ENFOQUE DEL DOMINGO / El po­lí­ti­co dis­tin­to

En todas las actividades humanas unos se destacan más que otros. Los habilidosos generan asombro y descollan para que muchos otros se sientan mejor. Por Juan Manuel Asis - Prosecretario de Redacción.
En el deporte el virtuosismo se observa en el campo de juego y los resultados favorables, en la tabla de posición.

En la política, los efectos se ven en el campo económico y social, donde los índices dicen mucho, si no son manipulados.

“....Messi consigue el recorte ante Paredes, aguanta el balón ... se va también de Nacho, llega hasta Alexis, continúa con el balón dentro del área, la pelota que se va a perder afuera ... golazo de Messi, qué golazo, dejó a cuatro jugadores atrás y también al guardameta... Impresionante, todo el mundo sonríe ante esta demostración de de habilidad, siempre el balón pegado al pie, es fantástico...”. (frío relato del locutor español, 18 de abril de 2007)

“....la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, siempre Maradona .... genio genio, ta ta ta ta, gol, goooooolllllll, golazo... quiero llorar, Dios Santo, viva el fútbol, golazo, Diego Maradona, es para llorar, perdónenme... Maradona en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos; barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés?, para que un país sea un puño apretado, gritando por Argentina dos, Inglaterra cero....”. (vibrante y emotivo relato del uruguayo Víctor Hugo Morales, 22 de junio de 1986)

Algunas cosas tienen en común estas dos situaciones: relatos de extranjeros -el segundo para la historia de la locución deportiva-, dos futbolistas argentinos extraordinarios como protagonistas centrales, jugadas casi similares. Sin embargo no aparece una frase muy común y que hoy, con total seguridad, se escuchará en alguna parte del planeta cuando la pelota ruede: “es un jugador distinto”. Los domingos en el mundo tienen un dueño natural, mal que les pese a las madres, esposas e hijas: el fútbol y sus hinchas; esos fanáticos que desde bien temprano hasta pasada la medianoche buscan sorprenderse con una jugada para explotar en un grito de desahogo. El hincha no se harta de los relatos radiales y de los espectáculos televisivos hasta que recuerda que los lunes hay que trabajar. Es inevitable, aquella expresión aparecerá como elogio al deportista que se destaque. Pero, ¿qué es un jugador distinto? En todo deberíamos establecer la categoría del jugador “común” u “ordinario” para una mejor comprensión. Es ese que cumple con los requisitos básicos: correr sin descanso para todas partes como si tuviera tres pulmones, patear la pelota sin exquisitez hasta con los tobillos, cabecear sin saltar y pegarle con la nuca si hace falta; marcar sin ninguna vergüenza al rival; hacer un gol de vez en cuando, y por casualidad. O sea, uno del montón, sin sorpresa, sin imaginación táctica, sin genio creador, sin el alma del “crack”. Uno de tantos, no uno distinto, que es el que hace la diferencia para su equipo, inventando, jugando con habilidad, haciendo goles deslumbrantes, teniendo visión de campo y posibilidades de anticipar la consecuencia favorable de una maniobra individual o colectiva. En suma, es el que sobresale, como Maradona y Messi, por ejemplo.

Ahora bien, si en este deporte hay jugadores distintos y comunes, al igual que en todo el resto de las actividades mundanas del hombre, ¿existirán los políticos “distintos”? En todo caso ¿dónde están?, ¿quiénes son? Siendo la política una tarea -científica, para algunos-, seguramente habrá quienes se destaquen por sus saberes y éxitos, permitiéndoles el acceso a los lugares privilegiados del poder, o de gobierno. Hay que tener habilidades especiales en el campo de la política para ser un elegido (elegido primero por sus pares y luego por la ciudadanía, o la tribuna, como se dice).

Como en todas las actividades humanas, existe un paralelismo entre los deportistas y los políticos, aunque con una sutil diferencia. ¿Dónde? En las consecuencias: en el deporte el virtuosismo se observa en un estadio y los resultados en las tablas de posiciones y en la satisfacción de los simpatizantes. En la política, los efectos se ven el campo económico-social, donde los índices dicen bastante, siempre y cuando no sean manipulados desde el poder sin ningún escrúpulo, o bien con total desfachatez; rara habilidad de los dirigentes de hoy.

Eslogan y Constitución

Pero, si por definición la tarea política tiende al bien común, la suma de las actitudes individuales -en encarriladas en ese sentido- no puede tener otro resultado que muestre una sociedad mejor, justa, equitativa y solidaria, tal como rezan los eslogan de campaña. Sin embargo, no es lo que sucede últimamente; la tribuna no sonríe, sólo unos pocos lo hacen. ¿Dónde están los habilidosos de la política, los distintos, los que provocan satisfacciones en la hinchada? A igual que aquella comparación entre distintos y comunes, habría que analizar cuáles son estos últimos en el ámbito de la política para descubrir a los necesarios, a los decisivos, a los infaltables, a los que juegan en equipo y son capaces de asegurar el bienestar general, tal como reza la Constitución.

Tal como pasa con el universo de futbolistas, la política se ha convertido en una carrera donde todos son profesionales, porque conocen de antemano las bolillas para alcanzar la última materia con éxito (tema: como llegar a tener una cuota de poder propio; en el barrio, la ciudad, la provincia o la Nación). Lo primero que aprenden es que para ser un político exitoso hay que ir acumulando poder de a pedacitos, hasta ocupar cargos públicos que a su vez sirven de trampolín para instalarse en nuevos espacios jerárquicos de decisión. Ser político es una actividad que obliga a dejar atrás sensibilidades y a pensar en las apariencias. O sea que el distinto será aquel que mejor destaque con sus habilidades para dejar atrás a los adversarios que se le crucen, aunque más no sea a los codazos, en pos de espacios.

En “La publicidad política”, Francisco Izquierdo Navarro describe cómo se prepara a un hombre para ser candidato, y para ganar con ese trabajo. Entrega una serie de definiciones sobre los políticos, ciertamente universales, como, por ejemplo: “un político no es un hombre, es una imagen”. Y no cualquier imagen, sino aquella que los electores se tienten a comprar. El ingenio consistiría en mostrarse como lo que el pueblo quiere ver, no lo que necesita efectivamente. Algunos usan términos más despectivos para referirse a los votantes: “la gilada”.

Es lo que aconseja el escritor que, además, proporciona otras afirmaciones que sobrevuelan como verdades tácitas en el imaginario popular: “el instinto y el olfato político consisten en saber apostar exactamente por el bando que ganará”; “si no sabe ser hipócrita es que no sabe ser político”; “la política es una profesión en la cual es necesario aparentar sentimientos humanos, no sentirlos”. Al leer esas frases no se puede dejar de pensar en los que, por ejemplo, se acercan a un dirigente o a un partido mayoritario para encaramarse en lugares de decisión sin siquiera compartir su ideología. No importa, hay que aparentar. Lo importante es llegar. ¿Maquiavélico? Y, sí.

Ahora bien, ¿estas definiciones son las que designan a un político distinto? Si se observa la realidad, se descubre que muchos han llegado a puestos clave del poder basándose en estas premisas. Así está el país, y Tucumán también. Cuando se repasan esas expresiones no se puede menos que pensar en la dirigencia que llega a ocupar los principales puestos de decisión; aquellos sillones desde los que, siendo un buen jugador, se pueden tomar medidas para cambiar la vida de la gente.

¿Para quiénes son las grandes jugadas de estos habilidosos que consiguieron dejar atrás la marca opositora, eludieron sensibilidades y pudieron gambetear lo que quisieron desde el poder? La tribuna que los vitorea y festeja sus goles está integrada por los punteros o barrabravas modernos, por los privilegiados que llegan a los palcos del poderoso con entradas de favor, por los simpatizantes alquilados y comprados con bolsones y por aquellos ingenuos -amantes de la camiseta partidaria- que se conforman conque estos “distintos” no sean como los anteriores -o no se parezcan-, que se diferencien haciendo algo que los otros no lograron. En esa línea, el discurso del sucesor siempre es de tono acusativo contra los antecesores: que la época de los 90, que estamos mejor que en 2001, que los chicos antes se morían de hambre o que ahora se hacen cosas que hace 30 años no se hacían. Y lo dicen los que fueron protagonistas también de las épocas que cuestionan. Valga otra afirmación de Izquierdo Navarro para entender: “si alguien siente escrúpulos en decir hoy una cosa y mañana otra que convenga más, su solución es sencilla: que se retire de la política”.

Malos resultados

Si la política fuera entendida según su concepto clásico como la actividad humana tendiente a gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad, tendríamos que pensar más en un trabajo en equipo donde los habilidosos marquen la diferencia en favor de todos los ciudadanos. Por los resultados, la política aún no parece ser entendida como un camino para mejorar las condiciones de vida desde el poder, sino concebida como un medio de subsistencia, donde los mejores jugadores tienen los mejores ingresos y contratos y donde la hinchada sólo puede aplaudir o desilusionarse.

Entonces, ¿quiénes son los distintos? Los que sacan ventajas sobre sus pares en el mismo curso de capacitación sobre “cómo convertirse en político”. Porque, como lo dice el escritor español: “un político no es igual nunca igual a otro político, incluso nunca es igual a si mismo”.

En el fútbol hay jugadores distintos y en el ambiente de la política, aunque parece que todos son iguales, los que sobresalen aún no alcanzan a hacer la diferencia para que el resultado beneficie al conjunto. Hay esfuerzos, se ganan partidos, se pierden otros, se empata, pero en la tabla no se sube. Hay grandes deudas todavía porque los habilidosos, los distintos de la política no desparraman por el piso los problemas, como adversarios a vencer. Es lo que muestra la realidad social. Mientras tanto, en lo deportivo, sigamos disfrutando de los Messi.

Comentá la nota