Entre buenas y malas palabras.

Por: Ricardo Roa.

Hay palabras y palabras. Se puede decir poco y nada en más de 12 horas de discurso. Mucho en apenas tres frases. Hablarle al país sin sacarse de encima el tremendo lastre que uno mismo se creó. Y autogenerarse un embrollo sólo por no admitir lo que se hizo. Por orden de aparición: la ministra de Salud del Chaco, Carlos Reutemann, el presidente de Paraguay y la diputada Patricia Bullrich.

El soliloquio de más de 12 horas de la esposa de Capitanich le ganó a los de Fidel de sus mejores años. Y aportó nada, salvo una conclusión que no quedará entre los hitos de la epidemiología: la culpa del dengue la tiene el mosquito. Aunque quizá favorezca la salida que su marido no encuentra: ahora piden para ella juicio político (ver: Chaco: quieren hacerle juicio político a la ministra de Salud).

Reutemann apenas se corrió de su parquedad permanente. Lo suficiente como para decir que su eventual victoria en Santa Fe no será de Kirchner sino de él. Que quiere estar en la "pole position" para el 2011 y que Reutemann (usó la tercera persona para hablar de sí mismo) es mejor candidato que Macri y que Kirchner (ver: Reutemann avanza y dice que es mejor que Macri y que Kirchner).

El prolífico Fernando Lugo pretendió explicar tácitamente la cantidad de hijos que tuvo y que no reconoció: fue sólo "multiplicación de afecto" (ver: Lugo pidió perdón por ocultar su paternidad y dijo que no renuncia). Todo el mundo entendió de qué afectos hablaba aunque él no lo dijo. También confesó que es "imperfecto". Y qué duda cabe que ahí sí tiene mucha razón.

Bullrich no pasó un control de alcoholemia y le secuestraron el auto. Según ella no había tomado "prácticamente nada" porque el vino era malo. Pero bastó para ser sancionada. Encima armó un batifondo que la embarró más.

Hay palabras y palabras. Algunas parecidas a las que pronunció el capitán Ahumada para justificar la debacle de River: la culpa la tuvo el árbitro.

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