Encantado

Cuesta creerlo, pero es real. Finalmente el Centro Cívico fue terminado y a partir de hoy es el emblema provincial que llena el pecho de orgullo a los sanjuaninos.
Hace elevar la vista de arriba hacia abajo y de los jardines verdes y floridos hasta el techo. La estructura de cemento vidriada es como si fuera un gran espejo en el que todos quieren mirarse. Ver al Centro Cívico de San Juan erguido frente a la ciudad no tiene precio. Sí, aunque cueste escribirlo, aunque cueste decirlo a un comprovinciano, o a un amigo o un pariente a la distancia que en los últimos cuatro años no haya visitado la provincia, el Monumento al Cemento ya no existe. Lo terminaron. Y hoy empieza a funcionar con la inauguración del tercer tercio que hará la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, aquel en el que funcionará un lujoso despacho del gobernador José Luis Gioja.

Y quedó impresionante. Deja encantado a todo aquel que lo observe unos segundos, sobre todo aquellos que aún tienen en su memoria a la estructura de cemento gris opacando no sólo a la ciudad, sino también al ánimo de los sanjuaninos.

Tal vez allí radique el poder del encanto externo. Con sus veredas anchas. Los jardines floridos con el verde pujante del pasto y el diseño paisajístico de la arboleda que parece pintada a mano y decora al edificio a la perfección. Con esa precisión mágica que da el riego por aspersión y una iluminación baja que hace apreciar el exterior en su justa medida. Esos espacios verdes que ahora lucen perfectos y que permiten mostrar con orgullo la carga histórica que durante años guardaron casi secretamente, como si diera vergüenza decir lo que allí había.

Por eso encanta desde afuera y eleva unos segundos la imaginación de aquellos que se lo quedan mirando mientras esperan la luz verde de un semáforo. Porque marca un contraste total con aquellos días de alambrados, mediasombras o premoldeados con el que habían cercado a las estructuras de cemento. Cuando unos pericotes enormes se habían apoderado de la fuente que había en el espacio que recordaba a Julieta Sarmiento. Y las calles de los alrededores de un monstruo que dormía eran una especie de feria gastronómica de carritos que ofrecían todo tipo de comida al paso en medio de la oscuridad.

Ese impacto provoca que a muchos sanjuaninos aún les cueste encararlo para ir a conocerlo por dentro. Y disfrutar del encanto del majestuoso edificio, también desde adentro. Es que cuesta creer que es un lugar de todos. Que allí hay oficinas públicas. Que hay grandes ventanales que recrean la mente al poder divisar la provincia en sus cuatro puntos cardinales. Que los ascensores funcionan. Que está todo limpio, sin mugre o colillas de cigarrillos en el piso. Sin aquel olor característico a café o semita tostada de las oficinas públicas. Hay orden, todo está señalizado, con los elementos de seguridad listos para un caso de emergencia. El mobiliario es nuevo y dan ganas de sentarse a trabajar en los flamantes sillones, escritorios, muebles de archivos y con computadoras nuevas en cada área que aportan su granito de arena para tener un gobierno en red, informatizado.

Es cierto: así es como debe funcionar una repartición del gobierno. Pero es que con aquel estado de emergencia que impuso el terremoto del \\\'44, las oficinas públicas sanjuaninas eran, a grandes rasgos, pasillos de gente amontonada atrás de alguna cola que terminaba en una ventanilla.

Adentro, como afuera, el Centro Cívico es un mundo aparte en la ciudad. Y lo que termina de dar el golpe de gracia es el tercio del edificio que se inaugura hoy. Allí donde funcionará el despacho del Gobernador, sobre la avenida Ignacio de la Roza. Con lugares inimaginables a la vista externa, desde abajo hacia arriba, el edificio arranca con un estacionamiento oficial para 65 vehículos en ese sector; un auditorio para 345 personas; un anfiteatro con gradas y un escenario que funciona como plaza seca; una explanada exquisitamente decorada con plantas. Pero lo más impactante está en el primer piso, donde está el despacho de la máxima autoridad provincial. Consta de grandes salas con paredes de vidrio y sillones de living de cuero negro. En el medio hay grandes columnas que albergan paredes desplegables que dividen esos grandes ambientes en otros más reducidos. Allí también hay una sala pensada para las reuniones de Gabinete, con sillones personales y una mesa angosta y larga. Una antesala para las secretarias y las personas que esperan ser atendidas por el gobernador. Y el despacho principal, un lugar más íntimo que resguarda la intimidad. En ese sector también hay una cocina privada y un ascensor privado que funcionará con una tarjeta especial y une directamente al despacho del gobernador con el estacionamiento en el subsuelo.

Este tipo de detalles terminan de cerrar una promesa de 63 años que se viene a cumplir hoy. Y que en definitiva es uno de los principales motivos por los que el Centro Cívico encanta.

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