ENFOQUE DEL DOMINGO / La perinola marcada

Toma todo. La Casa de Gobierno no sólo tiene el control de la Legislatura, sino que también podrá elegir los jueces sin métodos objetivos. La oposición juega a perder. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.
No es el mismo. No tiene nada que ver con el que comenzó.

José Alperovich juró ser gobernador después de haber hecho la primaria en el Ateneo Radical, la secundaria en el Ministerio de Economía de Julio Miranda y la universidad y el posgrado en el curso acelerado -tomado cuando era senador nacional- que le dictó Eduardo Duhalde.

La gestión tenía deudas por todos lados. La desnutrición, el desorden y la falta de vínculos nacionales eran un lastre que auguraba un rápido hundimiento. Alperovich supo transmitir su imagen de trabajador, de hombre que se levanta temprano y ya está tomando decisiones, y consiguió resultados que se basaron en un trípode: su hiperactividad y su organización; la buena relación que consiguió con la Nación, y los pésimos antecedentes que lo precedían.

Fueron pasando los años y consiguió lo que quiso. Desde logros en la gestión hasta triunfos electorales indiscutibles, pasando por caprichos inesperados.

Hasta ahí llega el Alperovich que, con su gestión, facilitaba la tarea de su consultor privado, Hugo Haime, quien, en el trabajo de campo de las encuestas, siempre cosechaba buenas nuevas.

Pero apareció el otro Alperovich, el que no escucha razones y que, lejos de ponerle el moño a su trabajo, sólo está preocupado por ganar pulseadas personales. Ese es el “pero” de todos.

Ese ambición desesperada de poder, comparable sólo con lo que ocurría durante la década menemista, es la que esta semana consiguió lo que ningún estadista debería darse como lujo. Logró que los jueces puedan ser designados según su arbitrio y no de acuerdo a un sistema objetivo, según el cual las capacidades, los antecedentes y los concursos puedan definir quiénes son los magistrados más idóneos para que la sociedad crezca, confíe y dé un gran salto en calidad institucional.

“Antes tampoco era así. No había grandes exigencias ni concursos. Entraban los amigos, las esposas o quien fuere, a pesar de que había un Consejo Asesor de la Magistratura”. Es la primera respuesta que sale del oficialismo para justificar lo injustificable. El Alperovich de la primera época solía decir que quería dejarle lo mejor a Tucumán. La ley que les hizo aprobar a sus legisladores convierte en falsa esa afirmación.

Alperovich y su ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, se relamen los bigotes pensando quiénes pueden ser los amigos que ocuparán los despachos vacíos de la diezmada y dependiente Justicia tucumana.

El neo-Alperovich -el del martes, al menos- defendió sus reuniones con el vocal -e íntimo amigo- Antonio Estofán. “Es mejor que nos reunamos a plena luz del día y en mi despacho que a las 2 de la mañana”, reflexionó. Alperovich se miró en el espejo del pasado menemista cuando se hacían pactos espurios y hasta la Constitución se reformaba en las casas particulares.

Pero la discusión está muy lejos de eso. Mientras su imagen de poderoso que todo lo puede se consolida, la Justicia aparece rendida a sus pies. Transmite la sensación de que no tiene sentido un pleito en Tribunales. Hay que hacer lobby para llegar al despacho del mandatario provincial que, en realidad, debería ser controlado por el Poder Judicial.

Las instituciones de la República se debilitan, se derrumban ante la imagen del mandatario que parece un “general” ante quienes todos se rinden.

En una democracia tan joven como la argentina, Tucumán podría convertirse en un feudo en el que la ley se dicta en el mismo despacho donde se la promulga y según la cual se juzga, también en el mismo lugar.

Por eso hoy la imagen de aquel Alperovich ejecutivo que incluso abrazaba como amigo a quien se cruzase con él ha trocado hoy en la de un enemigo al que todos quieren derrocar, porque le tienen miedo, pero también porque es un peligro que no tenga ningún freno ni control.

La ayuda del adversario

Alperovich hace todo lo que puede para no tener ningún freno. Los opositores, también. Lo ayudan siempre que pueden. Pobres. Están tan preocupados en qué hacer el año que viene y ver cómo se organizan que todavía no pueden ver los aviones que pasan a sus costados, porque están mirando para otro lado. Y las instituciones ya tienen el agua hasta el cuello.

El Movimiento Productivo Argentino, el MPA duhaldista, estaba entusiasmado con tantas reuniones en Buenos Aires y con el lanzamiento de su estructura en Tucumán que no vio cómo en menos de una semana le pegaron un mazazo al muro de la independencia judicial. Fernando Juri se mueve con una fiebre inusitada. Sabe que debe convertirse en el referente del peronismo opositor, con un perfil de centro-derecha, pero no tiene problemas en juntar a todos los que pueda. Los hermanos Bussi (Ricardo y Luis José) lo cansaron después de coquetear con José y con él. También siente el aliento en la nuca de los ambiciosos ruralistas que no sólo están dispuestos a entrar en las arenas políticas sino que tienen más internas que los radicales ya que más de uno se pone el traje de candidato.

Desperdigados

El jurismo soñaba con juntarlos a todos para tener más fuerza. Pero el acuerdo de Elisa Carrió con la UCR desbarató algunos planes. La irrupción de Ricardo Falú de la mano de “Lilita” dejó en off side a más de un jugador en Tucumán.

Uno de los que andaba rumiando broncas por esta entente era nada menos que el ex fiscal anticorrupción -su mejor antecedente político- Esteban Jerez. Uno de los hombres que lo inventó a él le cortó el camino político que se venía construyendo. Falú le rebanó las alas a Jerez. Ahora, el legislador seguramente volverá a coquetear con el MPA jurista.

Otro que también anduvo seducido por los flashes porteños y por la búsqueda de padrino fue José Cano (quién sabe a qué puede postularse). Tal vez haya logrado ser el opositor que más oposición hizo. Sin embargo, todavía no sabe candidato de qué y por quién será.

A él, como a Juri, le vienen bien las fotos con el vicepresidente Julio Cobos, pero todavía nadie sabe para qué. Menos aún Cobos, quien ya debe haber tomado la decisión de abrirse y hasta de ser candidato a presidente, pero que no dejará su puesto en el Senado, por lo menos hasta los comicios del año que viene. Y si a los “K”, les va mal, tal vez ni siquiera abandone ese puesto de lucha.

Ni Juri, ni Falú, desde el ignominioso llano, ni Cano ni el diputado José Ignacio García Hamilton, desde sus bancas, mantuvieron la atención necesaria para impedir la pérdida del último bastión de control y de independencia que le quedaba a la sociedad. Son cuatro potenciales candidatos a los que la sociedad mira. Sin embargo, se les escapó la liebre.

Tarea para la casa

El “Malevo” encontró su destino pegándose un tiro. Las sociedades, como los hombres, a veces asumen estas actitudes. Alguna vez la Argentina se pegó un tiro y zarpó hacia Malvinas. Otra vez se confundió en tiroteos y terminó con más de 30.000 desparecidos. Por estos días, se han puesto las instituciones frente al pelotón de fusilamiento. Por lo general la toma de conciencia de los errores lleva tiempo. Esa es la tarea de los políticos. Siempre y cuando estén atentos al bienestar general y no al propio.

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