Se engranó el Grana

ATLETICO TUCUMAN 2 - LANUS 2: Lanús estaba 0-2, con un hombre menos y para el cachetazo, pero se despertó, mostró los dientes y personalidad, y se llevó un punto.
Ni los agoreros tucumanos, los de San Martín, claro, ni ellos hubiesen advertido semejante amargura. Porque los 107 años de Atlético, esos fuegos artificiales que alumbraron la previa y las dos apariciones de Escobar, imaginaban que la fiesta de la flor ya se radicaba en el Jardín de la República. Pero... Se engranó Lanús, señores, se rebeló, no quiso subirse otra vez a un avión con el arco machucado, seis goles adentro, al cabo, en 72 horas, y la cosa cambió. Se avecinaba, sí, la tercer derrota casera al hilo y un panorama mucho más oscuro que su camiseta. Se avivó, mostró algo de su personalidad para bancarse, también, 52 minutos con un hombre menos. Apretó, buscó y cabeceó. Y lo empató. Y, al menos, exhibió un atisbo de sonrisa, un pequeño bálsamo en medio de tanta malaria.

Si la cara del final del Chulo Rivoira lo dijo todo, el abrazo de los jugadores de Zubeldía también. Para Lanús, quizá, la unidad conseguida en el último tramo del partido sirva como punto de inflexión. El tobogán estaba listo para seguir su curva descendente, pero la reacción frenó la caída. Atenti, no es que hizo honor al diccionario con palabras como coraje, entrega y tesón, pero con algunas dosis de esos sustantivos, logró empardar un encuentro que le venía torcido.

Atlético apostó al control territorial, aunque se lo notó escaso de ideas. Y Lanús, cómodo con campo a favor, corrió, colocó a Salvio y Blanco a las espaldas de los carrileros y por ahí explotó sus ataques, que se desvanecían todos en tres cuartos (si Biglieri hiciera todo lo que insinúa...), con remates aislados. Pereyra, de lo más peligroso de los locales, sólo complicó con un tiro al travesaño. La correcta expulsión de Blanco (dos patadas para amarilla) motivó un poquito más a los tucumanos. En el inicio del ST, dio la sensación de que Lanús había perdido la brújula, personificado en Hoyos, quien falló tras el centro de Erroz y le permitió a Escobar construir una deliciosa palomita y abrir la chapa. Hasta ahí, se podía catalogar de un resultado justo. Es más, después del gol, Atlético se animó, tocó, no llenó los ojos con lujos y caños, pero movió la pelota y Longo, uno de los mejores exponentes del tiki tiki tucumano, ridiculizó otra vez a Hoyos y le envió el centro a Escobar para lo que tenía pinta de fiesta tucumana y derrape granate. Sin embargo, Lanús se adelantó. Con empuje, vergüenza, Viera llevando la lanza, pelota en el aire y a buscar. No fue fortuito que los dos goles llegaran de arriba. Le permitieron empatar y, al menos, encarar lo que viene con otro temple. Se engranó el Grana...

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