Las encrucijadas de Cobos

Por Jorge Rosales

La encrucijada en la que está Julio Cobos frente al caso Redrado se resolverá mañana. Será sólo un paso más en el camino de las definiciones que estará obligado a dar de aquí en más en su intención de convertirse en candidato a presidente. No le será fácil a Cobos transitar ese desfiladero convertido en jefe de la oposición y al mismo tiempo seguir siendo el vicepresidente de un gobierno del que ya no forma parte.

La crisis institucional lo vuelve a colocar en un lugar donde su voz tendrá un peso extraordinario. Difícilmente pueda torcer el destino de la crisis del Banco Central. Pero su papel de árbitro obliga a todo el espectro político a poner la mirada sobre este ex gobernador mendocino que pretende suceder en el poder a los Kirchner. Contra la posición de la UCR, que considera que la renuncia de Redrado convirtió en abstracta cualquier definición sobre el renunciante presidente del Central, Cobos emitirá una recomendación a la Presidenta. Como la noche del voto no positivo, habrá que esperar hasta que llegue el momento de la definición para conocer su veredicto.

Cobos sabe que la sociedad aplaudió su actitud en julio de 2008, cuando la crisis del campo amenazaba con desbocarse. Ese papel le valió la consideración general como el garante de la institucionalidad. ¿Pero no rompe ese contrato si especula desde una posición de privilegio y adopta actitudes personales en lugar de actuar en defensa de la institucionalidad, como se le reclama, más allá de su propio beneficio? Esa es la nueva encrucijada de Cobos. Cómo actuar para que la sociedad continúe considerándolo y su imagen pública, tras los desplantes de los Kirchner, se mantenga elevada.

Al margen de la decisión que adopte el vicepresidente, el Gobierno continuará "profundizando el modelo" y todo su esfuerzo estará en las negociaciones para conseguir el aval parlamentario para la creación del Fondo del Bicentenario. En Olivos se cuentan los votos en el Congreso y se prometen proyectos, como la reforma de la carta orgánica del Banco Central para destinar reservas a fomentar el desarrollo. Los gobernadores esperan con las manos abiertas ese cambio, pero para poder conseguirlo deberán respaldar primero el polémico fondo.

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