Empresarios temen que se pierda otra oportunidad

La expectativa favorable que se había despertado tras las elecciones legislativas dejó lugar a una ola de incertidumbre entre los empresarios. Después del 28 de junio parecía que se despejaban dos incógnitas: por un lado quedaba atrás un proceso electoral marcado por las agresiones y las posturas extremas (sobre todo del oficialismo), pero también se confirmaba la mejora del clima internacional, que en el mercado local se sintió a través de la fuerte suba del mercado de bonos y el repunte del principal producto de exportación de la Argentina, la soja.
También resultó favorable la evolución de las variables financieras: el dólar quedó prácticamente planchado en 3,86 pesos y se esperan pocas sorpresas a fin de año. El Banco Central, por su parte, aprovechó este veranito para recuperar unos 500 millones dedólares de reservas, y la fuga de capitales cayó a la tercera parte en relación con los 2.500 millones que habían salido en junio, el mes electoral.

En este contexto, aparecieron sólo algunas señales muy tibias de reactivación. Se notó una reacción mínima en las cifras de consumo, tanto en hipermercados como en comercios, a parir de junio, pero el consumo de bienes durables continúa cayendo pesadamente. En tiempos de incertidumbre, la gente compra menos electrodomésticos, cuya venta cayó 22% año contra año. Y la venta de autos sigue 20% abajo en relación a los mismos meses de 2008.

La disminución en la cantidad de gente que utilizó medios de transporte en los últimos meses: 14%, muestra los efectos de la recesión. Se trata de la mayor reducción desde mayo de 2002. Y lo mismo sucede con la reducción del transporte de carga, con una retracción de 25% en julio, ante la caída del comercio exterior y la menor actividad del agro.

Las distintas cámaras empresarias hicieron en las últimas semanas un bloque común para expresar lo que hoy por hoy es su principal preocupación: que la Argentina vuelva a desaprovechar la oportunidad de subirse a la ola de recuperación mundial. En el festejo del Día de la Industria, que organizó la Unión Industrial Argentina, quedó claramente reflejado este fenómeno. Junto a su titular, Héctor Méndez, se mostraron el presidente de ADEBA, Jorge Brito, el de la Bolsa, Adelmo Gabbi, y el titular de la Cámara Argentina de Comercio, Carlos de la Vega. Todos apoyaron y coincidieron con el discurso del anfitrión, que volvió a pedirle al gobierno señales que permitan mejorar el clima de negocios y volver a atraer inversiones. Dejó en los pasillos una frase durísima: "Así, esto no aguanta otros dos años". Se refería al tiempo que le queda al gobierno de Cristina de Kirchner y el deterioro creciente que se nota en las empresas. En líneas generales, las compañías sufren un fuerte aumento de costos y menores ingresos por efectos de la recesión. No es casualidad que esté creciendo aceleradamente la cantidad de concursos y quiebras.

Mientras tanto, la ronda de diálogo político quedó trunca y la convocatoria del Consejo Económico y Social no pasó de un primer encuentro puramente técnico.

Cuando se esperaba que tras la derrota electoral el gobierno se abriera al diálogo y a discutir ideas para el futuro de la política económica, sucedió todo lo contrario: se tensó hasta el límite el conflicto con el campo, Néstor Kirchner decidió embarcarse en una guerra despiadada con el principal grupo mediático de la Argentina (y también muy influyente en cámaras empresarias) y decidió aumentar la intervención estatal en temas supuestamente menores como la televisación del fútbol.

La visión compartida de los hombres de negocios es que la Argentina está ante una buena oportunidad para subirse a la recuperación que comienza a vislumbrarse a nivel mundial, pero sobre todo en América latina. Pero el estilo confrontativo e intervencionista del gobierno podría jugar en contra. Ahora, las esperanzas están puestas en las próximas reuniones del G-20 en Pittsburgh y del FMI en Estambul, entre fines de septiembre y la primera semana de octubre. En estos encuentros quedará más claro si el país está en condiciones de reinsertarse en la comunidad internacional. Pero sobre todo, si existe la voluntad para hacerlo. Cualquier iniciativa quedará trunca sin una auditoría del FMI que permita abrir las puertas a la negociación con el Club de París y con los holdouts , es decir quienes quedaron fuera del canje.

Surgen, mientras tanto, señales todavía más preocupantes del sector privado. No sólo no llegan inversiones extranjeras, sino que los empresarios locales con fondos frescos prefieren invertir afuera: así lo decidieron Eduardo Costantini (Nordelta) y Eduardo Elsztain (IRSA). Se hicieron fuertes con sus apuestas en el sector inmobiliario en los últimos 15 años. Ahora, decidieron enfocarse en Estados Unidos con inversiones millonarias. Todo un síntoma de los tiempos que corren.

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