La energía para este invierno

Las condiciones climáticas más benignas y la restricción de la demanda, provocada por la recesión económica, no bastarán para disimular el gran deterioro que padece el sector energético en la Argentina
La manta es cada año más corta. Las benignas condiciones climáticas que se pronostican para este invierno y la menor demanda de energía provocada por una caída en el nivel de actividad no lograrán disimular el deterioro que sufre el sector energético en la Argentina, que conduce al desabastecimiento petrolero y obliga, por segundo año consecutivo, a importar gas natural licuado (GNL).

Es probable que en la temporada invernal que se inicia dentro de un mes el Gobierno no deba recurrir a sus ya acostumbradas prácticas de emergencia, como el corte de energía a determinadas empresas, apagones generalizados o la exigencia de ahorro de electricidad tanto a particulares como a industrias. Pero eso no será consecuencia de una correcta política energética, sino de cuestiones ajenas al sector.

Según la opinión de especialistas consultados por La Nacion, la Argentina sigue sin contar con una política de Estado de largo plazo y enfrenta serios problemas estructurales sin solución a la vista, una realidad que tornará al país cada vez más dependiente de la importación.

"Si no se piensa en una política de largo plazo, los próximos inviernos serán terribles. No se aumenta el parque térmico y seguimos con una matriz energética muy dependiente del gas o combustible líquido", afirmó el ex secretario de Energía Enrique Devoto, quien agregó que, de haber seguido el ritmo de crecimiento económico de los últimos años, ya se estaría en presencia del colapso.

"No son las buenas razones las que nos salvan de un invierno problemático, sino las malas", sintetizó Daniel Montamat, hombre que también tuvo a cargo la Secretaría de Energía.

Los antecedentes de los últimos inviernos refuerzan estas opiniones. Para evitar cortes de luz o alzas en tarifas eléctricas y pagar los costos de generación local y de importación de Brasil, la presidenta Cristina Kirchner debió destinar el año pasado 4500 millones de dólares a subsidiar ese sector, el equivalente de lo que le costaría al Estado construir, por ejemplo, seis usinas de 800 megavatios que hubieran solucionado la crisis energética.

En 2007, cuando se registraron temperaturas bajísimas, el exceso de demanda, las escasas inversiones, el congelamiento de precios, la escasez de oferta y la falta de un marco regulatorio que diera certezas a los inversores puso contra las cuerdas a varias empresas, que tuvieron que reprogramar turnos, suspender personal o, directamente, dejar de producir o de prestar servicios.

Si bien se inauguraron las centrales eléctricas de Campana y Timbúes, aún están a media máquina y producen 1000 megas en lugar de 1500. "Se produce menos y con menor eficiencia, porque en el ciclo abierto, que es como funciona ahora, no se reutilizan los vapores para generar más energía, como sí ocurre con el ciclo combinado", aclaró Montamat.

Además, el economista comentó que las obras correspondientes al plan Energía Plus están, en su mayoría, incompletas. "Lo importante -prosiguió- es Atucha II, que hay que terminar, y Yacyretá, que también está con problemas de financiamiento porque en el presupuesto nacional se le destinan recursos escasos."

LA NACION intentó comunicarse con el Ministerio de Planificación Federal para consultar acerca del avance de obras para el sector y sobre la existencia de un plan de largo plazo, pero no recibió respuesta alguna.

Barco regasificador

De lo que sí se tuvo noticia es de que el buque regasificador que provee GNL al país a precios diez veces más altos que lo que se le paga al productor local volverá a amarrar en el puerto de Bahía Blanca, tal como lo hizo el 29 de mayo del año pasado. "Sí, ya está contratado", confirmó Santiago Urbiztondo, economista de la Fundación de Investigaciones Económicas de Latinoamérica (FIEL), cuando se lo consultó sobre esa posibilidad.

Otro ex secretario de Energía, Jorge Lapeña, tildó a esta operación de poco planificada, de corto plazo y exorbitantemente costosa. "Una forma adecuada sería importar como lo hizo Chile, con una infraestructura preparada para almacenar."

Juan Rosbaco, consultor en temas petroleros y docente de las carreras de Petróleo en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), advirtió que cada año se deberá importar más y a valores más altos. "Si no producimos, tenemos que traerlo desde afuera a un precio internacional que es mucho más caro que lo que se les paga a los productores locales. La brecha es muy grande: acá cuesta dos dólares el millón de BTU, el de Bolivia es tres veces mayor y el que se trae en el barco regasificador está diez veces arriba", indicó.

Si se cumplen los pronósticos meteorológicos (ver aparte), el albur del clima ayudará a demorar algunos dolores de cabeza, pero no evitará que las causas estructurales del déficit energético persistan.

El ajuste de las tarifas de electricidad y gas, anunciado en noviembre de 2008 y efectivizado a fines de enero de este año, es otro factor que restringirá la demanda y brindará alivio. Pero, según opinó Urbiztondo, su efecto no será significativo.

"Los mayores aumentos sólo alcanzan a un reducido número de usuarios, por eso no habrá una gran retracción de demanda por este lado; puede llegar a lo sumo al 5% del consumo de gas y electricidad residencial que es el 1% del total de la demanda de electricidad", explicó este especialista en regulación de servicios públicos. Y agregó: "Salvo que haga mucho frío, el invierno va a estar moderado en cuanto a la demanda. Si vuelve a ser como el de 2007, puede haber un estrés, porque se hizo poco para mejorar la oferta".

Lo cierto es que la demanda energética crece significativamente desde 2001, mientras que la oferta disminuye. Dos indicadores que inducen a presagiar que el país deberá sortear futuros inviernos con una "manta energética" cada vez más corta.

Un estudio elaborado por el economista y ex secretario de Energía Alieto Guadagni para la consultora Econométrica, titulado "¿Hacia una energía escasa, importada y cara?", muestra los números que expresan la decadencia del sector. Según se indica allí, la producción de gas creció todos los años desde 1990 hasta 2004, pasando en ese período de 23.000 millones de metros cúbicos a 52.400, es decir un aumento del 127,8 por ciento. A partir de ese nivel máximo, empieza a caer ligeramente todos los años hasta ubicarse, en 2008, en 50.400 millones de metros cúbicos, una caída acumulada del 3,8 por ciento.

En lo que respecta al petróleo, 1998 es el año en el que se registra el mayor nivel de producción de la historia (49,1 millones de metros cúbicos), pero a partir de ese mojón comienza un período que lleva diez años consecutivos de declinación, en el que cada año se produce menos que en el anterior, hasta llegar a que hoy sea la cuarta parte del pico máximo.

Diagnóstico compartido

Desde Madrid, Guadagni lanza un diagnóstico compartido por varios de sus colegas: "Es altamente probable que la Argentina pierda el autoabastecimiento no sólo de petróleo, sino también de gas, ya que hace tiempo que disminuyen las reservas y la producción de ambos hidrocarburos".

Un informe presentado hace un mes por ocho ex secretarios de Energía también advierte: "El país se encamina hacia la pérdida del autoabastecimiento energético". El estudio, elaborado por Montamat, Guadagni, Devoto, Lapeña, Julio César Aráoz, Emilio Apud, Roberto Echarte y Raúl Olocco, señala, además, que la Argentina perdió la oportunidad de realizar inversiones exploratorias en su territorio durante el período de precios altos del crudo.

"El diagnóstico es que estamos mal y vamos peor si seguimos por este camino. La energía no sigue el crecimiento económico, nos comimos las reservas de petróleo, gas y electricidad. Y no se puede salir de este atolladero en el corto plazo, sino que se tienen que hacer inversiones a largo plazo", dijo Montamat.

Según explicó, para hacer esas inversiones hay que dar certidumbre en precios, y fijar reglas y estrategias claras, porque todo el desembolso no lo puede hacer el Estado, y es necesario atraer otros capitales. "La inversión por año para acompañar un crecimiento del 8% es de alrededor de dos puntos del producto, que son 6200 millones de dólares por año. Entonces, sí o sí, se necesita recrear condiciones para que vengan inversiones", estimó.

En materia energética, las inversiones tardan unos diez años en dar sus frutos. Esta característica hace aún más imperiosa la necesidad de lanzar cuanto antes un plan que permita volver a la exploración.

¿Hay posibilidades de descubrir petróleo y gas nuevo?, preguntó LA NACION. "En un marco de certidumbre e inversión, sí; pero con esta administración la suerte está echada y no lo vamos a ver. Seguirán trabajando en el corto plazo, con medidas que no son más que parches", respondió Montamat.

34%

Mayor demanda de gas

* El aumento muy superior a la oferta entre diciembre de 2001 y diciembre de 2008 obligó a importar.

39%

Oferta en baja

* En el mismo período en que creció la demanda de gas, las reservas comprobadas cayeron un 39 por ciento.

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