Ota entra.

SAN MARTIN (T) 0 - VELEZ 0: Vélez lo tuvo hasta en la última jugada con Otamendi rompiendo el travesaño. Igual, el punto le sentó bien.
Cuando la Anguila Gutiérrez levantó sus brazos como un arquero de handball y se le fue al humo a Otamendi, el hueco se vio clarito. Lo vio también el impecable defensor de Vélez que jamás cerró los ojos mientras clavaba su cabezazo y empezaba a contar los billetes. De nuevo todos hablarían de él, del pibe con aplomo de experimentado, casi sin pecados de juventud, que por donde pasa crece el césped y sobre él muchas ilusiones. El chico de la Selección local que no demorará mucho en serlo de la otra, de la de los de afuera, aun sin tener todavía las valijas armadas para triunfar en el fútbol europeo. La pelota viajaba como marcha Vélez en la punta: imperturbable. Ya el arquero se lo había ahogado a Cristaldo segundos antes y en la otra jugada era... Era el triunfo, era el de Otamendi, el héroe, pero... No va ella y pega en el travesaño. Caprichosa -vaya un copyright a Quique Wolff- la pelota rebotó en ese inoportuno travesaño y ya no hubo tercera jugada, porque salió para afuera mientras Pezzotta decidía que no había nada más por ver y que el partido se había terminado con Otamendi de protagonista de la última escena. Sin el final feliz que quizás había imaginado en esas fracciones de segundo entre el cabezazo y el palo. La realidad es inmodificable tanto como el reconocimiento que, igualmente, se merece este tremendo jugador. Y aquello de que la pelota marchaba imperturbable como Vélez en la punta sirve, al cabo, como metáfora de lo que le pasó al equipo de Gareca y lo que le puede pasar en cualquier momento. Algo es imperturbable hasta que es perturbado: un tiro en el travesaño, un rival más duro de la cuenta, o desperdiciar ocasiones para despachar a ese rival. Las circunstancias jugaron a su favor: las derrotas de Colón y Lanús le permitieron estirar su ventaja y hacer de este empate un punto ganado. Otra hubiese sido la historia si los resultados de sus escoltas eran positivos... Tal vez Vélez estaría lamentando la pérdida de dos puntos. Pero esa, como el cabezazo en el travesaño de Otamendi, es otra realidad inmodificable. Claro, a diferencia de la anterior, es disfrutable.

Si hasta San Martín, en cierto modo, se quedó satisfecho. Por más que el speech diga que de local hay que hacerse fuerte y que para zafar de abajo hay que ganar, este punto contra el primero se convierte en puntazo porque gracias a la derrota de Gimnasia sacó a los tucumanos del descenso directo.

Posiblemente al único que las circunstancias no le terminaron de jugar a favor fue a Otamendi, quien debió conformarse con una soberbia actuación, siendo absolutamente impasable. El gol, otra vez será...

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