La entente K

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Entre elogios mutuos, en el Día del Camionero, Hugo Moyano, Néstor y Cristina Kirchner ratificaron su alianza con críticas al campo y a los medios. El líder de la CGT le pidió al pingüino que retome "pronto" la conducción del PJ
Los pronósticos lo habían anunciado y se cumplieron. El acto por el Día del Camionero, realizado en el estadio de Vélez, se convirtió en una nueva demostración de fuerza de Hugo Moyano. También sirvió de plataforma perfecta para que el secretario general de la CGT y el matrimonio Kirchner ratificaran su alianza y tensaran el escenario de confrontación que existe en el país.

Con el ex presidente y ahora diputado Néstor Kirchner en primera fila, la presidenta Cristina Kirchner le agradeció a Moyano haber "recuperado la raíz sindical de la Argentina" y celebró la existencia de sindicatos fuertes. El camionero destacó el "coraje" de la Presidenta y ratificó el alineamiento de su gremio con la Casa Rosada.

Entre elogios de una parte hacia la otra y apelaciones indirectas a sus adversarios, el

camionero y la jefa de Estado siguieron con

el show.

En una clara demostración de fuerza, Moyano chicaneó a sus pares de la CTA, que aún no consigue su personería jurídica. El camionero, con un alto grado de ironía, hizo callar a un grupo de manifestantes que no paraban de agitar el bombo mientras daba su discurso: "A ustedes seguro que no los trajo la contra porque yo no tengo contra", expresó.

A todo esto, el sindicalista aliado al matrimonio presidencial defendió el sistema de obras sociales vigentes en medio de la polémica por la vinculación entre prestadoras de servicios de salud y la mafia de los medicamentos que investiga el juez Oyarbide. Moyano aseguró que quienes critican el manejo de esas entidades por parte de los sindicatos son "opinólogos que no conocen la realidad".

Antes de terminar, aunque sin nombrarlo, el líder de la CGT apuntó contra al presidente de la Sociedad Rural, Hugo Luis Biolcati, que la semana pasada, en el acto del campo en El Rosedal, había abogado por "descabezar la Gobernación" de la provincia de Buenos Aires.

"Aunque algún lenguaraz con actitudes de gaucho pendenciero se crea que nos va a correr con la parada (sic), usted sabe, señora Presidenta, que no es así. Vamos a defender las instituciones democráticas. Frente a estos seres que amagan y amenazan, quédense tranquilos, que a un gobierno peronista no se lo arrea con un pañuelo ni se lo corre con la parada porque es el pueblo en su conjunto",

vociferó entre los aplausos y el estruendo de los bombos.

Según Moyano, el acto convocó a 80.000 camioneros (70.000 dentro el estadio, 10.000 afuera). Finalmente, otro de los puntos que resaltó fue su pertenencia al justicialismo y su militancia como actual vicepresidente segundo. A Kirchner le pidió que asuma "pronto" como presidente del PJ.

El turno de Cristina

La mandataria inició su discurso con una alusión indirecta al acto del agro en Palermo. "Si todos los actos políticos, sindicales o de cualquier otra índole que se celebraran fueran para hablar más de media hora de los logros y las cosas hechas en vez de hablar de los demás, cuánto más habría crecido la Argentina", planteó con ironía.

"Estoy orgullosa de estar aquí. De ser parte de ese movimiento político con el que muchos se identifican", dijo luego en una fuerte señal de apoyo al sindicalismo tradicional. "Siento el orgullo de la pertenencia y de identidad", agregó.

Cristina sostuvo que en la actualidad, luego de décadas de "procesos que atentaron contra el trabajo decente y contra los procesos de industrialización", el país puede volver a hacer un acto así "porque el trabajo ha vuelto a la Argentina y ha vuelto a partir de un proyecto político que crea necesidad de un mercado interno potente y fuerte, de trabajo con salarios dignos", agregó.

Fue en este punto que felicitó a Moyano por haber "recuperado la raíz sindical" en la Argentina. Calificó además al gremialismo nacional como "el movimiento sindical más importante de toda América Latina".

Además, volvió a aludir a "intereses minoritarios" que, afirmó, buscan "perjudicar" a los trabajadores. "Todos sabemos, y tal vez esta Presidenta lo sepa mejor que nadie, que muchas veces hay intereses minoritarios pero poderosos que intentan frustrar los procesos democráticos de transformación social y crecimiento económico, intereses de que no haya sindicatos que defiendan los derechos de los trabajadores", lanzó.

Además de Cristina y Néstor Kirchner, participaron de la concentración en Vélez el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, su vice Alberto Balestrini, y los ministros de Trabajo, Carlos Tomada, y de Planificación, Julio de Vido, entre intendentes del Conurbano y otros.

Un acto "no representativo"

El acto de ayer no fue representativo del conjunto del movimiento obrero, sino tan sólo de un sindicato cuyo jefe es, circunstancialmente, el secretario general de la CGT.

Un líder del movimiento obrero no estaría apoyando a un gobierno que utilizará más de seis mil millones de dólares de las reservas del Banco Central para pagar deuda externa a costa del hambre de gran parte del pueblo: el 40% de los compatriotas se encuentra en situación de pobreza.

Un dirigente obrero tampoco puede avalar que haya cientos de miles de desocupados que tengan que salir a la calle a reclamar una dádiva del Estado para poder subsistir. Nada justifica que haya una dirigencia sindical sumisa, en un país con alarmantes índices de indigencia y marginalidad.

La matriz de la dirigencia obrera son los talleres, las fábricas, donde surgen los delegados que comienzan peleando para que dentro de su ámbito sus compañeros puedan trabajar con salarios dignos y en condiciones saludables. Pero eso se rompe cuando desaparecen las pymes y las industrias nacionales, llegando a una situación como la actual en la que la mitad de los trabajadores son cuentapropistas.

En ese contexto, una mención aparte merecen las obras sociales, que cumplen un rol más que importante. Ante una crisis como la que se está viviendo en el país, el Estado tiene la obligación de

asistir a las obras sociales, pero ello se debe instrumentar con la más absoluta transparencia, sin privilegios, evitando que los dirigentes amigos del poder sean los más favorecidos.

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