La encrucijada de Boudou

Por Martín Kanenguiser

El ministro de Economía, Amado Boudou, sabe que su gestión no tendrá credibilidad alguna si no hace algo para restaurar la credibilidad del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). También reconoce que no puede esperar al dictamen de un grupo de universidades para ver si logra ese objetivo, mientras US$ 2000 millones se fugan cada trimestre del sistema financiero local y el país no tiene acceso al crédito.

Por eso, ayer blanqueó que antes que cualquier otra medida, debe cambiar la percepción de la sociedad y los mercados en torno de las estadísticas oficiales.

En ese contexto, el economista Roberto Frenkel le planteó cinco medidas concretas que puede tomar para hacerlo sin necesidad de someterse a discusiones eternas con el sector académico. Todas van en el mismo sentido: medir los precios como se hacía hasta enero del 2007, cuando la mano de Guillermo Moreno invadió el Indec por orden de los Kirchner.

La resolución de la encrucijada parece simple, pero no lo es.

Si lo hace, el gobierno pagará el costo político de admitir que la economía no crece y que subieron el desempleo, la pobreza y la inflación.

Pero si no lo hace, según le advirtieron ayer, el costo será mucho mayor: se acelerará la salida de capitales, por lo que de hecho habría un desdoblamiento cambiario y las posibilidades de recuperación económica se alejarán. En esa sintonía, también se esfumarán, como reconocen en privado el ministro y el jefe de Gabinete, las posibilidades del gobierno de conseguir para si o para el resto del peronismo un triunfo en las próximas elecciones presidenciales.

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