Entre la mano invisible y la mano que mueve todo

Por Hernán de Goñi

Cuando los empresarios expresan temor por la intervención del Estado en la actividad privada, ya no hacen alusión a las decisiones que un gobierno puede justificar dentro de su política, como el caso de la eliminación de las AFJP. Hablan de la Argentina, un país en donde el derecho de propiedad y los contratos son tan frágiles, que nadie se asusta cuando desde el propio aparato estatal se desconoce la vigencia de una ley, se rompe una concesión o se confiscan bonos o depósitos.

Las empresas saben que las oportunidades que pueden surgir en una economía en crecimiento, como pasó desde el 2003, pueden desaparecer de un plumazo cuando en defensa del interés público se toman decisiones que avasallan el derecho privado.

Los gobiernos justifican estas acciones en la necesidad de usar el ahorro presente para corregir desigualdades de corto plazo. Pero les cuesta hacerse cargo de los efectos que caen fuera de su mandato.

La preocupación que en el fondo transmiten los empresarios es discutir si lo que hoy parece una suma, en el futuro termina siendo una resta.

Entre la mano invisible del mercado y una mano demasiado larga del Estado, debe haber un punto de equilibrio. La confianza hay que ganarla, no imponerla.

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