El G-8, enfurecido con Berlusconi

Los países industrializados cuestionaron duramente al premier italiano por el caos organizativo
PARIS.- Escandalizados por la falta de seriedad política para preparar la cumbre de L´Aquila, el caos organizativo y la frivolidad del primer ministro Silvio Berlusconi, los países industrializados estudiaron la posibilidad de excluir a Italia del Grupo de los Ocho (G-8).

En forma discreta para no humillar públicamente a Berlusconi, los principales protagonistas del G-8 decidieron arrebatarle la organización de la cumbre, según confirmaron fuentes diplomáticas de varias delegaciones.

La conferencia que comienza hoy en esa ciudad de los Abruzzos y se prolongará hasta pasado mañana se convirtió en un dolor de cabeza para los otros líderes del G-8 (Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón, Alemania, Francia, Canadá y Rusia), así como para los dirigentes invitados del G-5 (Brasil, China, la India, Sudáfrica y México) y de otros países.

Por primera vez en la historia de esas cumbres anuales, Estados Unidos debió intervenir enérgicamente pocas semanas antes para organizar la agenda de las deliberaciones. El temario de la conferencia carecía de contenido y presentaba un "aspecto desolador", según la descripción de un diplomático europeo.

La agenda preparada por Berlusconi no preveía ningún tratamiento especial sobre el tema crucial del clima ni sobre la seguridad alimentaria, que representa una prioridad para el presidente norteamericano, Barack Obama. Estados Unidos, junto con Japón, está dispuesto a aportar entre 3000 y 4000 millones de dólares cada uno a una iniciativa agrícola mundial de 12.000 millones para los próximos tres años.

Los encargados de evitar un fracaso estrepitoso de la cumbre fueron los "sherpas". Esos colaboradores especiales de los jefes de Estado que se encargan de preparar las cumbres debieron trabajar a destajo en el teléfono para redefinir el temario y resolver los problemas logísticos que plantea la reunión en L´Aquila, una ciudad devastada por el sismo del 6 de abril, que provocó 299 muertos y unos 70.000 damnificados.

Inicialmente, la conferencia debía realizarse en la isla de La Maddalena, contigua a Cerdeña, pero fue modificada por decisión de Berlusconi para poner de relieve los trabajos de reconstrucción, que finalmente se realizan en forma mucho más lenta de lo previsto. El centro de la ciudad de L´Aquila todavía no tiene agua ni electricidad.

La cumbre se hará en el cuartel de la Guardia de Finanzas, en Coppito, y las delegaciones se alojarán en ese barrio periférico. Pero la situación es aún inquietante, pues L´Aquila sigue temblando a un ritmo de 20 remezones diarios. El último sismo, el viernes pasado, alcanzó una magnitud de 4,1. Si en medio de la cumbre se produjera un sismo de esa magnitud, las delegaciones serían desplazadas a una enorme tienda de campaña.

Hasta hace pocos días, los organizadores italianos no tenían previsto un plan para evacuar a los líderes de esa zona montañosa sin aeropuertos ni autopistas. Aludiendo a las "alternativas" evocadas por la prensa italiana en caso de emergencia, un diplomático norteamericano comentó con sarcasmo: "El plan B es que todos los dirigentes partirán de regreso a sus países".

Toda esa improvisación creó enorme irritación en los socios del G-8, que no quieren desaprovechar las posibilidades de concertación que ofrece esta reunión en un momento crítico de la situación mundial.

"Italia no cumplió con sus obligaciones de país organizador", comentó un delegado británico. La mayoría de los diplomáticos estima que, si bien hasta ahora se abstuvieron de comentar el comportamiento de Berlusconi en política interna, la ligereza de su actitud a nivel internacional "desbordó la copa de la tolerancia". Algunas delegaciones sugirieron que España ocupe el lugar de Italia en el G-8. Pero ese reemplazo no será fácil de organizar.

La cumbre de L´Aquila dedicará especial importancia a estudiar posibles fórmulas para reactivar la economía internacional y analizar la situación de Irán. Pero una parte esencial de la atención estará depositada en las posibles derivaciones que puede tener en las próximas horas el escándalo de las relaciones extraconyugales de Berlusconi.

En previsión de posibles escándalos o fotos de dudoso gusto, varios líderes del G-8 recibieron instrucciones de no prestarse a los juegos del premier italiano.

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