Entre las quejas, la necesidad de participar y la impotencia

Juan Luis Véliz, candidato a senador por el Partido de los Trabajadores Socialistas. El dirigente critica a sindicalistas que apoyan a los partidos tradicionales y pide a los trabajadores que se involucren
OCUPACION: docente, profesor de Historia graduado en el Instituto Marchese.

HOBBY: jugar con su hijo.

EDAD: 35 años.

FAMILIA: tiene 10 hermanos, es soltero y tiene un hijo (Mariano, de cinco años).

El teléfono celular de Juan Luis Véliz suena y suena, pero nadie atiende. El buzón de voz automático es el corolario de un nuevo intento frustrado. Otro dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas sirve de nexo entre LA?GACETA?y el candidato a senador. La cita es a las 19.30 en la sede partidaria. La puerta de dos hojas de la vieja casona de General Paz 296 está abierta. Sólo un afiche proselitista pegado en la pared del zaguán advierte a los invitados que no habían equivocado la dirección. Tabiques esparcidos por el piso, paredes a medio pintar y mesones en lugar de escritorios dan la pauta de que se trata de un sitio en obra. En realidad, es el Partido de los Trabajadores Socialistas el que aún está en construcción.

Véliz saluda de manera cordial, aunque tímida. El mismo dirigente que hizo el contacto se mofa de su candidato y dice al periodista "ahí lo tenés". Véliz sonríe y del bolsillo de su pantalón saca el celular. "Y eso que el que tengo ahora anda bien", remata con un halo de culpa. ¿Quién es Juan Luis Véliz? La pregunta parece incomodar a este profesor de Historia de 35 años. Se muestra nervioso, su voz se entrecorta y sus manos van de un lado para otro al ensayar la primera respuesta. Después se soltará y, a lo largo de la charla, su discurso ya nunca se apartará de dos ejes: la lucha y los trabajadores. Dice ser un emergente de la crisis de 2001, recuerda sus primeros pasos en la política activa durante los 90 en contra de Antonio Bussi y hasta reniega de las penurias por las que debe pasar un docente. Precisamente, ese es otro elemento distintivo del que no se apartará nunca: la queja constante contra el sistema.

Sos renegón... , se lo acusa. Después de la risotada viene el silencio y, luego, la respuesta. "No, diría que, ante esta realidad, me rebelo. Si el país produce alimentos para 350 millones de personas no es posible que los niños se mueran de hambre. Esta situación es incomprensible. Sí puedo decir que me rebelo ante esa situación, que no la tolero", reflexiona. Véliz es uno de los fundadores del PTS en Tucumán. "Después de 2001 empecé a militar en la izquierda. Por esa época yo todavía cursaba Historia en el Instituto Marchese y el gobierno de Julio Miranda tenía la intención de arancelar las instituciones públicas terciarias, por eso me sumé a la lucha", dice. ¿Por qué, entre tantas opciones de izquierda ya establecidas se inclinó por una nueva? Ante la pregunta, Véliz ya no titubea. "Porque el partido había sido referente en la lucha de los trabajadores de Neuquén que recuperaron la fábrica Zanón", explica.

Reniega tanto que hasta cuestiona la burocracia. Incluso por los trámites impuestos para la inscripción de un partido. "Son trabas burocráticas que existen para que se puedan presentar siempre los mismos", critica. Y se explaya. "También sufro la burocracia sindical. Soy delegado de escuela y opositor en la UDT y el año pasado nuestra lista fue proscripta. Hoy queda claro el porqué, ya que (Carlos) Arnedo, el secretario general, puso a la UDT detrás de una de las variantes de los partidos patronales, como es el jurismo y los restos del bussismo", disparó. En el discurso de Véliz se mezcla lo gremial con lo político, quizá porque allí se encuentra la semilla que dio vida al PTS. "Nuestra razón de ser es acompañar la lucha de los trabajadores", plantea.?"Estuvimos junto a los compañeros de Papelera del Tucumán, los del Abasto. Incluso un compañero de esa lucha hoy es candidato a diputado con nosotros", añade. Consciente de sus limitaciones presupuestarias, el candidato no oculta su propósito. "Tenemos grandes objetivos. Queremos mostrar la realidad de los trabajadores, un Tucumán con un 40% de pobreza y un Tucumán que compite con Santiago del Estero para ver cuál tiene el salario más bajo", señala.

Alguien acerca un paquete de galletas dulces, otro de yerba, un mate y una bombilla. Pero Véliz no ceba, sigue consustanciado con su discurso. "Los trabajadores debemos participar y construir nuestra propia opción, que realmente nos defienda. Debemos construir un gran partido para que se termine eso de que siempre somos los que pagamos los platos rotos", añora.

Véliz habla como trabajador; y vive como uno. Y cuando se le pide que describa un día cualquiera en su vida se entiende por qué, muchas veces, su teléfono celular sólo suena y suena. Sale a las 7.30 de su casa de Banda del Río Salí para tomar el ómnibus hasta El Colmenar, Burruyacu o Ranchillos, las tres localidades en las que enseña, y a las 19.30 se da una vuelta por la sede partidaria. "Los grandes partidos no quieren hablar de eso. Ni Alperovich ni Jaldo discuten cuántos hospitales hacen faltan para atender a todos los chicos. Hay compañeros que trabajan doble turno. Yo trabajo mañana y tarde para poder mantener a mi hijo. Hacen una campaña a semejanza de sus intereses", se enoja. Luego respira y comienza a preparar el mate. ¿Dónde te encontrará el día después de las elecciones?, se le inquiere. "El 29 voy a estar en dos escuelas trabajando, una por la mañana y otra por la tarde; y seguramente al final de esa jornada estaré de nuevo charlando con mis compañeros, entre mates, para hacer una lectura del voto", vaticina.

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