Entre Oscar Wilde y Bill Gates

Por: Osvaldo Pepe

El sarcasmo irreverente de Oscar Wilde dijo, entre tantas frases memorables, aquello de "no hay nada tan peligroso como ser demasiado moderno: estás propenso a quedarte anticuado rápidamente". Más acá en el tiempo, Bill Gates, el primer hombre que llegó a encabezar el lote de las mayores fortunas del planeta gracias al formidable poder de su mente, recomendó a los usuarios de sus creaciones no correr desesperados detrás de la última innovación de la tecnología, sino usar sólo aquella que les simplifica lo cotidiano.

Son consejos que calzan como un guante en la idisincracia argentina. No por nada somos el país en donde ya hay más celulares que habitantes, con más penetración proporcional incluso que en EE.UU. Es que acá los fetiches tecnológicos movilizan por igual a todas las clases sociales. Los sectores integrados -aquellos que disponen de contención familiar, educación y empleo- ven al celular como lo que es. Una herramienta maravillosa que simplifica la vida, provee comunicación al instante y hasta cierta seguridad a los padres con relación a la actividad de los hijos. Sin embargo, el boom del sector en la Argentina lo impulsaron años atrás los sectores de menores recursos, ya que allí el celular fue visualizado como un ícono de mejora del rango social.

Una encuesta nacional de Convergencia Research nos dice ahora que la mitad de las personas prefiere ahorrar en alimentos y viajes antes que en el uso del celular, el acceso a Internet y los servicios de cable (ver: El ajuste llega a viajes y comida antes que a la comunicación). Un consultor de mercado explica que estos son los "nuevos alimentos del alma". La desmesura, otra característica nativa, nos enseña que ya hay chicos de la primaria que van a la escuela con su celular. El día que los usen en sus salitas los párvulos del Jardín será hora de citar una vez más a Wilde y a Gates.

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