La UE se encamina hacia un estancamiento en el largo plazo

Por: Jorge Castro

Desafío mayúsculo. Sin una drástica transformación interna, Europa seguirá perdiendo influencia y se convertirá en un espectador del G-2 (EE.UU./China).

Finalizada la crisis mundial, Europa (UE/27) emerge retrasada frente a la rápida recuperación de Asia (China) y Estados Unidos. El continente europeo ha tomado una posición esencialmente defensiva frente a la crisis, procurando ante todo salvaguardar puestos de trabajo y evitar drásticas opciones políticas, con una fuerte tendencia a la parálisis en el sistema de decisiones. Atrás quedó la preocupación prioritaria por aumentar el nivel de productividad (Agenda de Lisboa/marzo de 2000) y desapareció la decisión de provocar "rupturas" en la rígida estructura social y económica europea, como señaló el presidente Nicolás Sarkozy en 2005.

El sector automotor, principal actividad industrial de la UE, experimenta este año una caída del 10% y tendrá otra de 5%/6% en 2010. El PBI europeo se contrajo 0.2% entre abril y junio, a pesar de que Alemania y Francia se expandieron 0.3% en el mismo periodo. También cayó la participación de la Eurozona (16 países) en el comercio internacional, que pasó de 31% en 2004 a 24% este año. El FMI prevé que la RFA crecerá 0.3% en 2010, en tanto España, Irlanda y Grecia experimentarán una contracción de -3% o más.

La población de Europa Occidental ascenderá a 189.5 millones de habitantes en 25 años (+0.7% en relación a los 188.5 millones actuales). EE. UU. alcanzará entonces 360 millones (+20%); e India llegará a 1.500 millones (+40%). Más de 30% de la población europea tendrá 65 años o más en 2035.

A partir de 1995, la productividad europea prácticamente se estancó (0.9% anual promedio); y en el transcurso de la crisis se tornó negativa. La Comisión Europea (Informe 2009) señaló que la tasa de crecimiento potencial de largo plazo de la UE (2% anual) caería a 1% desde 2020 en adelante, por el impacto de la crisis y el envejecimiento poblacional. Pero la Eurozona disminuyó este año esa capacidad a 1% anual y mantendría ese nivel en la próxima década. En síntesis, la UE se encamina hacia una situación de estancamiento de largo plazo.

La devaluación del dólar se ha transformado en eje de la preocupación financiera internacional en los últimos dos meses. Igualmente notable es que el euro no aparece como alternativa. Ocurre que es esencialmente una moneda regional (UE y adyacencias), no global. Lo que restringe su carácter global son las limitaciones de la productividad de la región.

Asia (China) ha salido de la crisis a través del aumento de la demanda interna y del consumo individual. Esto fija una nueva tendencia histórica, en que la mitad de la población mundial (3.350 millones de habitantes), que han sido hasta hoy productores y exportadores de bienes industriales trabajo-intensivos, se transforman en consumidores -con un creciente nivel de ingresos- incluso de bienes y servicios de alta tecnología.

El resultado de este nuevo mecanismo de acumulación es que la economía mundial se duplica en 20 años (64 trillones de dólares x 2) y emerge una sociedad global, con eje en Asia, guiada por una plataforma permanente de gobernabilidad: G-2 (EE.UU./China), G-20.

El proyecto europeo colocó la prioridad en los últimos 50 años en la construcción institucional; ahora, el carácter global y sincronizado de la crisis y de su recuperación lo obliga a mirar hacia afuera, a un mundo dominado por los "grandes espacios" de EE. UU. y China, junto con India y Brasil.

Hacia adentro, la necesidad obliga a Europa a aumentar rápidamente su bajísimo nivel de productividad y su escasa capacidad de crecimiento de largo plazo. Sin esta ineludible transformación, la influencia europea se desvanecerá, y la UE se convertirá en un espectador pasivo del funcionamiento del G-2, nuevo eje de la gobernabilidad mundial.

Comentá la nota