Enríquez-Ominami, la gran amenaza para la Concertación

El ascenso del candidato independiente en los sondeos fractura la base electoral del oficialismo
Hasta el miércoles pasado, cuando los candidatos a la presidencia de Chile debatieron por televisión, la campaña de Marco Enríquez-Ominami era un experimento capaz de llamar la atención de los apasionados por el marketing electoral.

Pero desde ese cruce televisivo la cuestión es otra. Enríquez-Ominami se consolidó en las encuestas y su peripecia comenzó a adquirir una densidad desconocida. Le plantea una amenaza muy verosímil a la candidatura oficialista de Eduardo Frei y, al hacerlo, abre una inquietante incógnita sobre el destino de la Concertación, que ha sido una construcción modélica para América latina.

Enríquez-Ominami llegó a la Argentina anteanoche y ayer se entrevistó con Cristina Kirchner, de la mano de Rafael Follonier, el principal interlocutor de la Casa Rosada con todas las variantes de la izquierda regional. Enríquez-Ominami terminó el domingo comiendo carnes, en un restaurante de Puerto Madero, junto a su equipo de campaña.

Allí están su padre adoptivo, el senador socialista Carlos Ominami; Max Marambio, una leyenda de la izquierda latinoamericana, integrante del círculo de Salvador Allende, antiguo cuadro militar en Cuba y ejemplo consumado de las ventajas que otorga para los negocios el haber mirado al capitalismo desde afuera por muchos años (Marambio controla empresas en el Viejo Mundo y en el Nuevo), y Marcelo Trivelli, ex alcalde de Santiago y sobrino del ex presidente Patricio Aylwin.

Una encrucijada

Después del debate, Enríquez-Ominami se ubicó a 4 puntos del candidato del gobierno, con 19%. Frei tiene 23% y Sebastián Piñera, el empresario que atrae el voto de derecha, goza de un estable 39%.

Enríquez-Ominami confiesa haber llegado a la encrucijada decisiva: "Ahora hay que resolver si mantenemos este rumbo, que nos permite llevarnos a casi todos los indecisos, o si nos reorientamos para llamar la atención de los votantes de Frei".

Es más que una duda táctica. Enríquez-Ominami renunció al Partido Socialista el 12 de junio pasado, el día que cumplió 36 años, cuando le negaron una interna para disputar la candidatura de la Concertación. Su padre, Miguel Enríquez, fue un dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) asesinado por la dictadura. Su madre, Manuela Gumucio, es hija de uno de los fundadores de la Democracia Cristiana. Se casó en segundas nupcias con Carlos Ominami, de quien el hijo de Enríquez adoptó también el apellido.

Desde este cuadrante político y biográfico, Enríquez-Ominami interpela a la identidad del oficialismo chileno. Una incomodidad para la socialista Michelle Bachelet, con lazos casi familiares con los Ominami. Bachelet es crucial. Flota en niveles de prestigio del 75%. Está abrazada a Frei. Pero no atacará a Enríquez-Ominami, a quien muchos de sus admiradores prefieren como candidato.

Hasta hace un mes, la candidatura de Enríquez-Ominami parecía inofensiva. A Piñera le servía que hiciera perder a la Concertación votos de izquierda. Para Frei era una molestia, pero en un ballottage sería un afluente indispensable.

"¿Va a ser así?", pregunta a Enríquez-Ominami su amigo Alvaro Escobar, a su lado. "Ni lo sueñen. Si el que pasa a la segunda vuelta es Frei, no lo vamos a apoyar", contesta.

Esa negativa cobija el significado de la candidatura de Enríquez-Ominami para el proceso político chileno. Por primera vez desde la salida de Augusto Pinochet, desde el espacio socialista se cuestiona a los democristianos, entre ellos a Frei, por la complicidad con el golpe de 1973. La candidatura de Enríquez-Ominami está fracturando a la Concertación en su base electoral.

Ese conflicto entre los "díscolos", como le gusta definirse al candidato, y el aparato oficialista, abarca más que una visión del pasado. Enríquez-Ominami rompió con desparpajo otros tabúes del oficialismo: la salida al mar de Bolivia, el aborto y el casamiento gay, el papel de las compañías de electricidad y el vínculo con Estados Unidos. "Nuestra sociedad vive comprimida pero rompe el dique con ritmos cíclicos", dice Marambio.

A Enríquez-Ominami se le notan la ansiedad, la filosofía y el cine estudiados en Francia, y los 15 años de diván. Su cabeza trabaja a altísima velocidad y se expresa con humor y creatividad. "Yo llevo adelante mi marketing. Conozco el tema. Sé cómo hacer una campaña segmentada."

Con un par de cómicos chilenos realizó 20 spots con sketchs en los que se representa a sí mismo. A través de Twitter lo siguen 18.000 simpatizantes. Es el favorito de los sectores más dinámicos: encabeza las encuestas entre los optimistas, los mejor educados, los más productivos y los jóvenes. Ya alcanzó a Frei en la región metropolitana. Ahora se asoma a un abismo, con cautela. Si sigue avanzando, puede lograr que la Concertación, que construyeron sus padres, pierda el poder por primera vez en 20 años. Y no necesariamente a manos de Piñera.

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