Emprendedor quiere convertir el estiércol en gas envasado.

Mayer utiliza el abono de los chanchos para fertilizar el suelo de su chacra. Para eliminar rápidamente los residuos, quiere poner en marcha una experiencia que ya obtuvo buenos resultados en el país y en el mundo.
Valentín Mayer y su esposa Marta Reinhardt viven en una chacra de 17 hectáreas situada a 300 metros al norte de Winifreda, detrás de las vías del ferrocarril. Allí, acompañados de sus tres hijos, Maximiliano, Gastón y Carolina, desarrollan un emprendimiento destinado a la cría intensiva de cerdos.

Los animales con que cuentan generan diariamente una gran cantidad de excrementos cuyos malos olores llegan hasta el casco urbano. Esta situación ha provocado el enojo de ciertos vecinos, quienes se han quejado en la municipalidad.

En diálogo con LA ARENA, Maier reveló un ambicioso proyecto que tiene en carpeta para solucionar definitivamente este problema. Consiste en convertir el estiércol en gas envasado, un proceso científico probado en el mundo. "Nosotros tenemos la voluntad de combatir los olores, hay una forma de hacerlo pero es costosa", dijo el productor. Desde hace años Maier utiliza el abono de los cerdos para fertilizar el suelo de su chacra, donde siembra y cosecha cereales finos y gruesos. Para eliminar rápidamente los residuos quiere poner en marcha una experiencia que ya obtuvo buenos resultados en el país. "La idea es construir varios piletones recubiertos con plásticos o ladrillos para depositar el estiércol. Todo estaría cubierto con una lona y en el fondo habría un removedor hidráulico que generaría el gas. Podría utilizarse para desactivar soja, calefaccionar el criadero y hasta la casa de familia", dijo el emprendedor.

Inversión.

Maier estimó que su proyecto demandaría una inversión de cien mil pesos y le presentó una carpeta con todos los estudios técnicos a la intendenta, Berta Herlein, para que gestione fondos a nivel provincial. También conversó del tema con el subsecretario de Asuntos Agrarios, Enrique Smith.

"Podríamos ampliar el criadero y el gas sobrante distribuirlo en garrafas entre las familias más necesitadas de la localidad, como hacen en Brasil", se entusiasmó. Todo el estiércol generado por los porcinos se acumula en una gran laguna que alcanza una capacidad de 200 mil litros. Cada cuatro meses, Maier y sus hijos desagotan esa laguna y tiran los desperdicios sobre las hectáreas sembradas con cereales. "Lo hacemos cuando tenemos viento sur. Pero no terminamos en un día, entonces el viento cambia en dirección norte y los olores llegan al pueblo. Con mi familia soportamos esos olores porque son nuestra rentabilidad pero los vecinos no tienen porque aguantarlos. Si no recibo una ayuda económica para poner en marcha este proyecto, lamentablemente habrá que pensar en comprar una quinta más retirada para montar allí el criadero. Pero no va hacer una tarea sencilla", vaticinó.

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