Los empresarios K cruzan de vereda.

Desde la Unión Industrial hasta Lázaro Báez, pasando por Eskenazi y Techint, antiguos aliados del Gobierno critican a los Kirchner. El establishment presiona ante la mayor debilidad oficial.
Los empresarios más influyentes del país empezaron a tomar distancia en público del matrimonio Kirchner. Hizo punta el martes pasado el nuevo jefe de la Unión Industrial, Héctor Méndez, quien se despachó al asumir con que el Gobierno "fue industrialista" y luego "cambió sus prioridades". Pero las grandes constructoras también amenazan sotto voce con frenar las obras públicas que exige la campaña electoral si el Tesoro no se pone al día con los pagos. Y en las mesas más selectas del establishment se comenta que hasta el incondicional Lázaro Báez se peleó con Néstor por esos atrasos. Todos huelen la sangría del poder kirchnerista, temen que no pueda contener los conflictos que augura la crisis y por eso coquetean con la oposición. Especialmente con la encabezada por Mauricio Macri, Felipe Solá y Francisco de Narváez.

El descontento patronal se percibe cada vez que se junta un grupo de hombres de negocios. En el Sheraton de Retiro, la semana pasada, Crítica de la Argentina consultó al azar a diez dueños de concesionarios de autos sobre su intención de voto para las elecciones de junio. Sólo uno dijo que votaría al oficialismo. Cinco se inclinaron por el PROperonismo y cuatro por la Coalición Cívica.

Por conveniencia, igual, algunos ejecutivos evitan confrontar. "A mí la oposición no me va a aprobar ningún plan de incentivo. El Ejecutivo lo hace con la plata nuestra, pero es el único que hoy puede hacer algo", se confesó en el mismo hotel un lobbista del rubro.

Paolo Rocca, líder del grupo Techint, venía distanciándose de la Casa Rosada desde diciembre, cuando recomendó "postergar inversiones" para protegerse de la crisis. La semana pasada se convirtió en el primero en frenar la idea oficial de colocar directores en las compañías donde la ANSES se hizo de acciones por la estatización de las AFJP. Terminó por consensuar el ingreso de Aldo Ferrer en Siderar (ex Somisa), pero en representación de los accionistas privados.

En la UIA, donde Techint pisa fuerte (y paga la mayor parte de los gastos), el ánimo es de creciente beligerancia. "Hay cosas que no vamos a bancar. Será inevitable chocar", se sinceró uno de los directivos que más defendió al Gobierno en los últimos años. El presidente de Fiat, Cristiano Rattazzi, fue menos contemplativo: "Soy el único que dice que se está haciendo todo mal desde hace cinco años", disparó.

El diálogo fluido con el arco patronal que otrora mantuvo Julio De Vido está muy deteriorado. Los contratistas de la Cámara de la Construcción le elevan cada vez más quejas porque no reciben el habitual anticipo del 20% del pago de las obras públicas. Es por la caída en la recaudación.

Hasta el polifacético empresario del juego Lázaro Báez, sindicado por Elisa Carrió y otros opositores como testaferro de Kirchner, cayó en la volteada. Entre los contratistas crecen las versiones de que se cruzó duro con Néstor por deudas impagas del Estado con su empresa Austral Construcciones. El monto ascendería a $ 350 millones.

El presidente de la Cámara de Comercio (CAC), Carlos de la Vega, aún tiene línea directa con el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Pero entre los popes de la entidad –que integran Eduardo Eurnekian, Alfredo Coto y Alberto Grimoldi– pierden espacio los que ven con simpatía a la Casa Rosada. "El sector empresarial no va a votar al oficialismo. Ha sabido manejar la coyuntura, pero no ofrece un horizonte de mediano plazo. Y encima envía señales terribles, como la versión de que iba a nacionalizar el comercio exterior de granos", se escandalizó uno de sus jerarcas.

Enrique Eskenazi, el banquero que entró como socio minoritario en YPF de la mano de la "reargentinización" impulsada por los K, tampoco está conforme con el negocio que hizo. Lo admitió la última semana durante un encuentro entre colegas.

Como ocurrió en el ocaso de otros gobiernos, el éxodo de empresarios del redil oficial se cataliza con el resurgir de la oposición. En definitiva, lo que buscan es preservar el "clima de negocios". Ese eufemismo tan difundido para hablar del statu quo.

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