Entre un formoseño rico y uno pobre hay una brecha del 365 por ciento

Hace tiempo atrás el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) dio a conocer un informe acerca de la Argentina. Como es sabido, el más notorio aporte actual de ese organismo a nuestro país se relaciona con su participación en la Mesa de Diálogo, creada con la colaboración de la Iglesia y del propio PNUD.
El presente gobierno mantuvo la vigencia de esa iniciativa con el mismo propósito originario: elaborar un programa de propuestas para encarar los graves problemas de este tiempo.

El informe indicado se vincula explícitamente con esa labor y pone de manifiesto, entre otros males, el penoso crecimiento de las desigualdades sociales y el consecuente incremento de la pobreza. Asimismo, subraya la necesidad de que se afronte con decisión la compleja crisis que nos agobia y enuncia ciertas líneas de acción conducentes a una superación de los problemas más agudos.

Para una interpretación adecuada de ese texto es menester recordar diversas definiciones orientadoras. El llamado índice de desarrollo humano (IDH) resulta del juego de tres variables: la esperanza de vida (longevidad), los niveles educacionales y el PBI per cápita.

Más tienen, más ganan

Las llamadas líneas de pobreza dependen de los ingresos por persona y por día, dato que fluctúa de acuerdo con los países. Para América latina se considera que 10 dólares diarios de ingresos establecen el límite mínimo para cubrir el consumo de bienes y servicios.

Dentro de este cuadro se perfilan las líneas nacionales de pobreza fundadas en la insuficiencia de recursos para satisfacer necesidades básicas de alimentos.

El informe muestra de manera objetiva las distancias entre los ingresos de las minorías ricas y las mayorías pobres, brecha cuyo ejemplo extremo entre nosotros se da en la provincia de Formosa, donde en el curso de los últimos trece años (1995-2008) esa desigualdad se amplió en un 365% y según indican, seguirán agrandándose hasta inclusive poder igualar al Paraguay, donde la brecha es de 557%.

Los efectos de tan abrumador desnivel se concretan en declinación de la salud, deserción escolar o analfabetismo, exclusión social, mayor riesgo de muerte para la mujer embarazada, desnutrición infantil y sus secuelas.

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