Los empresarios terminan 2009 pensando en trasladar a los precios los aumentos salariales del año próximo

Por Horacio Riggi

Cuando apenas faltan días para terminar 2009, la brújula de los empresarios no está enfocada en repasar lo que sucedió en el año, sino en ver qué pasará en 2010. Y en este sentido la principal preocupación está vinculada a los aumentos salariales, o mejor dicho, a si se concreta lo que piden los gremios (subas de entre 22% y 24%).

Es que lejos de pensar que los aumentos de los sueldos de los trabajadores terminarán en una "ansiada" redistribución de la riqueza, los empresarios aseguran que tales incrementos, si finalmente están en esos números, no se pueden restar de las ganancias de las compañías, y por lo tanto lo volcarán a los precios, al menos esta es la amenaza desde las sombras. Pero si finalmente este es el escenario, la inflación será más alta de la requerida por los mismos hombres de negocios, por el Gobierno y también por los propios asalariados que observarán cómo el aumento percibido se licuará cada vez que concurran al supermercado o carguen nafta, por ejemplo.

Es que la historia de lo que se cobra por una ventanilla y se paga por otra se repite en la Argentina desde hace años y no hace distinción en cuanto a las preferencias ideológicas de los gobiernos de turno. Siempre que los aumentos salariales fueron importantes en cuanto a porcentaje, también lo fue la inflación. El único que consiguió mantenerla a raya fue sin dudas el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, durante el gobierno de Carlos Menem. Si bien en el año en el que se lanzó la convertibilidad (1991) la inflación fue de 84%, el mayor aumento (74%) se dio entre diciembre de 1990 y febrero de 1991. Tal situación hizo que al momento de lanzarse la paridad cambiaria (en abril) el tipo de cambio ya estaba retrasado. Es decir que si bien el modelo instaurado logró el objetivo de frenar la escalada de los precios, la convertibilidad terminó siendo nociva para el resto de la economía. De hecho, el tipo de cambio alto fue la causa principal de la profunda debacle económica y financiera en la que se sumergió la Argentina, situación que terminó a fines de 2001 y principios de 2002, con el default más grande del mundo, con miles de empresas quebradas, con una desocupación que superaba el 20% y con la consecuente devaluación. Unos meses antes, la Argentina había realizado el megacanje de su deuda precisamente para evitar el default y a fines de 2001 los bancos habían instrumentado el corralito para frenar la fuga de depósitos.

Dólares y déficit

Lo que también tienen en cuenta los empresarios es cuánto puede representar el futuro aumento salarial medido en dólares. Es que con un dólar que el mercado pronostica relativamente estable durante el año próximo (4,20 pesos por cada unidad de billete estadounidense, contra los $ 3,81 del cierre de ayer), una suba mayor al 20% en los salarios representa casi duplicar el aumento salarial en dólares.

La otra preocupación está centrada en el déficit público. En momentos donde la principal provincia del país está en rojo, y donde otras amenazan con emitir nuevamente cuasimonedas porque aseguran no tener dinero para afrontar los gastos, un aumento en el sector privado por lo general se termina trasladando al sector público. En ese sentido, un Estado que supo crecer a tasas chicas durante varios años, hoy debido al aumento del gasto y a la crisis internacional está penando para acomodar los números y poder mostrar superávit fiscal. En el medio de toda esta situación los empresarios, tienen el foco en cómo cubrirse en vez de tener la cabeza puesta en invertir para así poder aumentar la oferta y colaborar para frenar la inflación.

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