Entre lo previsible y lo inexorable

La última semana de febrero termina de anticipar lo que serán los idus de marzo. Versiones catastróficas o demasiado optimistas deberán desconfiarse. Neuquén ha caído en recursos económicos de caja, pero mantiene sus recursos naturales a mano. La interna del MPN, una trama para pactar gobernabilidad.

La última semana de febrero servirá para medir el nivel de conflicto que habrá con los gremios estatales este año; para terminar de evaluar el sentido que le dará el gobierno provincial a este 2009 de exagerada crisis mundial; y para ratificar que las elecciones tendrán importancia porque diluirán la hegemonía oficialista nacional y acentuarán la presencia opositora, como prolegómeno inevitable de un nuevo fin de ciclo (y de década) en la Argentina.

El gobierno de Jorge Sapag comenzará a confirmar que el objetivo del diálogo y la tolerancia no es suficiente para resolver conflictos, pues tiene como techo la imposibilidad estatal de conformar su propia angurria por quedarse con la mayor parte de la torta de la renta provincial.

Se ha dicho hasta el cansancio que los recursos neuquinos han decrecido a niveles alarmantes. Es cierto esto, pero con un ingrediente relativo importante: los recursos naturales (al menos los renovables) siguen estando allí, algunos todavía sin explotar lo suficiente.

¿Qué quiere decir esto? Que hay una riqueza inexplorada todavía en Neuquén, y que esa es la razón por la que está prohibido ser pesimista. El pesimismo en medio de los recursos naturales es sinónimo de estupidez, de ineficacia.

Pero también es estupidez esgrimir la argumentación de que los recursos económicos explotados continúan siendo los mismos y suficientes. Error: han decrecido.

Bajó la recaudación provincial; bajó la coparticipación federal; y bajó el ingreso por regalías.

Se redujo también la contratación de mano de obra; la posibilidad de financiamiento; la actividad petrolera y por ende la de infinidad de pequeñas y medianas empresas de servicio; la confianza en la marcha de la economía; el poder adquisitivo.

También se redujo la confianza en la gestión de algunos funcionarios, que por reiteración de promesas que después no se cumplen, han perdido el crédito. Y esto apunta centralmente al primero de los problemas que comenzarán a eclosionar en la última semana de febrero: los conflictos sindicales en el Estado, o mejor dicho, en los servicios que presta el Estado, principalmente en Salud, y en Educación.

El lunes, por ejemplo, uno de los gremios –UPCN- que se ha cansado de las promesas del ministro negociador número uno, Jorge Tobares, movilizará porteros y administrativos del área educativa para que acompañen desde la calle otra negociación que se hará puertas adentro de la Casa de Gobierno. UPCN se mueve en concordancia con ATEN en estas movidas, mientras ATE se mantiene al margen y va por su propio camino.

El gremio docente, que sigue conduciendo cada vez con mayor prudencia Marcelo Guagliardo, volverá a chocar con un conflicto casi inexorable. Todo lo que se ha prometido en interminables reuniones se cumplirá, menos una mejora apreciable en los salarios. Guagliardo, Grisón y compañía saben que el paro es inevitable, y lo único que podrán hacer es tratar de que no se transforme en un conflicto salvaje como el que se protagonizó, con culpas de todas las partes, en 2007.

ATE, mientras tanto, se ha concentrado en el sector Salud, no sólo porque los problemas en los hospitales siguen sin solución, sino porque es allí donde mantiene la puja más dura con el gremio con el que compite, UPCN.

¿Hasta dónde llegarán los dirigentes sindicales en esta historia de enfrentamiento sindical que ha sido y es promovida desde el propio gobierno, sobre la base del desgastado pero vigente concepto de dividir para reinar? No se sabe, porque hay un entramado de intereses que superan todo, hasta las tácticas y estrategias más convenientes. Intereses que mezclan política, sindicalismo, poder y dinero, no siempre en ese orden.

El entramado golpea en estas horas sobre la interna del MPN, que se ha potenciado y llegado a la negociación por imperio del contexto: el partido provincial sabe, intuye, recuerda, que ante situaciones de crisis, la responsabilidad de gestión se acrecienta, y los resultados electorales premian o castigan con mayor enjundia.

Los tres mosqueteros de la concordia son los diputados nacionales. José Brillo, Alicia Comelli y Hugo Acuña. Su mensaje es de unidad y consenso, pero también de renovación que incluye prescindencia en los cargos de “los líderes”, atribuyendo esa categoría suprema a Jorge Sapag y Jorge Sobisch.

En el partido provincial hay muchas virtudes y defectos. La ingenuidad no forma parte de una larga enumeración que podría fácilmente hacerse de tales características. Por eso, cada vez que se habla de unidad, de desprendimientos, de ética y lealtades, conviene evaluar intereses, ganas de ascender, estrellatos y declinaciones.

Brillo quiere ser intendente de la capital neuquina, aunque no descarta competir por la gobernación. Ansía la unidad partidaria porque entiende que el MPN desunido puede perder las elecciones para concejales en la capital este año. Sus compañeros de ruta lo empujan para que él encabece la lista de unidad al Deliberante. Él duda: especula que termina el mandato en Diputados en diciembre, y que sólo le quedaría un año desde el llano para dedicarse a la política, la campaña, el convencimiento en distintos niveles.

¿Y la cumbre Sapag-Sobisch? Hugo Acuña ha hecho gestiones, trayendo y llevando consignas y hasta listas con nombres, para que tanto el uno como el otro tachen a quienes consideran indeseables.

Sapag quiere asegurar gobernabilidad en un año extremadamente difícil. Sobisch quiere cumplimiento de lo que afirma fueron compromisos asumidos antes de la asunción del nuevo gobierno. Dicen que Sapag no se desvive por conducir el partido, que por el contrario asegura que necesita concentrarse cien por ciento en la gestión, que pretende sea como mínimo, buena. Dicen también que Sobisch tampoco se desvive por volver a una presunta y renovada candidatura en 2011. Que quiere hacer política pero desde otro nivel. Que pretende moverse en el plano nacional, que ya conoció y que lo subyugó por el nivel de complejidad que presenta la política argentina de las ligas mayores.

Dicen también que será importante lo que diga o deje de decir en el discurso inaugural de sesiones de la Legislatura Jorge Sapag. Falta poco: la sesión del mensaje del Ejecutivo es el primer día de marzo. Hay cosas obvias que contendrá el mensaje: la alusión a la crisis internacional y su efecto en Argentina; la necesidad de defender los puestos de trabajo y por ende la actividad económica.

Pero se pondrá mucha atención a lo que diga sobre las obras públicas, en particular, las que se inaugurarán este año, como el acueducto del lago Mari Menuco, obra importante porque garantizará agua potable para el doble de la población que tiene actualmente Neuquén y Gran Neuquén. La atención sobre esos puntos es obvia: pueden ser los que reflejen un principio de armonía con “el lado bueno” de la gestión anterior. Los que siembren la posibilidad de un pacto de gobernabilidad garantizado por el MPN.

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