Entre la fiebre alfonsinista y la fiebre de la soja

Impresiona lo disímil de ambas biografías. José Cano y Juan Casañas pertenecen a la generación de quienes cursaron sus estudios universitarios cuando la democracia volvía a esperanzar -y a entusiasmar- al país tras la larga noche de la dictadura. Sin embargo, mientras el primero sintió el llamado de la política cuando la fiebre alfonsinista lo cubría todo, al segundo el fenómeno le pasó inadvertido y pasó a engrosar esa mayoría silenciosa -tan fatídicamente argentina- que prefiere el más cómodo "no te metás".
El peligro que, según afirma Casañas, vio que corría la propiedad privada durante el corralito financiero (2001) y, más cerca, el año pasado, como consecuencia del cuco de la Resolución Nº 125, lo movilizó hacia la cosa pública. En tiempos caracterizados por la despolitización, él, que algo conoce del desinterés ciudadano, llama a la politización y a la ideologización, aunque no queda claro cuáles son los puntos cardinales de la suya.

Esta fórmula tucumana, que es una réplica de las que se dan en otras provincias, expresa el intento de partidos centenarios -como el radicalismo- por reciclarse y aglutinar tanto a los ex caceroleros descontentos de la política, como a los chacareros que acaban de descubrirla y que no saben cómo canalizar su ira antikirchnerista. Lo que no se sabe aún es si este ensayo transaccional servirá para mitigar -en algo- la hegemonía alperovichista.

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