Las encuestas dieron sus señales desde el principio

Por: María Braun

Sociologa (directora de MBC - MORI)

Las elecciones del domingo cambian la configuración del escenario político, obligan a replanteos en la dirigencia y dejan varias lecciones sobre las preferencias ciudadanas. Dos análisis sobre la importancia de estos comicios y sus resultados.

Esta elección ha vuelto a mostrarnos una serie de estereotipos sobre las encuestas preelectorales. Desde políticos afirmando no creer en ellas, hasta medios denunciando la manipulación que el gobierno hacía de los números y de los encuestadores, pasando por una crítica del papel de los consultores en las campañas, lo cierto es que hoy -como desde hace ya tiempo- es un lugar común cuestionar a las encuestas. Se cuestiona su creciente protagonismo en los procesos electorales; se les atribuye capacidad para influir sobre el votante; finalmente se les reprocha -o festeja- sus errores o aciertos a la hora de los resultados.

¿Han jugado las encuestas un rol diferente en esta eleccion? Pareciera que no. Porque no es esta seguramente la primera vez que se deciden lugares en las listas en base a estudios de imagen, ni que se construye una plataforma partidaria en funcion de lo que la sociedad pide, ni que un político se propone cambiar su estilo a partir de las sugerencias de los expertos en comunicacion. Como tampoco es ajena a este creciente protagonismo de las encuestas la crisis de los partidos y del sistema de partidos: si en los primeros años de la democracia casi un 40% del voto a los principales partidos podía explicarse por afinidad partidaria, hoy ese porcentaje se ha reducido drásticamente.

Las encuestas jugaron entonces el rol que juegan normalmente en contextos pre-electorales: a la dirigencia política le sirvieron para auscultar climas, detectar demandas y elaborar discursos; a los medios para informar pero también para producir acontecimientos; a la gente para consumir informacion atractiva. Y a los encuestadores para poner una vez más a prueba su expertise y su independencia. Porque es obvio que no toda encuesta es igual, que las hay mejores y peores, y que aunque esto depende fuertemente de los recursos disponibles, depende también de la capacidad del encuestador para interpretar los datos, por un lado, pero también para sustraerse de las lógicas presiones de una informacion que se instala en un campo donde hay otros actores, como son los políticos y los medios de comunicación.

Las encuestas mostraron sí algunas particularidades de esta elección. Una eleccion que se planteó en un escenario de creciente evaluacion crítica de la gestion de gobierno, de deterioro de las expectativas, y de fuerte caída en la imagen de la Presidenta y de Nestor Kirchner. Y donde los principales caballitos de batalla del oficialismo -la amenaza del caos que seguiría a una eventual derrota y la convocatoria al apoyo plebiscitario a los caudillos testimoniales- no tuvieron mayor suerte a los ojos del electorado: diez días antes de las elecciones una encuesta de MBC-MORI mostraba que una tercera parte de quienes decían que iban a votar a de Narváez habían votado al Frente para la Victoria en el 2007. Vimos un electorado dispuesto al cambio, que no creyó en la amenazas de un futuro negro si se atrevía a cuestionar algo del modelo. Vimos que la polarizacion no dejó afuera a terceras alternativas, vimos una puerta hacia un congreso más plural, y de tal modo pueden leerse los resultados.

Ahora bien, es bueno recordar que existen otros usos de las encuestas. Como se señala en el libro "Opinión Pública: una mirada desde América Latina" del que soy co-autora junto a Cecilia Straw, realizado en base a trabajos presentados en el Primer Congreso Latinoamericano de Opinion Publica de WAPOR, existe una incidencia inocultable de los estudios de opinión y su nivel de desarrollo en América Latina sobre aspectos tan fundamentales como la gobernabilidad o las nuevas formas de ciudadanía- así como la necesidad de prestar debida atención a cuestiones de carácter metodológico -como la confiabilidad de las encuestas de boca de urna o las formas de medir la adhesión a la democracia. Se trata, en todos los casos, de indagar las percepciones, opiniones y valores, más allá del acierto o no en los dos puntos de diferencia.

Comentá la nota