La encuesta que dio la alarma y empujó la decisión kirchnerista

Por: Julio Blanck

La definición tiene su cuota de espectacularidad: "El escenario de la Provincia es una bomba de tiempo. Si se mantiene la fluidez de estos días, puede haber un virtual triple empate". Lo dice Julio Aurelio, consultor histórico del peronismo que además trabaja para Mauricio Macri. Fue él quien le alcanzó a Daniel Scioli, esta semana, los datos que empujan la decisión de jugar al gobernador en la lista de diputados para la elección de junio, como salvavidas de Néstor Kirchner. Aurelio le anticipó a Scioli, el martes, los adelantos de su monitoreo en toda la provincia. Fue horas antes de que Kirchner dijera, en La Matanza, que el mejor candidato era Scioli. Algunos pensaron que era una broma.

Aurelio le anticipó a Scioli, el martes, los adelantos de su monitoreo en toda la provincia. Fue horas antes de que Kirchner dijera, en La Matanza, que el mejor candidato era Scioli. Algunos pensaron que era una broma.

La medición se hizo entre lunes y martes, fueron 2.113 personas encuestadas, todas ellas mayores de 18 años y en condiciones de votar. Los números finales, a los que tuvo acceso Clarín, explican el escalofrío kirchnerista. Hubo apenas 5,1% de ventaja de Kirchner sobre Francisco De Narváez en la intención de voto. Y después muy cerca, a menos del 3% del peronismo disidente, el acuerdo Coalición Cívica-radicalismo subiendo a paso firme, empujado por el vigoroso "efecto Alfonsín", esto es, la muy alta valoración social del líder radical recién fallecido.

Para mayor preocupación oficialista, el 31% de Kirchner estaba muy lejos del piso de 40% con que se puede sentir que la elección está bien ganada. Las variantes de la oposición sumaban más del 60% de intención de voto. Se registraban pocos indecisos reconocidos. Y había un fenómeno de alta volatilidad de los votantes, lo que Aurelio define como "gente muy convencida de una posición, que es distinta de la posición que los tenía igual de convencidos unas semanas atrás".

En las consultas a los encuestados se mencionaban como posibles acompañantes de Kirchner en la lista de diputados a José Scioli, hermano del gobernador, portador de apellido y pieza clave en el engranaje de la administración bonaerense, y a Sergio Massa, el jefe de Gabinete que sonaba para candidato a diputado, aunque también se hablaba de su retorno a la intendencia de Tigre.

La conclusión política de la encuesta era que ni siquiera Kirchner alcanzaba a garantizar el triunfo que él y Cristina necesitan en la Provincia. Entonces nació, fulminante, el operativo Daniel Scioli candidato. Y los intendentes también candidatos en sus municipios, las polémicas "candidaturas testimoniales" de los que se postulan para cargos que no piensan ocupar, y toda la conmoción desatada en estas horas.

Factor central de análisis, para la adopción de esta estrategia a todo o nada, fue la expansión del "efecto Alfonsín" en la Provincia.

Alfonsín falleció el martes 31 de marzo, su velatorio y funerales se extendieron por dos días y fue llevado al cementerio de la Recoleta, en medio de una formidable demostración popular de respeto y reconocimiento, el jueves de la semana pasada. Los encuestadores salieron a medir inmediatamente después. Y detectaron la trepada del voto radical, como resultado de una revitalización de esa identidad partidaria en amplios sectores del interior provincial.

Así, sumándose a la buena instalación que Margarita Stolbizer ya traía en sectores del campo -hasta ayer mismo intentó sumar a su lista a Mario Llambías, el belicoso jefe de Confederaciones Rurales- el acuerdo Coalición Cívica-UCR aparece ganando el interior bonaerense. Aventaja allí por escasa diferencia a la dupla De Narváez-Felipe Solá, que parecía contar hasta ahora con el favor mayoritario de los productores. El kirchnerismo, en esos distritos agropecuarios, es tercero cómodo.

En cambio, la lista de Kirchner mantiene su dominio en el Gran Buenos Aires. Pero a un alto costo, porque reúne -de acuerdo a este sondeo- una intención de voto promedio del 35,9%. Esa fue otra señal muy fuerte de alarma porque en el conurbano, donde reina el aparato manejado por los dirigentes que antes fueron de Duhalde, y que es la sede de su sostén más fuerte, el kirchnerismo estaría perdiendo más de 15 puntos respecto de la elección de hace casi dos años.

En el desglose del GBA, Kirchner alcanza un 32,4% en el primer cordón, integrado básicamente por los distritos que limitan con la Capital; y trepa al 39% en el segundo cordón, que echa raíces en las zonas más pobres. Según los peronistas que conocen ese territorio, el resultado en el primer cordón no es del todo malo, pero el número del segundo cordón está muy lejos de lo aceptable. Allí, hace dos años, Cristina superó con comodidad el 50% y había llegado al 60% en varios municipios.

En el análisis de Aurelio, con el peronismo disidente estabilizado y firme, lo nuevo en el escenario bonaerense vendrá por la eventual persistencia del "efecto Alfonsín" y por el impacto que pueda tener la postulación de Scioli y los intendentes junto a Kirchner.

Así como el conflicto con el campo catapultó la figura del vicepresidente Julio Cobos a un lugar de popularidad impensado hace un año y sostenido sin mengua desde entonces, la repercusión de la muerte de Alfonsín transforma por ahora a su hijo Ricardo en una nueva referencia fuerte de la política bonaerense, y así lo refleja la encuesta.

En cuanto a la inesperada jugada de Kirchner, implantando a Scioli y a los intendentes en las listas, deformando el sentido de las candidaturas en tributo a un intento plebiscitario, aún está por verse si aumenta su potencia electoral y lo acerca a la victoria que necesita para sostener el poder, o por el contrario se dispara un "efecto boomerang" que termina volviéndose en su contra, sin remedio y sin tiempo para intentar otra jugada.

"Nada está dicho", apunta Aurelio, viejo zorro, sobreviviente de tantas elecciones. Nadie podrá decirle después que no avisó.

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