"El empresariado tiene que hacerse escuchar mejor por el sistema político"

El presidente del Coloquio de IDEA 2009, Alberto Schuster, sostiene que el problema argentino es que no encuentra liderazgos y reclama políticas de estado que permitan pensar el país a largo plazo. Previsiones 2010 con incertidumbre política e inflación en la mira.
En el horizonte, las potentes grúas Pánamax de Puerto Nuevo. Junto a ellas, hileras, torres y armaderos de containers. Enfrente, la estación de Buquebus, la torre Telecom. En la calle, el ya tradicional embotellamiento de las cuatro de la tarde sobre Avenida Huergo y Córdoba: bocinazos, gritos, calor, autos, taxis, micros, camiones. En el medio, inmutables, las oxidadas vías de la línea Ferrosur, donde una vieja locomotora avanza a paso de hombre. Desde sus oficinas, en Bouchard al 700, Alberto Schuster tiene a sus pies lo mejor y lo peor de la economía argentina.

Senior Partner y director Ejecutivo de la empresa de auditorías KPMG, este contador de 56 años acaba de publicar su libro Competitividad para la prosperidad. La imperiosa necesidad de la Argentina de saltar hacia la virtuosidad. Por eso, en estos días no deja de recordar que en materia de desarrollo, inserción mundial y competitividad, el país todavía tiene para y con qué ganar. Todo dependerá de cómo logre transitar los próximos dos años que Schuster define como "difíciles y de transición". Empezando por 2010, donde el presidente del último Coloquio de IDEA ve a la inflación como principal amenaza.

l ¿El argentino sabe competir?

- Creo que sabe cuando lo ponen en un contexto competitivo. La prueba está en el éxito que tienen los argentinos cuando se van de la Argentina y ocupan puestos importantes. El problema que tiene la Argentina es que no encuentra los liderazgos. Un país es competitivo cuando logra encontrar expresa o tácitamente políticas de Estado. Se trata de esas 10 ó 15 cosas que, más allá del gobierno que venga, el que administre no las abandone sino que las fomente. Y aquí, un rol no menor pasa porque el empresariado se involucre de manera decidida en presionar y exigirle al Estado ese tipo de políticas. Pero parecería ser que el mensaje no llega a buen puerto en el Gobierno. La competitividad es un asunto público-privado. No hay competitividad si el sistema político no se decide a ser competitivo. Si los empresarios no se deciden a pagar el precio de la competitividad.

l ¿Cuál?

- Arriesgarse. Hay que abrirse al mundo. Eso implica mirar qué cosas hicieron los que lo hicieron mejor; qué cosas hay que copiar y adaptar. El empresariado sabe que el mundo le ofrece una gran oportunidad a la Argentina en la medida en que el país tenga una economía más abierta.

l Algunos le remarcarán que con ese concepto no nos fue demasiado bien.

- Una economía más abierta no significa que de la noche a la mañana se bajen todas las barreras arancelarias y que se funda cualquiera. De hecho, países como Japón, Taiwán, Corea, los EE.UU. o incluso Brasil, no lo hicieron. Sí establecieron momentos en donde son más proteccionistas y otros donde no lo son tanto. Hay tres factores que son los que definen el éxito de un país en términos de PBI: la inversión per cápita, el comercio exterior per cápita y el mercado de capitales.

l Para Argentina, ese orden de prioridades no promete mucho...

- La inversión per cápita es baja, la inversión extranjera, es baja. En comercio exterior, la Argentina exporta, pero importa poco. Tenemos ganancia comercial neta que asegura el ingreso de divisas. Pero no tenemos un comercio exterior equilibrado. Se exporta mucha soja, pero no se importan computadoras. El resultado es el retraso tecnológico. Y el mercado de capitales, claramente desapareció. Por eso, la Argentina tiene que mejorar los factores de competitividad.

l ¿Ve a alguien del Gobierno pensar la Argentina de aquí a 20 años?

- En el Gobierno, lo desconozco

. Hay algunas ideas de la UIA, de AEA. Las conclusiones de los 3 coloquios de IDEA apuntan a eso.

l Éstos son actores privados, ¿qué pasa con el Estado?

- La Argentina debería tener una Agencia Nacional para la Competitividad pensando a futuro. Mi sensación es que los políticos están viendo cómo se posicionan para la próxima elección. O sea, los dos años que vienen nos van a costar por la incertidumbre política. Pero el gobierno que venga, sí o sí va a tener que empezar a pensar en la competitividad porque la Argentina, con una buena ola de los precios de los commodities, puede crecer un 4%. Pero para en los próximos 20 años alcanzar niveles de desarrollo interesantes, tenemos que crecer sostenidamente 6, 7, 8%.

l En la competencia Gobierno-empresariado, ¿quién gana?

- En la medida en que haya pelea entre el Gobierno y el sector empresarial pierden los dos.

l ¿Qué le recomienda a un empresariado que está aislado?

- El empresario tiene que hacerse escuchar mejor por el sistema político. Y ojo, con "sistema" me refiero al conjunto: Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial. A esto se le puede sumar los sindicatos y hasta los políticos que no están en el Legislativo. Si el empresariado logra hacer escuchar más su voz, las leyes van a venir mejor diseñadas para que las empresas puedan desarrollarse mejor. Además, la sociedad va a apreciar más el rol de los empresarios.

l Para el ciclo 2010-2011, ¿qué orden productivo fomentaría desde el lado empresarial?

- La Argentina está muy ligada a lo que pasa en el mundo. Que el país esté desenganchado de él como lo está es falaz. No tenemos un mercado de consumo como otros, dependemos del resto. Y aquí tenemos sectores que tienen ventajas comparativas y que pueden generar una mejora en el bienestar y ser promotores del ingreso.

l ¿Cuáles son?

- Todo lo que es el agrobusiness. La minería, el turismo, el software y tecnología y bienes culturales y -con Brasil- la industria automotriz. Y atrás de ellos viene la construcción. Para fomentar todo eso, la Argentina tiene que tener una política de mejora de infraestructura, una mejor red de ferrocarriles. Hay que coordinar con Chile la salida al Pacífico. Con Brasil hay que cooperar para crear el corredor bioceánico. Sin Brasil somos un mercado de 40 millones; con Brasil, 240 millones.

l ¿Cuánto puede ayudar la reapertura del canje, el cierre con los holdouts?

- Es una buena idea. Porque la Argentina tiene que terminar con su historia de defaulteador serial.

l Para 2010, ¿le preocupa más la inflación o la presión sindical?

- La inflación. Porque con la inflación los niveles más bajos de la población pierden. Y ahí empieza a generarse desintegración, más violencia, más droga. Nadie está previendo un mayor desempleo pero sí una mayor inflación.

l La situación de volatilidad social ya está instalada. Algunos, incluso, la comparan con 2001...

- Está claro que hay reclamos sindicales importantes, pero todo se negocia. El tema es que, con reclamos sindicales o aumentos de salarios a tasas muy altas se producen dos efectos: uno, el aumento de los precios. Si eso se trata de controlar poniéndole un techo, baja la rentabilidad. Y si eso sucede, baja la inversión. El principal problema es que la inflación se espiraliza.

l ¿Qué significa eso para la economía y las empresas?

-Si este año se cierra con una

inflación del 10%, ésta generará reclamos del 12% para el próximo año. Eso impulsa la inflación al 15%. Lo que dicen los economistas es que, en los dos próximos años, hay que hacer una revisión de la política del gasto público que está hoy en 40% del PBI. Además está la necesidad de hacer una reordenamiento fiscal Nación-Provincia. Por todos estos problemas los dos próximos años son años de transición.

l ¿El dólar le preocupa?

- La política del Gobierno de un tipo de cambio flotante administrado no me parece una mal idea. Pero cuando uno tiene el tipo de cambio en equilibrio, tiene que apuntar a los otros factores de la competitividad. Porque el tipo de cambio sólo no alcanza.

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