Entre cambios políticos, “zona liberada” y el clamor por seguridad

A un año de las elecciones, que consagraron a Pablo Bruera como el intendente de La Plata, pocas cosas han cambiado en la ciudad. Hubo reacomodamientos políticos, eso es cierto, pero los problemas de siempre afloran en cada esquina.
¿Qué ha mutado en la política? El alakismo ya parece un recuerdo o un término en desuso, con casi nula presencia en todos los ámbitos de decisión de la ciudad. Y el bruerismo dejó de ser una co-rriente vecinalista y heterogénea, para transformarse en una indes-cifrable vertiente kirchnerista. O para decirlo sin eufemismos, en una verdadera caja de Pandora del peronismo K.

Entre promesas cumplidas (pocas) e incumplidas (muchas) discurre la gestión, mientras la discusión política-partidaria sigue ganando prácticamente todos los espacios, en días de efervescencia y realineamientos.

Prueba cabal de la implosión del alakismo es la inminente salida de José Ramón Arteaga, titular de la bloque del FpV del Concejo Deliberante, para asumir en un importante cargo en el ministerio de Desarrollo Humano de la Nación con la anuencia de Carlos Castagneto. Ya se fueron de las huestes del ex intendente, el concejal Alberto Maya y recientemente Pocho Prandini.

De confirmarse la renuncia de Arteaga, ingresará al recinto Daniel Vázquez, un hombre de Guido Carlotto, quien ya cerró un acuerdo con el bruerismo de cara a la interna del PJ. De este modo, el oficialismo tiene una nueva posibilidad de sumar aliados en el Concejo.

No es un dato menor la posible salida de Arteaga, tras la de Prandini. El espacio del PJ opositor, no bruerista, hoy parece reducido a sólo dos hombres: Gonzalo Atanasof y Oscar Vaudagna.

El primero cumple con una intensa agenda de recorrida y posicionamiento por los diferentes barrios de la ciudad. En diálogo con Eduardo Duhalde y el Movimiento Productivo Argentino (MPA), cuenta con un importante armazón para transformarse en una de las alternativas al bruerismo.

De hecho, la actividad política de la semana fue el acto que Duhalde encabezó en La Plata. Varias cosas para decir: el ex presidente quedó rodeado por sus cuatro custodios de la Policía Federal, en un pequeño cuarto sólo separado por una puerta vaivén de los descontrolados activistas que irrumpieron en el Jockey Club para agredirlo. Lo acusan de ser el responsable de las muertes de Kosteki y Santillán. Camuflados de estudiantes, unos 50 adolescentes enardecidos irrumpieron en el salón. No había policías de la Bonaerense. Ni siquiera un patru-llaje preventivo. Este no es un dato menor: la gente que rodea a Duhalde cree que se “liberó la zona” para embarrar la movida política.

De hecho, uno de los principales laderos del ex presidente se comunicó telefónicamente, durante el momento más álgido de los disturbios, con el ministro Stornelli (estaba en Colombia) y el propio gobernador Scioli para clamar por efectivos. Ya durante la noche, concluido el acto, se produjo un fuerte cruce verbal entre uno de los organizadores y Gabriel Bruera, hermano del intendente.

Recuerde: el padre de Gonzalo, Alfredo Atanasof, hace pocos días dejó el gobierno bonaerense y se transformó en el jefe de campaña de Francisco de Narváez, quien posiblemente encabece la lista de diputados nacionales por Buenos Aires en representación de este espacio del PJ disidente.

De Narváez no estuvo en La Plata. Se excusó por la presencia de un respetado dirigente que siempre acompañó a Duhalde, y con quien tendría algunas diferencias. Por estos días, Felipe Solá no parece encajar en este lugar. Aunque en política, nunca se puede descartar nada.

El paper de una encuesta que le llegó al despacho de Raúl Pérez, ti-

tular del bloque de diputados del FpV, alarmó a más de uno. Es sobre un trabajo de campo en Berazategui, donde la intención de voto de Néstor K arañaba los 30 puntos. Hoy Bruera es sinónimo de Kirchner en la ciudad de las diagonales.

El ex candidato a intendente Oscar Vaudagna está decidido a darle la pelea al oficialismo en la interna del PJ. Antes del cierre de listas del martes, el espacio de Vaudagna objetó varias cuestiones. Una está relacionada con la transparencia del padrón, integrado (supuestamente) por 80 mil personas. También, en las últimas horas, cuestionó nuevamente la presencia de Alberto Pérez, jefe de Gabinete de Scioli, como consejero en la lista oficial. Recordó que el porteñísimo de Pérez fue diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires hasta diciembre último y que “no puede integrar la lista platense porque no cuenta con seis meses como afiliado”.

La preocupación central en la ciudad sigue siendo la inseguridad. Oscar Negrelli, titular de la Coalición Cívica en el Concejo, pataleó con razón por la negativa del oficialismo a declarar de Interés Municipal la marcha convocada por organizaciones intermedias para mañana. Se esperan alrededor de 10 mil personas.

Más allá de algunos anuncios oportunos, con olor a maquillaje, el bruerismo poco y nada ha hecho para colaborar con los vecinos en este clamor popular que no identifica banderías políticas. Es cierto que no es responsabilidad de Bruera la impactante ola de delitos que empapa a la capital bonaerense. También lo es que su política en la materia es casi nula.

Durante la semana que pasó, algún dirigente especuló con la llegada de Julio Cobos a La Plata. El vicepresidente realizó un acto en San Pedro, donde firmó el certificado de defunción de la ya difunta Concertación Plural. Y le dio vigor a su nuevo partido (ConFe), que todavía cuenta con escuálido anclaje en nuestra ciudad.

A un año de las urnas de 2007, la geografía política de la capital bonaerense se ha trastocado, pero los problemas siguen siendo prácticamente los mismos. Prueba cabal de que los hombres cambian, pero las políticas subsisten.

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