Empresarios quieren congelar los salarios por seis meses para evitar más despidos

Usarán como caso testigo la negociación de Paraná Metal. A diferencia de otros años, en 2009 los incrementos en sueldos no podrán pasarse con facilidad a los precios
Congelamiento salarial o despidos. Sin demasiada opción por la coyuntura internacional, el empresariado plantea el escenario actual en esos términos que se presentarán al Ejecutivo casi como un ultimátum. Aunque todavía faltan dos meses para el inicio de las paritarias, cada vez circula con más fuerza entre los industriales la intención de proponer estabilidad laboral a cambio de no subir los sueldos por un mínimo de seis meses. Con esa carta, y con menos docilidad que en años previos, se presentarán a negociar ante la cartera laboral. Saben que el traspaso a precios de los aumentos no será sencillo con el consumo en baja.

Ya hay un antecedente: el acuerdo impuesto por el Ministerio de Trabajo para resolver el conflicto de la autopartista Paraná Metal. En el texto suscripto el sábado junto a las autoridades laborales y el gremio metalúrgico, la compañía garantizó la estabilidad de los 1.200 operarios que integran su plantilla a cambio del congelamiento de los sueldos hasta marzo de 2010 y un régimen de suspensiones rotativas que abarcarán a todo el personal hasta se recuperen los niveles de producción previos a la crisis. Los empresarios aprovecharán este caso testigo para sentar precedente y replicarlo en el resto de las industrias aunque por un período más breve, que en los hechos significaría patear las discusiones salariales para el segundo semestre del año.

Hasta hace un mes, el Gobierno evaluaba establecer una pauta salarial en torno a 13%, equivalente a la inflación estimada para el año. “Estamos en un momento en el que el mayor anhelo es que los trabajadores mantengan su poder adquisitivo”, habían dejado trascender desde la Rosada.

Sin embargo, cada vez son más las empresas que manifiestan la intención de deshacerse de personal y eso alertó a la administración de Cristina Fernández de Kirchner. A fin de evitar despidos masivos, el Gobierno intentaría convencer a la CGT de reducir sus pretensiones de lograr un piso de 18% para los próximos aumentos.

El Ejecutivo está atendiendo, principalmente, los casos de grandes empresas cuyas decisiones generan ruido en la opinión pública. Además de Paraná Metal, otro claro ejemplo es el de Siderar, del grupo Techint, que anunció que despediría a 2.400 operarios por el freno de una inversión y eso llevó a la cartera laboral a presionarlos dictando una conciliación obligatoria.

No obstante, las que mueven el tejido del empleo son las compañías más chicas, que como no resaltan por su nombre, tienen mayor libertad para tomar decisiones y despedir empleados. “El Estado quiere focalizar donde no está el problema. El primer empleo que se destruye es el no registrado y dentro del trabajo formal, el de las pymes”, aseguró un analista.

Los especialistas sostienen que las firmas pequeñas y medianas atraviesan una situación delicada y no están en condiciones de otorgar aumentos salariales. Incluso, según advierten, algunas se ven forzadas a decidir despidos, al margen de lo que ocurra en las negociaciones paritarias.

En el caso de muchas grandes empresas, analistas y gremios coinciden en que sí podrían ajustar los sueldos y sostener a sus empleados, pero aprovechan el escenario y, con la excusa de la crisis, intentan lograr un congelamiento.

En la UIA, dos ideas van cobrando cada vez más forma: que las paritarias se resuelvan empresa por empresa, en lugar de por actividad, y que la moneda de cambio para evitar despidos sea un congelamiento salarial por seis meses. “Tenemos que llevar a cabo una negociación inteligente. Esta idea de pedir 20% de aumento es una locura”, enfatizó un empresario de la entidad que preside, hasta abril, el metalúrgico Juan Carlos Lascurain.

El comité ejecutivo de la UIA retomó el martes pasado las reuniones quincenales que marcan la agenda industrial. Muchos recién llegados de vacaciones pusieron sobre la mesa las problemáticas que los aquejan y preocupan de cara a marzo, mes que todos apuntan como el más crítico.

En dos meses, asegura el establishment, habrá una idea más clara de lo que ocurrirá con la industria y el campo, que espera la lluvia con desesperación.

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