TV y cuando me preguntaron el porqué de mi decisión, dije: "Yo escuché, yo escuché".

-Después del voto no positivo de Julio Cobos en el Senado, ¿la Presidenta pensó realmente en renunciar?

-La Presidenta nunca renunció finalmente. Mucho de ese tema no voy a hablar.

-¿Pero pensó en renunciar?

-Sí, no sé... No soy yo quien tiene que hablarlo. Fue un hecho traumático. Aquella votación de Cobos fue algo institucionalmente inexplicable. Además, en el fondo, Cobos quedó atrapado en una maniobra especulativa: especuló con que nunca le iba a tocar votar. Hacía lo políticamente correcto en público pensando que nunca le iba a tocar votar...

-¿Pero cómo se entiende el proceso de aislamiento al que lo condenaron, que ustedes no supieran qué iba a votar?

-Yo hablé dos veces con él esa noche de la votación y estaba con un nivel de angustia enorme... Hasta último momento decía que no sabía qué hacer. La explicación que me daba es que su hija le había advertido que si votaba en favor del Gobierno no iba a poder volver a caminar por la calle.

-¿No le hizo un favor al Gobierno?

-No sé si fue bueno, malo, qué se yo... Quizá sea una consecuencia que objetivamente hubo. Pero fue institucionalmente negativo. El vicepresidente es parte del Poder Ejecutivo, no un legislador librepensante. No lo juzgo. La historia lo va a juzgar.

-¿Qué futuro les espera a los Kirchner para las elecciones de 2011?

-Dependerá de lo que sean capaces de hacer. Cristina tiene tres años de gobierno por delante, mucho por hacer. Sé de su inteligencia. Pero insisto: hay que recuperar lo que inicialmente fuimos, que era una política de mucha más apertura de la que hoy tenemos.

-¿Encarnada por quién?

-No sé. Kirchner sigue teniendo un rol preponderante en la política. Gran parte de esta charla giró en torno a Kirchner....

-¿Kirchner será entonces candidato presidencial en 2011?

-Falta mucho para 2011, pero me interesa preservar el proyecto político. Debemos construir algo que sea superador de Kirchner, de Cristina. Con ellos, no en contra de ellos, pero que sea superador. No entiendo a los que se quejan de los Kirchner y se encapsulan en las más viejas estructuras del peronismo.

-Y usted, ¿será candidato, otra vez funcionario? ¿Cuál es su sueño en política?

-No. Estoy muy agradecido a la política. Me dio algo que a pocos políticos les da, que es haber estado en la mesa de las decisiones y así haber mejorado las condiciones de vida de la gente. Falta mucho por hacerse y de aquí a 2011 hay mucho por escribir.

-¿Tiene futuro Duhalde?

-(Piensa) Le tengo cariño a Duhalde. La historia lo recordará como un hombre que, en un momento difícil, ayudó a apagar un incendio tremendo. Pero su tiempo político no es éste; es el que él vivió.

-¿Será el tiempo de Felipe Solá?

-Le tengo un gran cariño y, además, somos amigos, pero no entiendo lo que hizo.

-Dijo que en el kirchnerismo no hay lugar para las disidencias?

-Eso lo puedo entender, pero no entiendo la solución que encontró.

-Es parecida a la suya. Eligió renunciar y criticar las formas kirchneristas...

-No, no... Yo no me fui de acá. A las alternativas de futuro las debemos construir. Hemos perdido parte de la base de sustentación de este proyecto y hay que reconstruirla, pero no se logra volviendo al pasado. Como decía Julio Bárbaro de Chacho Alvarez: "Irse del peronismo para juntarse con De la Rúa es como separarse de la mujer para irse con la suegra (risas). Sigo apostando a ese kirchnerismo (piensa unos segundos) que se puso al frente de la sociedad y que la lideró?

-Pero también es el pasado...

-No, no... Pero Kirchner existe...

-Es que por lo que usted sugiere, Kirchner ya no es el mismo, por algo usted renunció al Gobierno.

-Pero hablo del Kirchner exitoso. Se puede volver a construir. Supone cambios. Tuve diferencias; si no, no me hubiera ido...

-¿Le irá bien al kirchnerismo en las elecciones parlamentarias de 2009?

-El Gobierno va a ganar...

-Por poco, vaticinó usted...

-Tal vez por un margen más chico del que ganó antes. El problema no es 2009. Es 2011.

-Pero si se gana por un margen estrecho también será para el oficialismo una muestra de debilidad política...

-Muchos decían que no existía ninguna posibilidad de ganar. Ahora aceptan que podemos ganar. Es como que nos corren el arco un metro más. El Gobierno va a ganar las elecciones. El problema no es ése, sino escuchar a la gente. Ese es el secreto.

-Hablando de secretos, ¿por qué muchas veces los políticos se enriquecen al pasar por la función pública?

-Ha habido casos... Una vez, en Harvard, donde me habían invitado en los años noventa a un seminario sobre la transparencia en las organizaciones públicas y privadas, escuché una charla de una experta en el tema sobre el efecto de la corrupción. En un pizarrón blanco dibujó un punto negro y nos preguntó qué veíamos nosotros. Alguien dijo: un punto negro. No, contestó ella, es un pizarrón blanco. El punto negro tiende a ensuciar todo el pizarrón, y con la corrupción sucede lo mismo. Ha habido casos de corrupción en la política argentina que dan que pensar que el poder es un lugar perverso donde llegan los inescrupulosos y donde la gente se enriquece. Pero no es así. No necesariamente es así... Hay que devolverle credibilidad a la política.

-Además de algunos casos de corrupción que involucran al Gobierno, no puedo evitar recordar, al aludir a los políticos que se enriquecen, que los Kirchner incrementaron su patrimonio en un 160 por ciento desde 2003...

-Hay que ver cómo se incrementó. Lo que pasó, y en toda la Argentina, es que se incrementaron los alquileres desde 2003 hasta la fecha. Y los Kirchner son dueños de muchas propiedades que alquilan y sus ingresos crecieron sustancialmente, desarrollaron una serie de proyectos en El Calafate, que fue un lugar en el que los precios de las tierras también crecieron sideralmente (silencio)... Kirchner no necesita que yo lo defienda. En su momento me preocupé de ver este tema y todo tenía su explicación. Ahora, claro, si uno dice que los Kirchner incrementaron su patrimonio... ¿Cuántas veces me dijo?

-160 por ciento...

-Bueno, eso suena difícil de entender. Pero si uno ve cada caso y tiene en cuenta esta realidad, la historia es un poco distinta.

-Como sea, habla de un verdadero milagro en el manejo de los recursos... (risas). Su caso parece más discreto: este departamento no es muy grande...

-No es mío; lo alquilo.

-¿Y puede caminar tranquilamente por la calle sin que lo agredan? No sólo en Puerto Madero, digo...

-Voy a todos lados. Voy a la cancha, como siempre he ido, y ando por barrios. Y voy a comer al barrio. Nunca he tenido un problema con nadie, lo que no quiere decir que no me hayan reclamado cosas.

-¿Siente que su renuncia le cayó bien a la gente?

-En un país en el que todos se agarran al sillón, me reconocen el gesto de haberme ido y sienten que fue un gesto honesto proponerle cambios a Cristina. Siempre le dije a Kirchner: "Tenemos que terminar nuestra gestión y salir a caminar por la calle. Si la gente nos respeta, nuestra misión estará cumplida". Y mi misión la cumplí. Eso es lo que yo buscaba, y es el premio que quería tener.

© LA NACION

MANO A MANO

Ya imagino los comentarios de los lectores: "¿Pero cómo no le preguntó nada sobre el caso de la valija, las irregularidades de la campaña electoral (incluido el caso Forza), la distribución discrecional de la publicidad oficial y tantos etcéteras como escándalos ha habido en el kirchnerismo?". Error: fueron dos horas exactas de charla en las que hablamos de todo. El problema es que en esos temas Alberto Fernández se blinda y devuelve cada estocada con una defensa cerrada y efectiva de la postura oficial, hasta tal punto que no quedaba otra posibilidad que contestarle a cada rato: "No le creo". Sobre todo cuando intentó hacer quedar a Antonini como un facineroso sin vínculos con el Gobierno o cuando quiso desentenderse de las irregularidades en la campaña del kirchnerismo.

El ex jefe de Gabinete se mostró sólido ante los temas que defendió siempre (y con los argumentos de siempre). Pero añora a un Kirchner que quizá ya no existe: el que conoció allá por 1996 y al que ayudó a crecer hasta alcanzar la Presidencia.

Fue renuente a hablar de Julio De Vido, su mejor enemigo, y se notaba que, más allá de expresar sus diferencias, no quería quedar como un opositor al Gobierno.

Curiosamente, le costó encontrar las palabras justas cuando le pregunté sobre Hugo Chávez: "Es el presidente que eligieron los venezolanos y debe ser respetado".

Tampoco quiso hablar de su vida personal, aunque días atrás, en sus dos semanas de charlas universitarias en España e Inglaterra, se mostró junto a la diputada Vilma Ibarra.

EN CLAVE PERSONAL

Cambio. "Ahora vivo de mi consultora, donde tengo clientes, de la profesión de abogado y de algunas charlas por las que me han pagado. Me va mucho mejor que como ministro (se ríe)".

Influencias. "¿Por qué dejé la música y me dediqué a la política? Porque la política es lo que cambia la realidad. Durante mi juventud influyeron en mí Perón, por supuesto, pero siempre estuve contra la lucha armada porque influyó en mí el pacifismo de Joan Baez, de Bob Dylan. Y si Perón fue una referencia, el Che lo fue pero en conducta. Uno no es sólo resultado de una militancia, sino de una vida. Y en mi vida se mezcló la música, la poesía de Whitman, la de Miguel Cantilo y Blackbird, de los Beatles. ¿Por qué pesó más la política que la música? Tocaba en pubs, pero el punto de quiebre fue cuando me escuchaban (se ríe). Siempre tuve una fuerte vocación por la abogacía y por la política".

Amigos. "Litto Nebbia es un gran amigo. A Fito Páez lo conozco menos pero tengo una buena relación. También con Rodolfo García, de Almendra. Soy muy amigo de Claudio Gabis. No toqué con ninguno de ellos. Por eso triunfaron (se ríe). Pero sí toqué la guitarra en el último disco de Los Súper Ratones".

Cuerdas. "Tengo tres guitarras Gibson, que son las mejores del mundo. También un guitarrón Ovation, de 12 cuerdas. Me gusta mucho tocar la guitarra. Una de las Gibson que tengo era de Pappo. Un día vino a verme a mi oficina el hijo y me la regaló porque leyó que era un loco de las guitarras. Es con la que Pappo tocó Katmandú, en su último disco".

Libros. "Leo de todo. Me gusta mucho la poesía y estoy releyendo a Whitman. Muchos ensayos. Estoy leyendo el último libro de Lipovetsky, que es el mejor fotógrafo del posmodernismo".

TRES RAZONES PARA ESCUCHARLO

Un hombre clave

Decían que tenía el disco rígido del kirchnerismo. Y se lo llevó consigo. Conoce a los Kirchner como nadie, desde que ellos sólo eran conocidos en Santa Cruz. Fue operador y consejero. Y la cara racional del Gobierno.

Futuro con incógnitas

Su renuncia lo convirtió en un hombre al que miran de reojo en la Casa Rosada. Y ahora, en que se diferencia mucho más de los Kirchner, abrirá un debate de resultado incierto en el corazón del oficialismo.

Realineamiento

Afirma que será parte de la reconstrucción del PJ en la Capital Federal, aunque es resistido por varios dirigentes del distrito y, dicen, por el propio Kirchner. Detesta a Jorge Telerman, a quien muchos peronistas ven como la esperanza para 2009.

SUS MEMORIAS

-Está escribiendo un libro sobre sus días con los Kirchner. ¿Qué van a encontrar allí sus lectores? ¿Algo que les preocupe a Néstor y a Cristina?

-Cuento mi experiencia como jefe de Gabinete. Van a encontrar cómo funciona el poder. Me he propuesto escribirlo con total transparencia y sin retacear datos. Contaré cómo se hace un acuerdo político, cómo juegan los medios y buscaré también desmitificar eso de que el poder es un lugar perverso.

-¿Habló con Kirchner del libro? ¿El está preocupado?

-No tiene que estar preocupado. Si lo está, que se despreocupe. Si digo que ha sido el mejor presidente de la democracia y que ha sido un honor haber sido su jefe de Gabinete...

-A veces, la letra chica complica..

-Quiero dar testimonio. La letra chica es letra chica de un gran presidente.

-¿Será muy extenso?

-Todos los días agrego páginas (se ríe). Espero que salga a principios de 2009. Estoy tratando de no hacerlo tedioso. El secreto es que alguien llegue al final del libro. No que lo compre, sino que lo lea.

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