Entre los votos y el día después

En el fondo, la motivación central del adelantamiento de las elecciones legislativas es económica. Por Sergio Serrichio.
El margen con que el Senado aprobó ayer el adelantamiento electoral indica que las razones de la prisa oficial no son políticas. Es cierto que la medida estrechó los tiempos de la oposición y que votar antes permite achicar las pérdidas que los oficialismos, aquí y en cualquier parte, suelen afrontar en tiempos de crisis.

Pero, tratándose de una elección legislativa (aunque se la presente como "plebiscito" y test de "gobernabilidad"), el interés oficial debería ser preservar el mayor tiempo posible la mayoría que exhibió ayer, no ponerla en riesgo por anticipado, a sabiendas de que, en el mejor de los casos, la preservará menguada.

En rigor, lo que más apura a los Kirchner es la economía. El segundo trimestre es el período más favorable a la "caja" fiscal, pues junta el principal vencimiento de Ganancias y la liquidación de la cosecha gruesa, claves para evitar que se escape del todo el precio del dólar.

En el ínterin, la coparticipación parcial de las retenciones a la soja sirve al Gobierno para "comprar" la lealtad de gobernadores dubitativos y menguar las dificultades fiscales de las provincias que, gracias al adelantamiento, deberán pagar el aguinaldo después y no antes de las elecciones.

Mientras, el frenazo de la economía se profundizará e incidirá cada vez más en el empleo, efecto hasta ahora camuflado por medidas como recortes de horas extra y suspensiones rotativas. Según una encuesta de la Sociedad de Estudios Laborales (SEL) entre 156 empresas líderes, 14 por ciento ya echó personal, tres por ciento lo tiene en estudio y otro 12 por ciento inició planes de retiro voluntario.

Al adelantar las elecciones, el Gobierno renunció también a dar tiempo a los efectos benéficos de su "plan anticrisis" e incluso a esperar los resultados del blanqueo de capitales. Aun así, con la recaudación cayéndose a pedazos (lo denunció el propio recaudador bonaerense, Santiago Montoya), habrá que ver si los tiempos cierran.

Es que, aunque el Gobierno denuncie la "máquina de impedir" opositora, rural y mediática, en los últimos seis años no ha habido, salvo las "retenciones móviles" (que de haberse sancionado tendrían hoy al Gobierno en peores apuros fiscales) medida de la que el kirchnerismo haya sido obligado a desistir u obligado a tomar.

El 29 de junio, incluso si logra evitar una derrota, el Gobierno deberá hacer las cuentas sólo con la realidad. Será su hora más difícil.

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