Entre presiones y lobbies, Lula se decidió por los cazas franceses

El presidente los prefiere, por encima de las opciones de Suecia y de EE.UU.
En el duelo entablado entre la Boeing de EE.UU. y la Dassault de Francia, para vender 36 cazas bombarderos a Brasil, quien gana es esta última compañía. El presidente Lula da Silva se apresta a dar la sentencia definitiva y todo indica que la opción será por los aviones Rafale-C, una máquina de Primer Mundo que en el futuro equipará a la Aeronáutica brasileña y otras fuerzas aéreas sudamericanas. Para el Palacio del Planalto (sede del gobierno) el Rafale se encaja exactamente en el proyecto de defensa, que fue diseñado por la secretaría de Asuntos Estratégicos y por el ministro Nelson Jobim. De acuerdo al diario Estado de Sao Paulo, el paquete comenzará con 36 unidades a ser fabricadas en Brasil con un proceso de transferencia de tecnología y de producción industrial; para extenderse luego a 120 unidades, lo que justifica la pesada inversión inicial. Las exigencias de Lula a su colega Nicolas Sarkozy fueron precisas e innegociables.

Además de transferir tecnología, los franceses aceptaron una reserva de mercado para Brasil en América del Sur y la "soberanía irrestricta" en el uso y comercialización de las aeronaves.

El jueves último, el canciller Celso Amorim confirmó en París que discutió el asunto en un almuerzo con Jean David Levitte, consejero diplomático del Palacio del Elíseo. El punto por discutir sería el precio. Según informaciones periodísticas brasileñas, el Rafale-C es más caro que sus competidores de la sueca Gripen NG y el norteamericano F-18 de la Boeing. Pero tiene a favor una cuestión geopolítica. La compañía francesa garantizó que dejará en manos brasileñas los futuros contratos de venta en América Latina. Esto parece haber sido determinante, a partir del veto que EE.UU. hizo recaer sobre la empresa Embraer al frustrar una venta de Super Tucanos a Venezuela porque las máquinas de encontenían "elementos sensibles" de la tecnología estadounidense.

Durante la última semana fue evidente un "desentendimiento" entre el gobierno de Lula y la Fuerza Aérea. Desde la comisión aeronáutica que estudiaba las tres ofertas se filtró a la prensa un informe que sería entregado al presidente brasileño esta semana. Según ese dossier, la FAB tendría preferencias por el caza sueco, dado que su precio resultaría muy inferior. Pero desde el Planalto vino la contraofensiva: el avión de la Gripen todavía es un prototipo y si bien puede ser más económico en un inicio, a la larga podría "resultar más caro", en palabras del propio canciller Amorim. Por si fuera poco, sus motores son fabricados por la General Motors, empresa norteamericana que puede prohibir la venta a países incluidos en la lista de "no amigos" de la Casa Blanca.

La operación por los 36 primeros cazas asciende a 6.000 millones de dólares; con semejante cifra en juego ninguno de los concurrentes mezquinó acciones a favor de sus respectivas ofertas.

El lobby de EE.UU. fue particularmente intenso y comprometió al presidente Barack Obama, quien consiguió que el Congreso liberara la cesión de tecnología a Brasil como condición para la realización del negocio. Pero hechos políticos posteriores, como la instalación de bases militares en Colombia y el episodio hondureño, reafirmaron la decisión de Brasilia de optar por el Rafale.

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