Se enojó

Se enojó
ESPAÑA / RACING 1 - BARCELONA 4: Leo Messi sólo quiere jugar: ayer metió dos para el Barsa. Antes, en una radio rosarina, se había plantado por el tema Selección.
Harto de estar harto, unas horas antes, soltó la lengua: "No hay que buscar más mierda. Hay que estar unidos para sacar esto adelante". Se refería al remanido tema de la Selección, su opaca actuación, los fantasmas de las últimas derrotas.

Alegre de toda alegría, un rato después, era levantado por los aires por sus compañeros, vestidos como él con la camiseta a listones, pero blaugrana. Lionel Messi acababa de clavar dos nuevos golazos para redondear una nueva actuación espléndida.

Metió cinco en cuatro partidos desde esa noche tan oscura de Asunción. Lio no es el mismo. Ahora juega al fútbol. Sólo eso. Nada menos. Es, simplemente, lo que él quiere.

Advierte: "Es difícil ir a la Selección. Es distinto entrenar todos los días que juntarnos diez, quince días y jugar dos partidos. Todavía se está buscando el juego del equipo".

Vaticina: "Argentina no puede quedar afuera del Mundial. Lo importante es clasificarnos, estar tranquilos y después sí prepararnos bien para el Mundial. Falta tiempo y trabajo".

Analiza: "Yo daría lo que fuese por rendir de la misma manera en el Barcelona que en la Selección. Cuando encontremos el juego de la Selección va a ser bueno para mí y para el equipo".

Niega cortocircuitos: "La relación (con Diego) en lo personal y profesional es bárbara (...) Trabajar con Maradona es impresionante por el trato que tiene con los jugadores".

Se desahoga: "Yo solo no voy a ganar un partido. Es responsabilidad de todos los que estamos en la Selección".

Se enfurece: "A ninguno nos gusta perder y menos con la Selección. Si fuera por la plata no viajaríamos a millones de lados a hacer un esfuerzo enorme. No creo que pase por el tema que estamos en Europa o que ganamos mucha plata. Cuando vuelvo a la Argentina dejo todo de lado por la Selección".

El mejor. Lio no es el mismo. Ese pibe que la lleva atada suele descargarse en una cancha de fútbol. Hacer piruetas, meter goles, reírse a carcajadas. Lo hizo desde que volvió a trabajar con Pep Guardiola en el Barcelona. Ayer a la mañana también se descargó, pero de otro modo. Vía celular por la rosarina de Radio 2, en el programa A Diario. A la tarde volvería a pegarle como los dioses a la pelotita. No habló con el cassette puesto: es interesante analizar sus declaraciones, más allá de que sean o no compartidas.

Pero tal vez lo que más debamos celebrar, a escasas tres semanas de enfrentar a Perú (10/10) y a Uruguay (14/10) a todo o nada, es que La Pulga, por fin se haya enojado. Tal vez sea la mejor demostración de lo libre que se siente hoy. Tal vez sea un mensaje, quien quiera oír que oiga, para que cuando se deba poner la otra camiseta a bastones, la celeste y blanca, tenga similar contención y que pueda seguir siendo el que es hoy en Catalunya. Maradona sabe en carne propia lo que es sufrir presiones desmedidas del afuera, que perturban en el adentro de la cancha. Que lo proteja a Messi de ello es uno de sus inmediatos desafíos. Y es clave.

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