El encanto del independiente

Con sólo el 2,44% de los sufragios en la primera vuelta, el Partido Independiente uruguayo puede dar la victoria a José Mujica en el ballottage.
El triunfo de José "Pepe" Mujica en la segunda vuelta electoral en Uruguay podría depender de una agrupación, el Partido Independiente (PI), que el pasado domingo obtuvo sólo el 2,44% de los votos. La cúpula del PI decidirá el jueves si mantiene su decisión de dejar en libertad de acción a sus seguidores o cambia su postura pidiendo el voto por el Frente Amplio (FA). "El panorama ahora es nuevo y tenemos que analizarlo. Pero por ahora lo que está en pie es lo que he anunciado en los discursos previos", dijo Pablo Mieres, candidato a presidente del PI. En un escenario de empate entre el oficialismo y la alianza no escrita de los partidos opositores Nacional (blanco) y Colorado, la decisión que tome Mieres será determinante para el ex líder tupamaro. Es una cuestión de matemática pura: Mujica obtuvo el 47,5% de los votos, y le bastarían los votos del PI para lograr la presidencia.

Mieres, sin embargo, ha retaceado el apoyo a Mujica, sobre todo por sus esfuerzos para distanciarse del oficialismo. Su carrera política está íntimamente ligada al FA, agrupación que integró en los años 80 como miembro del Partido Demócrata Cristiano del Uruguay. A partir de 1989, el dirigente inició una larga carrera de amor y odio hacia el Frente que terminó con la ruptura definitiva en 2003. En estas elecciones logró sumar una banca a la que tenía en la Cámara de Representantes (Diputados), aunque quedó fuera del Senado.

"La peor noticia es que un partido político volvió a obtener la mayoría parlamentaria", declaró Mieres, una vez confirmado que el Frente había obtenido en el conteo final 16 de los 31 senadores. La situación se encontraba aún indefinida en Diputados, donde todo depende del escrutinio de 32 mil votos observados.

El resultado final, previsto para el viernes, definirá el destino de una banca que podría dar el escaño número 18 al Partido Colorado o la mayoría al FA, que alcanzaría los 50 diputados.

En cuanto al voto por departamento, el Frente ganó en 11 circunscripciones, incluido Montevideo, donde obtuvo el 56% de los votos, y los blancos en ocho.

Es en este escenario que Mujica y Lacalle disputarán la segunda vuelta el 29 de noviembre. El Partido Nacional destacará la experiencia de su candidato y su presunta capacidad para generar acuerdos políticos. Para alcanzar el objetivo de recuperar el gobierno que ocupó entre 1990 y 1995, Lacalle contará con el respaldo "incondicional" del candidato presidencial "colorado" Pedro Bordaberry.

El ex líder tupamaro admitió en cambio que para el Frente "no hay mucha oferta en el medio" con la que forjar algún tipo de alianza. Sin embargo, los analistas no se animan a predecir si el apoyo de los colorados alcanzará a Lacalle para escalar los más de 21 puntos que lo separan de la mitad más un voto necesaria para ganar en la segunda vuelta. Tan empinada es la cuesta, que para la Constitución argentina Mujica ya sería presidente electo desde el pasado domingo.

La izquierda uruguaya enciende los motores rumbo a Madrid

En un intento por demostrar que la fórmula del Frente Amplio cuenta con aceptación internacional, José "Pepe" Mujica y su candidato a vice, Danilo Astori, planean viajar a España antes del ballottage del 29 de noviembre para entrevistarse con el jefe de Gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero. En su primer viaje electoral fuera de América Latina, el ex tupamaro buscará alejar los fantasmas creados por la derecha uruguaya de que su elección significaría un giro a la "izquierda radical". El 18 de octubre, en un acto de apoyo al Frente Amplio en Madrid, el PSOE liderado por Zapatero expresó su apoyo a Mujica para suceder a Tabaré Vázquez.

OPINIÓN

El impulso socialdemócrata y su freno populista

Hebert Gatto (Analista político uruguayo, máximo especialista en el movimiento tupamaro y autor de El cielo por asalto)

Los uruguayos, fieles a su estilo, resolvieron parcialmente su pleito electoral con más permanencias que discontinuidades. Casi todas las fuerzas políticas retuvieron sus anteriores apoyos electorales y, como consecuencia, su importancia respectiva. Cuando eso no sucedió, como pasó con los blancos que sorpresivamente perdieron adhesiones, éstas las cosecharon los colorados, quienes conocidos los resultados optaron sobre tablas por apoyar al Dr. Lacalle en la segunda vuelta. Como si le reintegraran los votos. Repitieron así la coalición entre ambos partidos ya producida en las elecciones de 1999. Sólo que la primera fue a favor de los colorados y ahora es a favor de los blancos.

Por su parte, el Frente Amplio –que bajó dos puntos y fracción– no venció en primera vuelta pero obtuvo la mayoría absoluta de ambas cámaras y se perfila como el probable triunfador del ballottage dada su proximidad a la mayoría absoluta. El resultado no es sorpresivo si se tiene en cuenta que en este período de gobierno Uruguay tuvo tasas de crecimiento inéditas en su historia, al tiempo que mejoró considerablemente sus indicadores sociales. Por más que Tabaré Vázquez, un médico circunspecto y reservado, poco se asemeje a Pepe Mujica, un hombre contradictorio e imprevisible, cuya veta populista suele desbordar su prudencia.

Con todo y casi como una paradoja, además de cambio en hombres y liderazgos, hubo en el país otra modificación electoral mucho menos visible. Hasta ahora el Frente Amplio aparecía como una coalición que se había deslizado exitosamente desde sus orígenes marxistas hasta devenir una formación de predominio socialdemócrata con resabios retóricos latinoamericanistas. Bajo estas premisas triunfó en las últimas elecciones y con ellas, en las mejores condiciones externas, desarrolló su práctica relativamente exitosa.

Ahora mucho puede cambiar. Como resultado de estas elecciones, el sector mayoritario del Frente, tanto en las cámaras como en la estructura partidaria, se desplaza del sector socialdemócrata liderado por Astori y Vázquez a otro integrado por los ex guerrilleros del MLN (Tupamaros), quienes manteniendo un programa socialista antiimperialista por primera vez obtienen la mayoría absoluta de la coalición. La incógnita está planteada: ¿tendrá Mujica, surgido de filas tupamaras y electo con su apoyo, autonomía, personalidad y poder suficientes para continuar el gobierno de Vázquez, o al Uruguay lo esperan tiempos inéditos, en la senda de otras experiencias populistas latinoamericanas?

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