Empresas de Brasil reclaman por trabas a las importaciones

• Fabricantes de calzado abrieron plantas locales para poder importar
Empresarios brasileños, casi los únicos que están comprando empresas en la Argentina o invirtiendo en el país, amenazan con cerrar ese último chorro de fondos que le queda a la economía. La razón: la errática política de comercio exterior que practica el Gobierno, y la forma en que los afecta.

Si bien la arista más visible de la «gestión» de Guillermo Moreno es su control del INDEC, lo cierto es que hay otras áreas en las que el controvertido secretario de Comercio Interior también provoca polémicas. Es el caso de las denominadas «licencias no automáticas de importación», una barrera paraarancelaria que ya provocó la ira de los fabricantes brasileños de calzado radicados en la Argentina.

Seguramente aprovechando el acelerado descrédito en que cayó Moreno, varios empresarios de Brasil se animaron a quejarse de esa política en medios de su propio país. Cabe recordar que grupos como Paquetá -que radicó su fábrica en Chivilcoy, el pago natal del ministro del Interior Florencio Randazzo-, Vulcabras (licenciatario de las marcas Olympikus, Reebok y Signia, entre otras) y Penalty fueron habitués de los despachos oficiales en esta campaña electoral pero también en la que llevó a la presidencia a Cristina de Kirchner, para anunciar inversiones, creación de puestos de trabajo y sustitución de importaciones. Otras firmas brasileñas que se instalaron en el país son el grupo textil Santana (en el Chaco), Dass-Dilly (Misiones; fábrica para Nike, Adidas, etc.) y la propia Alpargatas Santista, que compró su homónima local.

Ese romance parece haber terminado de la mano de la llegada de calzado chino y de la obligación impuesta por Moreno, sin ninguna norma que la respalde, de exportar un dólar por cada dólar que se importe, algo que la mayoría de los importadores no están en condiciones de cumplir.

Así, el diario O Globo recoge ayer declaraciones de Milton Cardoso, titular de Vulcabras, en las que afirma que «con las restricciones a las importaciones brasileñas en el sector de calzado y la política del Gobierno argentino de incentivo a la producción nacional, compramos una fábrica allá en busca de oportunidades, pero ahora vamos a suspender la inversión: es que tras las elecciones del 28 de junio, el Gobierno decidió abrir la importación de calzado chino».

La afirmación no es del todo cierta. Si bien es verdad que se levantaron algunas restricciones a los pares provenientes de China, también lo es que se le puso un precio mínimo de u$s 15,50 al calzado no deportivo y se suspendió por cuatro meses el ingreso de ese tipo de mercadería.

La medida no parece satisfacer a los socios del Mercosur que, en virtud de las licencias no automáticas, vieron caer el 33% las exportaciones de calzado brasileño hacia la Argentina.

Por su parte, Penalty, otra firma brasileña, también se quejó de la política de retardar las importaciones. Esa empresa había prometido hace poco más de un mes una inversión de casi u$s 6 millones en una planta no propia (iba a operarla un socio local) para fabricar pares en Florencio Varela. «El Gobierno argentino no cumplió su promesa y estamos con un serio problema de falta de mercadería», dijo el director internacional de Penalty, Alexandre Estefano, el mismo ejecutivo que se había fotografiado con la ministra de Producción Débora Giorgi en el momento de anunciar esa inversión (en plena campaña) que ahora no se llevaría a cabo. Según relata a medios brasileños el propio Estefano, la inversión prometida había sido «una condición impuesta por Giorgi para liberar unos 200.000 pares que siguen retenidos en la Aduana argentina».

Las trabas a la importación afectan incluso a los fabricantes locales, que suelen traer del exterior partes para ensamblarlas (desde capelladas y suelas a cordones). La idea de Moreno -respaldada en buena medida por la Cámara de la Industria del Calzado- es que se fabrique todo localmente. Sin embargo, hay (sobre todo en calzado deportivo, que es menos del 15% del consumo total del país) tipos de zapatillas de «alta performance» que las grandes marcas elaboran en un puñado de plantas y abastecen desde allí a todo el planeta. A pesar de que sería impensable fabricar esas zapatillas «high tech» en la Argentina, el Gobierno dificulta su ingreso.

En sentido inverso, y también pese a las trabas oficiales, en 2008 entraron desde China más de tres millones de pares, a un valor promedio de u$s 5,50, y este año se esperaba duplicar esa cifra, algo que la imposición de un valor-piso de u$s 15,50 (casi el triple) debería impedir.

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