Ensalada criolla

El punto ciego de la discusión sobre la nueva ley. Los cálculos en Diputados y Senadores. La ley de cheque, un debate interno que se viene. Don Thomas Griesa y una sorpresa que no debió serlo. Celos en Palacio, la hora de los lindos. Y apuntes sobre atavismos, falta de voceros y otras recurrencias. Por Mario Wainfeld
La recesión impera en España y Estados Unidos. Son mayoría los países que devalúan sus monedas, mientras el dólar trepa. Los catecismos económicos se ponen en suspenso y cunden las nacionalizaciones, estatizaciones o socializaciones.

¿Nacionalizaciones, estatizaciones, socializaciones? No se ponga puntilloso, lector, porque las categorías conceptuales preexistentes se quedan cortas o no encajan en el nuevo escenario. Miles de millones o billones de dólares, euros o yens van y vienen con la velocidad y (da la impresión) con la direccionalidad de un trompo. Los precios de las materias primas bajan y no está dado que hayan encontrado su piso.

Los volúmenes del comercio también se deprimen. Las casas matrices de las multinacionales repatrian ganancias o existencias de filiales sitas en otras comarcas. La urgencia por la liquidez y la sequía en el centro del mundo actúan como fuerza centrípeta.

En ese contexto de restricciones y achicamiento –que no causó pero del que no puede eximirse– el gobierno argentino obra en línea con lo que sugiere el tablero. Reforzar la ecuación fiscal es un imperativo para todos los gobiernos del orbe que trastruecan sus dogmas de la noche a la mañana. Más keynesiano e intervencionista que la media, el kirchnerismo juega el juego que más le gusta. Está por verse qué tal se desempeña. Lo intenta a su modo: con buen sesgo ideológico, afectado por su connatural improvisación y con poca cobertura discursiva.

La discusión pública tiene un lado ciego: el oficialismo niega el costado fiscal de la reestatización de la AFJP que es determinante y (al ver del cronista) razonable. La oposición lo demoniza e inquiere: “¿por qué ahora?, ¿por qué la urgencia?”. Interrogantes que suenan a sofismas ante la chocante realidad de la crisis económico-financiera más grande en más de medio siglo.

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Recuento con memoria: El espectro de la Resolución 125 incide en las lecturas de todos los protagonistas. ¿En sus conductas? Alfredo De Angeli, opositor todo terreno, reaparece en defensa de las aseguradoras pero ya no conmueve multitudes.

En las bancadas del Frente para la Victoria (FPV) se trabaja contra reloj, con el infausto precedente entre ceja y ceja. “Estamos haciendo mejor las cosas –más se autocritica que se ufana una espada kirchnerista en Diputados–, vamos a abrir el proyecto de ley. Boudou ya emitió señales, para que nadie hable de grietas entre el Ejecutivo y el bloque.” Todo indica que el FPV admitirá reclamos de la oposición convencida de la bondad de la reforma: el menú de inversiones permitidas, que sólo constaba en el reglamento de la Anses, seguramente se incorporará a la ley, en el proyecto de mayoría. No es la sanateada intangibilidad (una quimera) pero sí una restricción sensata a la discrecionalidad de los funcionarios.

También se reforzarán los mecanismos de control, exigidos por la oposición. Con esas correcciones (“que mejoran la propuesta”, tabula el interlocutor de PáginaI12) el oficialismo supone que congregará el apoyo del bloque SI que preside Eduardo Macaluse (que concede la batuta temática a María América González) y el monobloque de Claudio Lozano. Si así fuera, el porotómetro del FPV podría raspar los 150 votos, una mayoría sugestiva. Ese conteo da por perdidos al socialismo y al radicalismo, y al díscolo Felipe Solá. Y especula con que el Movimiento Popular Neuquino, los peronistas de Santa Fe y Miguel Bonasso avalarán la iniciativa.

En el Senado, la experiencia duele, todo es más difícil, aunque los operadores oficialistas creen que una amplia aprobación en Diputados alisará el camino. Además, no detectan en su bancada la intransigencia que existió respecto de las retenciones móviles. Los senadores santafesinos, Carlos Reutemann y Roxana Latorre, no repetirían su voto negativo. Tampoco el cordobés Roberto Urquía ni el pampeano Rubén Marín. Los porotos de soja tiraban más que una yunta de bueyes; desaparecido ese afrodisíaco, las tratativas se tornan más sofisticadas, menos binarias.

Lole aspira a ser reelecto senador el año próximo, Kirchner lo apoyará porque (según los estadígrafos del Gobierno) la imagen del ex gobernador va in crescendo. A ninguno de los dos le conviene un hostigamiento mutuo constante, de cara a una ardua contienda contra el socialismo de Hermes Binner. Claro que el pacto a futuro tiene un implícito que es la preeminencia de Reutemann en campaña, un sino novedoso con el que Kirchner deberá amañarse en tiempos en que su imagen positiva es menor que la de sus eventuales cabezas de lista.

En el bloque del FPV hasta se fantasea con contar con algún radical K. El rionegrino Pablo Verani es un hueso duro de roer (que incordia por partida doble a su comprovinciano Miguel Pichetto) pero quizás el santiagueño Emilio Rached tenga esta vez mejor onda.

Los dos senadores del ARI fueguino discurren en las mesas de arena del Congreso, “juegan” más en función de los intereses de su provincia que por alineamientos partidarios, puede esperarse que se inclinen por el voto positivo.

La 125 infla el pesimismo de la razón pero el optimismo de la voluntad interpreta que “la gente” no está de punta con la estatización y que se están dando los pasos adecuados. También se avizoran debates posteriores (aun) más trabados, porque nada llega gratis en esta vida, menos en tiempo de pleamar. “El Presupuesto lo sacamos”, profetiza un abanderado del kirchnerismo, “pero cuando lleguen la ley de cheque y la de Emergencia...”. Menea la cabeza, intuye ariscos a los compañeros. Habrá que hacerse cargo entonces de la demanda de cambios en el esquema de coparticipación, un ancestral reclamo de los gobernadores reavivado ante tempus en la presidencia de Cristina Kirchner. El pronóstico no es pesimista sino producto de un lúcido costumbrismo. Alguna vez habrá que retocarlo, asumen baqueanos del Congreso y de los laberintos del PJ. Está por verse qué piensan en Olivos. Tal vez sea la ocasión para que Kirchner (aventura alguien que lo conoce bien) congregue a todos los gobernadores y les pida que remen juntos en medio de la crisis. O que les reconozca parte de razón y un cambio en las reglas de juego, se ensimisma. Si no hay concesiones, vaticina, minga de ley del cheque y de prórroga de la emergencia.

El tiempo dirá. Falta un montón hasta que se conozca ese veredicto. Primero habrá que aprobar la ley de réquiem a las AFJP, pasar de pantalla.

La contienda se disputa también en otros terrenos, menos transparentes. El poder económico, aunque no esté de moda comentarlo en estos pagos, es arisco a la luz: propende a la opacidad, al pressing, al lobby y (si viene al caso) al uso de la fuerza.

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Verde que te quiero verde: Los vaivenes de la cotización del dólar, el embargo del juez Thomas Griesa y el asedio de los lobbies fueron los datos económicos más salientes de una semana fragorosa, que tal vez sea superada por la próxima.

El Banco Central modificó su táctica gradualista, muy criticada en otras oficinas de gobierno, empezando por Economía, llegando hasta el lacónico ministro Carlos Fernández. Al fin, optó por dejar subir la divisa para luego moderarla con una intervención ostentosa. Las acciones de Hernán Martín Pérez Redrado no cotizan muy alto para varios de sus compañeros de gestión. Se le atribuye vedettismo, se pone en duda su fidelidad (evocando su frondoso curriculum vitae), se lo acusa de cortarse solo, sin socializar información. “Dejamos ir dólares muy baratos”, rezongan varios economistas K, bien ranqueados, aludiendo a las reservas que se fueron goteando pari passu con el aumento homeopático, día a día del dólar. La cautela, rezongan, funcionó como un aliciente (y un seguro) para los inversores.

La medida cautelar dispuesta por Griesa es un disparate porque inmoviliza fondos que siguen siendo privados. El dictado de la ley es, de momento, una virtualidad que no se puede tener por concretada. De todos modos, es sabido que ni la Justicia norteamericana ni los fondos buitres se andan con chiquitas ni se apegan a legalismos cuando de meter mano en el Tercer Mundo se trata. La decisión es tosca pero no era imprevisible. El Gobierno tardó en obligar a las AFJP a repatriar los fondos, una más entre sus imprevisiones. Las cantidades embargadas no son siderales pero tampoco nimias. El daño da cuenta del desaliño y de la escasa consulta que rodearon a una medida fundamental.

Con menos bulla, tras los muros, comienza el asedio a la Anses por el destino de los recursos que le llegarán, si se plasma la restauración plena del sistema de reparto. La Anses y el Banco Nación manejarán buena parte del crédito, lo que alienta un doble juego empresarial. Por un lado, proliferan las críticas (la AEA y la UIA clamaron al cielo) y los bretes al proyecto. Por otro se presiona para tener un mejor lugar si la oposición fracasa. Las reprimendas se formulan en grupo, la cola de las peticiones se hace de modo más recoleto. Las cámaras empresarias vinculadas a la construcción y a la venta de electrodomésticos, entre otras, jugaron sus fichas en esos dos tableros. Una mirada atenta sobre sus movimientos debería registrar esa, solo aparente, dualidad.

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La hora de los lindos: “¿Por qué Cristina recibe sólo a los lindos?”, se quejan en coro inconsciente (y en pertinaz off the record) diputados, senadores, funcionarios y economistas, todos fuerza propia o afín del oficialismo. No es cuestión de celos o, al menos, no de celos personales. El reproche es político y se propaga en Palacio y zonas de influencia. Cuatro jóvenes con estética y antecedentes de centroderecha (Sergio Massa, Amado Boudou, Redrado y Sergio Chodos) alcanzan protagonismo y escucha en el primer nivel. El estilo radial de la Presidenta acentúa la centralidad de los favoritos y desalienta a otros protagonistas, que se perciben alienados de la esfera de decisiones.

A los peronistas les cuesta internalizar que los cuatro funcionarios citados, cuyo perfil ideológico es conspicuo, sean el sostén cotidiano de una propuesta progresista. Como fuera, éste es su cuarto de hora, que no tiene por qué cesar de improviso.

El jefe de Gabinete también está anotado para otras ligas, puede encarnar el plan B para encabezar la lista de candidatos a diputados nacionales en la provincia de Buenos Aires en 2009. Eso suponiendo que Néstor Kirchner fuera el Plan “A”, supeditado a ver cómo dan las encuestas. Según sondeos que circulan generosos en el primer piso de la Casa de Gobierno, la intención de voto para Massa supera a la del ex presidente y jaquea a las de Daniel Scioli y Felipe Solá, de momento más elevadas. Desde luego, eso no se comenta en voz alta porque “a la gente no le gusta...”, pero vaya si se mide.

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Baqueteados: “El Gobierno debería informar cómo va a manejar la deuda en 2009”, estiman varios de sus integrantes. Camuflar el costado fiscal de la reforma jubilatoria es una elusión poco lógica, máxime en un trance de convulsión mundial. La falta de palabra del Gobierno en materia económica lo limita en el ágora. Ninguna contienda le es fácil, aunque ahora no está en el peor de los mundos posibles. Sus adversarios no las tienen todas consigo: la reputación de las AFJP es pésima. Desfondaron las arcas fiscales, desfinanciaron a la Anses y a todo el erario, sus comisiones eran inversamente proporcionales a su eficiencia. El oficialismo no tiene enfrente “al campo” pero no toma toda la ventaja que podría, recayendo en atavismos que no termina de elaborar.

Con la mirada fija en la denostada “caja”, el oficialismo retocó las tarifas de servicios públicos, más vale tarde que nunca. También recibió de afuera una buena nueva, la apreciación del real. Un hecho que alerta sobre la volatilidad de variables económicas esenciales que no se manejan desde acá y que no pueden suponerse definitivas en plena inestabilidad.

Se avecina una semana en la que sobrarán temas de tapa en los diarios. Barack Obama capturará la atención del mundo, su victoria sería un hálito de cambio; su derrota, una algarada reaccionaria. En este sur se cumplirá la institucional rutina del debate y la votación parlamentaria. Los grupos de poder, que no votan, quizá parafraseen a Clausewitz y sigan haciendo política por otros medios, entre ellos los medios.

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