Una enorme procesión fúnebre entre llantos y gritos de venganza

La franja de Gaza se transformó ayer en una gigante procesión fúnebre con decenas de miles de palestinos que lloraban la pérdida de sus familiares y amigos mientras clamaban venganza contra Israel, que lanzó el sábado su mayor ofensiva contra ese territorio desde la Guerra de los Seis Días, en 1967.
Mohamed al-Ashi seguía en estado de shock mientras policías y familiares transportaban entre gritos de "Alá es grande" el cuerpo de su hermano Faris, una de las casi 300 víctimas mortales del bombardeo israelí, que convirtió a la Franja en un infierno de bombas y misiles.

"Pido a Alá paciencia y fortaleza. Que Alá bendiga el espíritu del mejor hombre de la familia", sollozaba Mohamed poco después de que Faris, de 33 años, muriera en el abarrotado Hospital Shifa de la ciudad de Gaza, donde algunos pacientes eran atendidos en los pasillos por falta de camillas. Faris trabajaba en la división de explosivos del movimiento islámico Hamas, que controla la franja desde 2007.

"Todos los hospitales de la franja de Gaza están en emergencia. Los hospitales carecen de asistencia y equipamiento necesario", alertó el jefe del servicio médico de emergencias en Gaza, Moawiya Hasanein.

Las calles de la ciudad tenían ayer un aspecto desolador. Comercios y escuelas estuvieron cerrados desde el inicio de los ataques contra comisarías, mezquitas, organizaciones caritativas, un canal de tv de Hamas y otros blancos. Sólo se oía el ir y venir constante de las ambulancias.

"La sangre y el olor a pólvora están por todas partes en Gaza", señaló Mohamed Abu Hmeid, un policía de 36 años que dirigía el tránsito cerca del hospital.

Hassan Abu Tuha, un residente en la franja, afirmó que no "había visto nada parecido" en sus 22 años de vida. "Las palabras masacre y holocausto se quedan cortas para describir la situación", dijo. "Tengo miedo de que un misil caiga aquí o cerca de mi casa y mate a alguno de mis seres queridos. Anoche no pude dormir porque los ataques no pararon. ­Ojalá Alá nos regale una jornada sangrienta contra los judíos y sus colaboracionistas árabes!", clamó.

En el estadio municipal de la ciudad, miles de palestinos se inclinaban ante 15 cadáveres alineados en el prado verde. La mayoría eran miembros del brazo armado de Hamas.

En Rafah, toda la familia de Tawfik Jaber, jefe de la policía del grupo islámico, se reunió alrededor de su cuerpo, envuelto en una bandera palestina, en un salón vacío. En las paredes blancas sólo colgaba un retrato del fallecido líder Yasser Arafat.

La atmósfera era pesada, entre llanto de mujeres y gritos de niños. "Fue un defensor de nuestra causa nacional y de Palestina. Vivió como combatiente, murió como mártir", afirmó una de ellas. El cuerpo fue luego sacado de la casa y las oraciones fúnebres dejaron paso a los gritos de venganza, lanzados por cientos de personas reunidas afuera.

"Muerte a Israel, muerte a Estados Unidos", era la consigna escuchada en todas partes

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