Entre sorpresas y temores

Por: Ricardo Kirschbaum

La reacción empresaria por la estatización de tres compañías de Techint en Venezuela ha puesto al descubierto la preocupación, para unos, y la certeza, para otros, de que aquí pueden desencadenarse procesos similares. Este rechazo en cadena muestra, también, que los empresarios tienen ya la guardia alta en previsión de medidas similares que el Gobierno podría tomar aquí.

La Casa Rosada ha tomado nota de esta resistencia y por eso mandó al ministro De Vido, que tiene un muy estrecho contacto con el presidente venezolano y el establishment de ese país, a decir que Cristina defenderá los intereses de las compañías allí respetando la "voluntad soberana" del gobierno de Chávez. La declaración anuncia que gestionará el pago de las indemnizaciones, como ya ocurrió con otra empresa del grupo argentino, pero no opinará sobre el fondo de la cuestión.

Cristina ha dejado trascender su sorpresa por el gesto de Chávez, luego de que éste compartiera la intimidad de la familia Kirchner en El Calafate. En esos diálogos dicen que no aparecieron indicios del plan de estatizar. Si esto es verdad, se trataría de un acto muy poco amistoso del presidente venezolano. No sería una simple falta protocolar, sino del ocultamiento de decisiones serias que son la médula de una relación seria entre dos países. Cristina ha quedado ahora entre la ingenuidad y la complicidad, una situación incómoda que Chávez le debería haber evitado.

Los síntomas que los empresarios han recogido de la estrategia oficial han sido los que han provocado la reacción del viernes, que ya se venía incubando. Y esa preocupación se extiende al período poselectoral cuando advierte que la "profundización del modelo", que Cristina y Néstor han anunciado, se convierta en una radicalización en espejo de lo que está ocurriendo en Venezuela.

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