Entre la ilusión K y el realismo del mercado

Por Hernán de Goñi

La foto que mostró Amado Boudou en el Congreso sobre cómo imagina la economía de 2010 no es mala. Aplica una proyección de crecimiento de 2,5%, casi en línea con lo que estiman las consultoras privadas; establece un sendero descendente del gasto público y recupera el superávit fiscal; habilita la negociación con los acreedores en default; anticipa la refinanciación de la deuda provincial, etc.

Todos objetivos razonables que hasta lucen alcanzables. Lo que más ruido produce esta imagen es que no empalma demasiado con la película del 2009.

Boudou planteó que estimó para este año una variación del PBI positiva de 0,5%, dato poco convalidado por el mercado. Y tampoco consigna que los recursos no alcanzarán para pagar los vencimientos de deuda, con lo cual su primer objetivo para el 2010 será remontar el rojo fiscal con el que llegará a diciembre.

Pero el ministro se guardó algunas cartas. Dos clásicos ajustadores del presupuesto, el dólar y la inflación, están claramente subvaluados. Eso significa que con una devaluación del peso en línea con un IPC menos simulado, conseguirá algo de aire en término de ingresos. El resto tendrá que resolverlo con más deuda, solución que lo obligará a transformar la ilusión presupuestaria en realismo de mercado.

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