Enfrentar a todos, menos a los Kirchner

Por Jorge Oviedo

No sólo Buenos Aires, sino varias provincias se encuentran en situación presupuestaria muy comprometida. Más allá de los errores y las omisiones que cada gobernador pueda cometer, el contexto es muy desfavorable por una razón principal: la política nacional perjudica fuertemente a las administraciones del interior. Pero, por ahora, para los mandatarios como Daniel Scioli, es menos costoso confrontar con los propios contribuyentes que con Néstor Kirchner y su esposa.

Buenos Aires, por ejemplo, sufre porque las retenciones que captura la Nación le restan muchos recursos coparticipables. La administración central se beneficia bastante con la inflación, y si sus empleados claman por mejoras salariales, la incidencia en el gasto global es proporcionalmente baja. Al interior los aumentos salariales le pesan mucho más.

Los Kirchner, además, cuentan con algunas fuentes de financiamiento, como reducir los pagos de deuda actualizada por inflación falseando el índice de precios. Para los gobernadores esto supone un problema adicional, porque, en ese contexto, no hay financiamiento voluntario para nadie. La administración central, además, captura los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y se los queda a cambio de un bono que paga algún interés, pero al Ministerio del Interior y no a las jurisdicciones que, según la ley, son sus propietarias.

¿Qué les queda entonces a los gobernadores, ante un gasto que crece fuertemente por la inflación, que empuja los costos y obliga a subir salarios? Un camino es subir los impuestos menos visibles, porque se transforman en parte de los precios. Ingresos brutos, por ejemplo. Buenos Aires y Córdoba ya lo hicieron. Santa Fe fracasó en su intento, pero es probable que insista en la Legislatura antes de fin de año y pasados los comicios de este domingo, a los que los socialistas no llegan bien parados.

Otra forma de financiarse al estilo Kirchner es retrasar pagos a proveedores y contratistas, pero allí ya casi se alcanzaron los límites, porque se demoran las entregas y empiezan a ser muy defectuosos los servicios.

Queda entonces recurrir a los impuestos patrimoniales, como Scioli, o emitir patacones. En el caso bonaerense, la presión sobre el sector agrícola llega en un momento desafortunado de sequía y precios en baja. Podrá decirse lo que se quiera, pero se trata de negocios en los que, en el caso de la soja, el Estado se queda, para empezar, con el 35% de los ingresos brutos de todos, ganen o pierdan.

El gravamen a los puertos bonaerenses tal vez se extienda también a los santafecinos e irá a parar a los precios. Nada de equidad. Aumentar el Inmobiliario Urbano a quienes pagan y exceptuar a quienes es muy difícil cobrarles eligió Scioli, que, como otros mandatarios, parece un rehén de la Nación. Por ahora, parece que no consideran oportuno rebelarse.

Comentá la nota