Los enojos de Mauricio Macri y la tensión del Gobierno en un momento crucial

Los enojos de Mauricio Macri y la tensión del Gobierno en un momento crucial

Las especulaciones electorales de Cambiemos. La disputa del Presidente con el Círculo Rojo. Y el temor de Vidal.

El candidato es Mauricio Macri. No hay plan B. Es el fundador del PRO, el líder indiscutido de Cambiemos, el que apostó por María Eugenia Vidal cuando le decían que era imposible conquistar la provincia de Buenos Aires y el que logró una alianza con la UCR y Elisa Carrió cuando apenas meses antes de las elecciones de 2015 parecían rivales. Es, al cabo, el presidente de la República y no falta tanto para que se convierta en el primer mandatario no peronista en terminar un mandato en los últimos 90 años. Todo esto sostiene el relato del círculo presidencial más íntimo.

Pero sobrevuela un segundo relato. Menos categórico, incipiente, subterráneo, acaso temeroso. Hecho por preguntas más que por certezas. Por ejemplo: ¿qué pasaría si las encuestas en las que sí cree el Gobierno -las que encarga Jaime Durán Barba- continuaran exhibiendo en los próximos meses un rechazo tan grande que podría poner en riesgo la victoria? Peor aún: ¿qué ocurriría si el ya de por sí recurrente anuncio de mejoras económicas no sólo no se cumpliera sino que los números empezaran a ser más drásticos cerca de las primarias?

Mauricio Macri, en Chile, junto a los presidentes Piñera y Vizcarra.

Los pronósticos de Macri fallaron no pocas veces. Todavía se le reprocha su último dislate al hablar de la inflación. Se equivocó cuando en febrero dijo que estaba bajando. No sólo en seguida se supo que en enero había sido más alta que en diciembre. También subió en febrero con respecto a enero. Y en marzo podría incrementarse con respecto a febrero.

Convendría mirar con detenimiento el recorrido de la inflación, tal vez, para descubrir el primer enojo de Macri: ¿quién le dio por hecho que la suba de precios tendía a la baja?

Son preocupaciones de las que hablan todos en el universo oficialista, pero que se abordan sin palabras cuidadas en sectores periféricos del macrismo y en el establishment, donde el abismo suele centrarse en el regreso o no de Cristina Kirchner.

Mauricio Macri, en el CCK, durante la reunión de Gabinete ampliado.

Aquellos interrogantes tampoco pasan inadvertidos en La Plata. Hay, por caso, un ministro vidalista que no se priva en sus charlas de café -frente a dirigentes macristas y de la oposición- de expresar a viva voz que Vidal podría ser la llave para “salir por arriba” si la crisis se profundiza. La gobernadora ha negado en varias ocasiones que esté pensando en la presidencia. “Ella es tal vez la dirigente más fiel que tenemos”, aseguran en el entorno presidencial.

Marcos Peña lo recordó hace quince días tras seis meses de no dar entrevistas: dijo que la mandataria va a cumplir su palabra de no usar a la Provincia como un trampolín. Pero el rumor existe y que exista ya genera fastidio en la Casa Rosada. “Podemos imaginarnos quiénes son. Nunca entendieron lo que hacíamos”, minimizan en el sector más poderoso del Gobierno. Y aseguran que Vidal tiene mejor imagen que su jefe, pero no mayor intención de votos.

Roberto Lavagna está en carrera. Pero se tomará su tiempo antes de anunciarlo.

No son tiempos de romance. Vidal y Peña parecen cada vez más lejos de zanjar sus diferencias. Son las dos figuras que más aprecia el Presidente. Cerca de la gobernadora hablan de cuestiones de estilo, pero también de promesas incumplidas. Le reprochan al jefe de Gabinete haber sido el autor intelectual de las apuestas discursivas de “lo peor ya pasó”, una frase que Macri utilizó en distintos periodos de su gestión y que se transformó en un búmeran.

“Hay que ir hoy a poner la carita al Conurbano, ¿eh?”, disparan en los despachos platenses. De ese cortocircuito no se puede apartar a Horacio Rodríguez Larreta. El alcalde porteño mantiene un tándem indisoluble con Vidal. Él también es crítico de Peña. A diferencia del jefe de los ministros nacionales, Larreta y Vidal no han interrumpido nunca el diálogo con Nicolás Caputo, el mejor amigo de Macri, cofundador del PRO y antes de Compromiso para el Cambio. Elisa Carrió culpa a Caputo de haber intentado junto a Enrique “Coti” Nosiglia “un golpe” en septiembre del año pasado, cuando el dólar se disparó y dio origen a aquel fin de semana fatídico de reuniones en Olivos, en el cual se reformuló el Gabinete. Cuando Carrió habla de golpe hay que leerlo de este modo: dice que querían colmar el Gabinete de radicales y sustituir a Peña.

Horacio Rodríguez Larreta es un hombre clave en Cambiemos. Se mueve junto a María Eugenia Vidal.

La última medición que llegó a la gobernación, encargada por el propio oficialismo, ubicó a Vidal con un 39 por ciento de intención de voto en su distrito; 38 le adjudican a Cristina y 30 a Macri. Un ministro nacional le resta importancia. “Para nosotros ni siquiera es un tema de debate serio. Sería autoflagelarnos. El candidato es Mauricio y para las elecciones todavía falta una eternidad”, dice.

La gran inquietud en el entorno de Vidal es qué prevalecerá en la cabeza de los votantes bonaerenses cuando ingresen al cuarto oscuro y se encuentren con las listas sábana. Se preguntan si Vidal traccionará a favor de Macri o si el Presidente tirará para abajo a su socia. Las conversaciones exasperan al vidalismo por una razón muy simple: en la provincia no hay balotaje. El razonamiento es: Vidal podría correr más riesgos electorales que Macri aun cuando se trata de la dirigente con mejor imagen del país.

Elisa Carrió dijo en canal 13 que a Mauricio Macri le quisieron hacer "un golpe" el año pasado.

En 2015, a la entonces vicejefa porteña la favoreció el corte de boleta. Macri sacó 32,9%, casi 7 puntos menos que ella. En aquellos comicios generales, de todos modos, Vidal hizo subir poco menos de 4 puntos a Macri en un distrito que había sido complicado en las PASO, cuando el tramo presidencial de Cambiemos consiguió en conjunto –con Macri, Ernesto Sanz y Carrió incluidos– 29,15%. Esos más de 500 mil votos nuevos que logró en la provincia fueron clave en su remontada nacional: representaron un tercio de todo su crecimiento en el país.

Macri parece apostar en estos días a seducir a sus votantes duros. Hacia ellos fue dirigido su tono vehemente, primero en la entrevista de Luis Majul y luego en la reunión de Gabinete ampliado en el Centro Cultural Kirchner. “Les estamos diciendo a los nuestros que seguimos de pie, luchando contra todo por un cambio cultural”, aseguran los intérpretes del pensamiento presidencial. En la cita con los ministros también hubo momentos de enojo dedicados al círculo rojo, al que ven tentado de acompañar a Roberto Lavagna.

María Eugenia Vidal es la dirigente con mejor imagen. Pero tiene una disputa difícil en las elecciones.

La idea de mantener cautivos a los votantes propios está elaborada bajo la premisa de una polarización con Cristina. Acaso Macri se conforme con mantener congelado el actual escenario electoral. Confía en que una segunda vuelta con la actual senadora le aseguraría la reelección. “Aunque sea nos van a votar tapándose la nariz”, suponen.

Sin levantar la voz, el equipo de campaña de Macri aguarda para abril que se termine de procesar un trabajo clave de encuestas cuantitativas y cualitativas que luego analizará el sociólogo Roberto Zapata, el socio desconocido de Durán Barba, para muchos el verdadero as de su equipo. El Doc, lo llaman. Viene muy poco a Buenos Aires y cuando lo hace se mantiene bien lejos de los periodistas y del círculo rojo. En él confían todos porque estudia los focus group: su tarea es desentrañar qué esperan los votantes, con qué y con quiénes están indignados. Y a quién no votarían bajo ninguna circunstancia. Lo que El Doc diga será palabra santa. 

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