Dos empleados de la comuna de La Caldera robaron 88 mil pesos

Una burda maniobra les permitió alzarse con 88.000 pesos que estaban destinados al pago de haberes de los empleados de la comuna de La Caldera, y ello fue su perdición: Horas después fueron detenidos, cuando contaban el dinero en la vivienda de la hermana de uno de ellos.
Todo lo que rodeó a esta situación, tuvo hechos que marcaron un inevitable derrotero sobre quienes serías sus autores.

Pasadas las 14 del viernes, según la policía, el dinero fue entregado por el tesorero municipal a los tres empleados administrativos que se desempeñan en esa área. Fue el momento, entonces de "idear un mecanismo" que sin emplear ningún tipo de violencia les permitiera hacerse el dinero.

El acto siguiente fue que los administrativos, se fueron a almorzar, dejaron el dinero en esa dependencia, pero sin adoptar ningún tipo de recaudo ante una situación sobre manejo de dinero públicos. Cuando regresaron tras el "frugual almuerzo" , retornaron a la dependencia municipal, pero se encontraron que el dinero había desaparecido "como por arte de magia", y las puertas estaban abiertas.

Cuando los "sabuesos" se hicieron cargo de la investigación, sabían que no era necesario aguzar el ingenio para llegar a una resolución del caso. Para ellos, estaba escrito que la maniobra fue pergeñada "puertas adentro" del municipio. Sólo había que esperar un tiempo.

Tan seguros estaban los policías de desentreñar la maniobra, que se "echaron a dormir una siesta", a la espera de las indicaciones por parte de la justicia.

Esta vez hubo una plena comunión de los pensamientos de unos y otros. Sobre el filo de la medianoche llegó lo que tanto esperaban los sabuesos: Los jueces firmaron las órdenes de allanamiento y así llegaron hasta la morada de la hermana de uno de los empleados infiel.

Solo faltaban 900 pesos. El resto estaba guardado en un ropero, protegido por una bolsa.

Ante las evidencias, con llantos, la mujer terminó por confesar la propuesta que le había acercado el "hermanito" y su compinche.

Burdo y ordinario

A los malos empleados, el pulso le tembló en todo momento. El nerviosismo que descargaban cada vez que los "sabuesos" hacían preguntas y repreguntas, se encargaba de poner pasos firmes de una pronta resolución del caso.

Ni siquiera tuvieron tiempo de repartirse el botín, que le habían birlado a sus propios compañeros, a esos que veían todos los días y que esperaban ansiosos poder cobrar sus salarios. Hubo un retraso de algunas horas por el desliz de los empleados errantes, pero finalmente pudieron respirar tranquilos.

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