Entre Ríos: Con candidatos ruralistas, la oposición busca darle pelea al poderoso PJ

El gobernador K Urribarri y el disidente Jorge Busti, aliados para la campaña.
El taxista muestra la remozada costanera de Paraná. Se acomoda en su asiento y aclara la garganta como quien va a dar una clase de política. "Mire, mi trabajo bajó un 50% desde el año pasado, y las cosas aumentan. La gente acá está con bronca, bronca contenida. No quieren gastar porque no tienen, o porque se cuidan. Lo del campo fue tremendo. Y nuestro gobernador lo único que sabe hacer es mostrarse con Kirchner. Muchos vamos a votar en contra, acá...". Pero acto seguido aclara: "Aunque me parece que igual va a ganar el peronismo".

¿Contradicción? ¿Ambigüedad? Es que, a 34 días de las elecciones, en Entre Ríos --el sexto distrito electoral de los considerados "grandes"-- el resultado es una incógnita. Es una provincia eminentemente rural, que fue uno de los epicentros del conflicto con el campo el año pasado, y sería fácil pensar linealmente en un "castigo" en las urnas al kirchnerismo. Pero es también un distrito donde el PJ tiene aceitada su maquinaria de poder y ganó todas las elecciones desde 2003. El conflicto con el campo marcó la política de todos:

En el PJ, el gobernador Sergio Urribarri es un kirchnerista a ultranza, el único mandatario de todo el país que estuvo en el acto de lanzamiento de Néstor Kirchner en La Plata. Pero el hombre fuerte del peronismo provincial, Jorge Busti, busca mostrarse alejado del ex presidente (hasta se trepó a un acoplado para hablar en un corte de ruta frente al Túnel Subfluvial en plena crisis del campo), se acerca a Carlos Reutemann y Juan Schiaretti. Parecían peleados con su sucesor Urribarri, pero sellaron un acuerdo para estas elecciones.

"Es la unidad en la diversidad", definió Busti ante Clarín, y dejó otra frase para el Gobierno: "Los Kirchner deben aprender que se puede gobernar por consenso, aún con el Congreso en contra". Se muestra crítico, aunque esté aliado al gobernador K. Busti y Urribarri son de la misma ciudad, Concordia, a la que muchos llaman "la capital del PJ". Es una ciudad de casi 200.000 habitantes que se extiende en barriadas pobres, a la que los opositores prefieren llamar "la Matanza entrerriana" por la eterna preponderancia peronista.

La principal concentración opositora es el Acuerdo Cívico y Social (UCR, Coalición Cívica y otros), que lleva tres candidatos ruralistas en los primeros lugares: Atilio Benedetti, productor rural, es también un activo militante de la UCR y ex intendente de Larroque; Hilma Ré, propuesta por la CC, es la presidenta de la Sociedad Rural de Diamante; y Jorge Cheme preside la Federación de Asociaciones Ruralistas Entrerrianas. Toda una apuesta. Su sello, "anti K". Su estrategia, capitalizar la bronca social latente en las localidades productivas del interior.

En Victoria, en un local de la UCR adornado con guirnaldas de papel rojas y blancas, Benedetti estaba exultante. Unas 200 personas, la mayoría chacareros, se apiñaban en el lugar. "Hace dos años no juntábamos ocho personas. La gente vuelve, se ofrece, se viene el cambio", le dijo a Clarín.

El PJ, en cambio, armó una lista más política: la encabeza Raúl Barrandeguy, ex fiscal de Estado de Busti; y segunda va la esposa del ex gobernador, Cristina Cremer. Su mandato de actual diputada no vence, pero accedería a cuatro años más.

Claro que el poderoso tablero del PJ entrerriano tiene sus debilidades. El martes, Busti salió a reclamar públicamente "más compromiso en la campaña" a los funcionarios del gobierno provincial, porque "si no hay acompañamiento, es muy difícil". Un tiro por elevación a su socio Urribarri, quien rápidamente admitió que Busti tenía razón y decidió adelantar el pago del aguinaldo para diez días antes de las elecciones.

En Entre Ríos compiten, además, otros partidos: el socialismo, que se negó a integrar el Acuerdo Cívico; Unión-Pro; y dos desprendimientos del PJ, encabezados por los ex senadores Héctor Maya (se identifica con el disidente Felipe Solá) y Augusto Alasino.

Sin embargo, todavía no se siente clima fuerte de campaña: apenas unos afiches de Benedetti, y un par de pintadas con los nombres de candidatos del PJ. En el medio, cierta apatía de la gente que camina de acá para allá con parsimonia provinciana.

El peronismo, que mantiene activa su estructura de poder, tendió puentes con algunos productores, y muestra tranquilidad por el resultado. Los opositores, en cambio, creen que "el campo" les va a dar una lección. Una encuesta de Ibarómetro, hecha a principios de mes, dice que las preferencias están casi iguales entre oficialistas y opositores.

La incógnita sigue abierta.

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