"Engordé 18 kilos a los quince años"

La diputada nacional del PRO se considera militante femenina, no feminista. Es antiabortista pero reniega del concepto que indica que la mujer se completa siendo madre. Quiso ser actriz de cine. Hizo teatro y ahora estudia canto.
"No me gusta que destaquen mi estética, sino que me valoren por mi trabajo", subraya la diputada nacional del PRO Paula Bertol, mientras toma un sorbito de gaseosa dietética.

Después de cambiarse la ropa, retocarse el maquillaje y soltarse el cabello, la coqueta legisladora se seca la frente y las mejillas con un pañuelito desechable y se queja por el nombre de esta sección: Políticos en calzoncillos.

"Apunta a un público masculino y es un poco machista", señala. Camina hasta la biblioteca del living, agarra un bigote de peluche negro y se lo acomoda sobre los labios. "Cuando en alguna reunión política, los varones empiezan a decir guarangadas, saco el bigote y me lo pongo", relata divertida.

–¿Usted se definiría como feminista?

–No. Me definiría como muy femenina. El feminismo está puesto en un lugar de un extremo, con mucha dureza y que tuvo que empezar con demasiado sufrimiento. Me gusta más definirme como femenina que como feminista.

–¿Qué significa ser femenina?

–Significa que estoy a favor de las mujeres, defiendo la posibilidad de que las mujeres lleguen a ocupar puestos de poder y tener una mirada distinta. Soy pro mujer y me gusta construir con mujeres. Detrás de mí hay una cadena de mujeres que trabajan conmigo y me ayudan en mi casa. Creo en la ventaja de ser mujer, como dice el libro de Sally Helgesen. Podemos construir de otra manera y tenemos la ventaja del aprendizaje que nos da la maternidad. También creo que la maternidad es una elección, no es una obligación de las mujeres.

–Usted señala que la maternidad es una elección, ¿está de acuerdo con la despenalización del derecho al aborto?

–Soy antiabortista, defiendo la vida desde la concepción. El derecho a la vida es un derecho humano primordial. Cuando digo que la maternidad es una elección, me refiero a que la sociedad pone una mirada muy exigente sobre las mujeres y su maternidad, como si las mujeres tuviéramos que tener hijos sí o sí. Descreo de la idea que dice que te completás como mujer si sos madre.

–Antes se refirió a que ser mujer es una ventaja. ¿Qué beneficios le ha traído su condición de mujer?

–En la política me costó encontrar las ventajas. Me llevó mucho tiempo encontrar las ventajas porque me enojaba mucho con ellas, por ejemplo, el hecho de que era una de las pocas mujeres involucradas en la política. Como éramos tan pocas, los hombres trataban de tener alguna que justifique la cantidad de hombres que había.

–Cuénteme alguna situación incómoda por la que haya atravesado en el ámbito político.

–Casi cotidianamente. Una vez, cuando yo estaba embarazada, empecé a pedir una reunión con un señor muy importante que no era de mi partido. Después de mucha insistencia, un día, cuando ya estaba de ocho meses, uno de mis compañeros me llamó y me dijo: "Tengo dos noticias: una buena y una mala. La buena es que finalmente nos dieron la entrevista que pedías. La mala es que ya la tuvimos, porque como vos estabas embarazada, fueron otros". ¡Es decir, ellos consideraron que yo no estaba apta para estar en esa reunión porque estaba embarazada! Ahí me di cuenta de que ser mujer y hacer política es una tarea que requiere mucho esfuerzo.

–¿Le gusta que le digan piropos?

–Sí. Pero si me gritan alguna guarangada, me doy vuelta y les digo: "¿Cómo?". Enseguida se van al humo. (Risas)

–¿Cuál ha sido uno de los mayores halagos que recibió?

–Si Dios tuviese ojos, serían como los tuyos.

–¿Por qué le pareció tan halagador ese piropo?

–Porque la presencia de Dios es muy importante en mi vida y tal vez por eso tiene un significado más profundo. Fui a un colegio católico, me alejé de los dogmas y me acerqué a una mayor espiritualidad. Siento que tengo fe y trato de tener un cuidado especial entre lo que siento internamente y mi banca como diputada.

–Teniendo en cuenta que para usted es tan importante la religión, ¿podría estar en pareja con alguien ateo?

–¡Sí! Quizás a los veinte años, decía que si no me casaba por Iglesia y que si la persona con la que estaba no era católica, no podía ser.

–¿Cómo era durante su juventud?

–Era muy madura para mi edad. En mi adolescencia me pasó algo bastante particular: engordé 18 kilos a los 15 años.

–¿Por qué engordó 18 kilos de golpe?

–Era una armadura para no salir al mundo como mujer. Creo que tenía un temor enorme a enfrentarme a los hombres. Pasé de 55 a 73 kilos y empecé a ir a Gordos Anónimos. Recién después que hice un proceso interno, pude bajar todos esos kilos.

–¿Le costó relacionarse con los chicos de su edad?

–En ese momento era la amiga de todos. Todos me llamaban para preguntarme por mis amigas. Durante dos años, era la gordita del grupo.

–¿Qué quería ser de joven?

–Cuando era chica le pedía a mi mamá que me llevara a las pruebas que hacían para que los chicos actuaran en el cine. Mamá llegaba a casa y me decía: "¡Ay, Paula, fui a buscar número y no encontré!". Después hice tres años de teatro en la facultad y llegué a hacer una obra en San Luis. Luego empecé a estudiar canto y tomé, y sigo tomando, clases de baile.

–¿De qué?

–Desde folclore hasta salsa, merengue y ahora de rock and roll. Necesito un cable a tierra. Hace poco fui a Azúcar (una disco de salsa) y está muy bueno.

La cartera de la dama

En su cartera azul lleva una cámara de fotos, dos teléfonos celulares, la BlackBerry, la billetera, un anotador, las llaves del auto, pañuelos desechables, dos pares de lentes, una lapicera, el estuche de maquillaje, dos DVD (La ola y Enemigos públicos) y el libro del gobierno porteño Buenos Aires 2020.

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