Enluta a La Voz del Pueblo el fallecimiento de Mario Ceriani

Tenía 70 años y desde principios de la década del 90 era secretario de redacción del diario. Sus restos serán inhumados en la necrópolis local hoy a las 15
"Nadie debe escribir como periodista lo que no puede decir como caballero". Las palabras de Walter Williams, insigne hombre de prensa norteamericano, constituían para Mario un punto de referencia. Compartía la frase porque sentía su contenido. Y la tenía muy presente y a la vista, en un cuadro sobre "Etica del periodismo", ubicado detrás de su escritorio, el lugar desde donde condujo la redacción de La Voz del Pueblo.

Mario nos dejó anoche, a los 70 años de edad, luego de permanecer internado desde el martes en horas del mediodía en el área de terapia intensiva del Hospital Pirovano. Sufrió un accidente cerebrovascular y esta vez no pudo, pese a la fortaleza con la que había afrontado en muchas oportunidades afecciones de salud e intervenciones quirúrgicas. Su familia cuenta con el acompañamiento de seres queridos, amigos, allegados, que se acercaron a brindar fuerzas en estos difíciles momentos y que lo despiden en estas horas; también de muchos lectores, quienes a través de las páginas del diario conocieron su labor periodística, así como de colegas, que tras su internación se comunicaron con nuestra redacción en reiteradas ocasiones.

Nació en Tres Arroyos, el 8 de mayo de 1938. Y aprendió a caminar por la vida en la Escuela 16, como él mismo lo indicó en 2008 al recordar sus vivencias como alumno, en el acto del centenario. Empezó a trabajar desde muy joven y entre otras experiencias laborales, formó parte de Fábrica Vizzolini, de la empresa de rectificaciones Villanueva y también durante un período importante de TRM (mucho después, en forma paralela a su trabajo como cronista, abrió el comercio de repuestos Ceriani y Molina).

Llegó al periodismo desde otros ámbitos, por una vocación quizás no descubierta con anterioridad, y lo hizo de manera incondicional, porque estuvo estrechamente ligado a una actividad que ejerció hasta que la salud se lo permitió. Un curso que dictó el diario en la Biblioteca José Ingenieros, con la participación de los recordados Hugo Pérez y Enzo Roberto Petrini, fue la puerta de ingreso al diario en la década del 70. Se trató de un ingreso pleno de respeto, con la certeza que había mucho por aprender, pero con el entusiasmo firme para ganarse un lugar; "hasta me daba vergüenza ir a preguntarle algo a una persona como Bernasconi, que llevaba tanto tiempo trabajando", supo señalar al recordar sus comienzos en la redacción de calle Colón.

En 1972, el Círculo de Periodistas Deportivos lo tuvo entre sus miembros fundadores, entidad que posteriormente presidió en diversos períodos. El vínculo con el deporte dio lugar a sus crónicas iniciales en primer término sobre hockey, luego sobre fútbol y otras disciplinas. Amigos que cosechó en períodos destacados del hockey local lo recuerdan además como jugador, "uno de los pioneros de Tres Arroyos Patín Club". Igualmente, las canchas de bowling lo tuvieron como protagonista.

En los años siguientes, se desempeñó como corresponsal viajero, obteniendo información y fotografías en una amplia región, para incluir en nuestras páginas los relatos de las localidades y de distritos vecinos.

La dedicación al trabajo cotidiano frente a las máquinas de escribir -luego relegadas por las nuevas tecnologías- no le impidió mostrar versatilidad, a partir de la inquietud por temas muy diversos. Desarrolló su creatividad literaria a través de la escritura de cuentos, apelando al ingenio y tratando conscientemente de que el lenguaje fuera una verdadera herramienta de expresión. Participó como actor en el Grupo de Teatro El Sobre; escribió las primeras críticas teatrales a grupos tresarroyenses, con un estilo particular y agudo. De igual manera, creó la columna "Entre Bambalinas Tresarroyenses", en la que de manera "anónima" ventilaba cuestiones inherentes al quehacer teatral de los años '80. Desde el diario, apoyó a los actores locales e impulsó la realización de encuentros de teatro.

Dentro de sus creaciones, se encuentra "La ciudad y sus protagonistas", página en la que cada domingo los lectores podían conocer a una personalidad de nuestro Tres Arroyos.

Además de su reconocida labor como periodista gráfico, hizo camino en los inicios de Canal 2, en el primer programa de deportes que tuvo la televisión local.

En los inicios de la década del 90, Mario fue designado como secretario de redacción, entre sorprendido y honrado, cuando un mediodía Antonio Maciel le brindó tamaño reconocimiento. Tuvo la responsabilidad de reemplazar a Hugo Pérez y lo hizo con convicciones que defendió de una manera frontal, propia de su carácter, con la capacidad de manifestar sus pensamientos con sinceridad y de pedir disculpas cuando consideraba que se había equivocado. Representó desde tal lugar al diario en la agencia de noticias DIB, como integrante del consejo de redacción del suplemento Tranquera, y en tantos otros espacios de los que formó parte en el marco de su función.

De su última etapa, está muy fresca en la memoria la columna "De Entrecasa", que cada domingo -junto a las ocurrentes caricaturas de Pomo- invitaba a sonreír mediante las ironías por la realidad política de Fortín Manchado, los recurrentes problemas de la habitualmente problemática Villamecó y las reflexiones imperdibles de los parroquianos en el Club El Tambor.

El sepelio

Los restos de Mario son velados en CELTA Sepelios, avenida San Martín 1450, departamento D, y la inhumación se llevará a cabo en la necrópolis local hoy a las 15, previo oficio religioso.

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