Empresario farmacéutico puso un millón para Cristina

Néstor Lorenzo está imputado en una megacausa por medicamentos truchos. Ocaña habla de “los Yabrán” del sector.
Cuando los oficiales de la División Operaciones Federales de la Superintendencia de Drogas Peligrosas mostraron la orden de allanamiento firmada por el juez Norberto Oyarbide, a la esposa de Néstor Osvaldo Lorenzo no le quedó otra opción que abrir la puerta. Minutos después, sobre el escritorio de este empresario farmacéutico imputado en una megacausa por medicamentos truchos, apareció una carpeta con una carátula prometedora: “Aportes a la campaña 2007”. En su interior había recibos por 945 mil pesos entregados para la candidatura de Cristina Kirchner. Ésta es la primera prueba que vincula directamente al polémico dueño de droguería San Javier con la campaña presidencial.

El hallazgo fue una sorpresa porque a pesar de que había sólidas sospechas de que este empresario había donado dinero al Frente para la Victoria, su nombre no apareció en el informe final de aportantes. Tampoco figura en los documentos hallados el viernes en su casa, pero lo cierto es que tenía en su poder los recibos y las copias de los cheques donados por personas y empresas de su entorno a la carrera electoral de la actual Presidenta. ¿Por qué estaban los originales en su casa? Es una respuesta que dará la Justicia. Se trata de los comprobantes de la recepción, por parte del FPV, de cuatro cheques que pertenecían a:

* Julio César Posse, un agente de la DEA vinculado a Lorenzo, que donó 155 mil pesos.

* Carlos Torres, quien según la investigación de Oyarbide “se encontraría vinculado comercialmente a Lorenzo a través de las empresas Citywatch SA, Elaboradora de Productos Biológicos SA, Droguería San Javier SA, Multipharma SA y Centro Oncológico de Excelencia Fundación Dr. Jesús María Mainetti”. En su caso fueron 170 mil pesos.

* Multipharma por 310 mil.

* Global Pharmacy Service SA, que aportó 310 mil pesos. Esta sociedad no figura relacionada con Lorenzo. Sin embargo, el recibo de su aporte apareció también en la carpeta.

El nombre y apellido de Néstor Lorenzo se hizo públicamente conocido después del triple crimen de General Rodríguez cuando murieron Damián Ferrón, Leopoldo Bina y Sebastián Forza. Este último era dueño de una droguería que les vendía medicamentos a varias sociedades, incluidas las de Lorenzo. Contador, de 53 años, a Lorenzo se lo vincula desde hace una década con la mafia de los medicamentos, un negocio sucio que es el objeto de investigación de la causa que llevó al juez Oyarbide a pedir nueve allanamientos en distintos domicilios vinculados al polémico empresario. En una entrevista publicada el lunes en el diario La Nación, la ministra de Salud, Graciela Ocaña, apuntó sobre él sin nombrarlo: “Uno ve que en la salud existen personajes como Yabrán que son desconocidos para el gran público y que no pueden explicar cómo han ganado tanta plata”, dijo Ocaña. “Cómo puede ser que nunca nadie haga nada y siempre sean los mismos los que venden medicamentos robados y adulterados. Son cinco droguerías, cinco empresas. Hay grados de corrupción insospechados de personajes que aparecen históricamente, que son los mismos que estaban en la causa de la leche de Vicco (Miguel Ángel, ex secretario privado de Carlos Menem), por mencionar un ejemplo”, agregó. Lorenzo es el único dueño de droguerías que estuvo imputado en aquel expediente.

La relación entre el empresario y el ex superintendente de Servicios de Salud, Héctor Capaccioli, fue uno de los argumentos más fuertes que utilizó Ocaña para batallar contra la permanencia del ex funcionario en su cargo. Capacciolli era, además, recaudador de la campaña y la lista de aportantes reveló una mayoría abrumadora de empresas vinculadas a la salud, muchas de ellas con causas judiciales, como es el caso de la Droguería San Javier, que figura a nombre de Torres pero que pertenece también a Lorenzo.

El expediente que tiene Oyarbide incluye a la mayoría de estas sociedades que eran parte de un entramado que se dedicaba a vender medicamentos que debían ser de distribución gratuita porque pertenecían al Programa Nacional de SIDA del Ministerio de Salud de la Nación, cuando lo comandaba Ginés González García.

Un hombre que sabe de aportes

A principios de los roaring nineties, Néstor Lorenzo era gerente de la importadora Summum, propiedad de Carlos y Lorenzo Spadone, fuertes cotizantes de la campaña de Carlos Menem e, incluso, propietarios del edificio en el que el riojano había establecido su cuartel general. Con el triunfo, Spadone Carlos fue designado asesor presidencial, lo que no le impidió ganar una licitación del Ministerio de Salud (a cargo de Avelino Porto) para proveer toneladas de leche en polvo con destino a un plan para lactantes carenciados. La cantidad pedida era enorme, los plazos brevísimos y el producto no debía ser comprado a granel. Ninguna firma conocida tuvo chances. El ganador solitario fue Spadone con las marcas Jorgiano y Silvana. Una partida contaminada con Escherichia coli originó una investigación periodística que demostró que el producto no reunía las condiciones exigidas en el pliego. Socio del escándalo era Miguel Ángel Vicco, secretario y compañero de farras del presidente. Vicco y Spadone renunciaron. La causa se tramitó 12 años. Spadone y Lorenzo fueron sobreseídos por Jorge Luis Ballestero y condenados en 2003 por la Cámara a dos años y medio de prisión en suspenso por “defraudación agravada”. Las pericias mostraron que la leche presentaba, además, una sustancia radiactiva en medidas compatibles con la leche contaminada de Chernobyl. Spadone, por entonces, era titular honorario, e inexplicable, de un comité oficial de relación con la Unión Soviética.

Néstor Lorenzo no escarmentó y volvió a la notoriedad por el estado de catástrofe en que dejó el Centro Oncológico de Excelencia, de Gonnet, que gerenciaba; luego por la medicación oncológica adulterada provista por su droguería San Javier a la obra social bancaria. Al final, por sus aportes a la campaña de Cristina Fernández. Total, unos pesos no se le niegan a nadie.

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