El G-20 emplazó a la Argentina para que acepte la revisión del FMI

El comunicado de la Cumbre dice que a fin de enero los países deben dar datos que surgen de esa auditoría.
Si a la complicada relación entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional le faltaba algún ingrediente, el Grupo de los 20 ayer se encargó de agregarlo. Lo hizo mediante el comunicado final que emitió luego de dos días de deliberaciones en Saint Andrews, Escocia. Allí se aprobó un calendario muy preciso, que obligará al país a concretar antes de fin de enero de 2010 la revisión anual de su economía por parte del FMI.

El cronograma no hace más que cumplir con lo que el propio G-20 (y la Argentina dentro de este grupo) acordó durante una reunión previa que se hizo en setiembre pasado en Pittsburg, Estados Unidos, de la cual participó la presidenta Cristina Kirchner. El compromiso asumido entonces era aceptar una especie de intercambio muto de información económica entre los países miembros. A los efectos prácticos, hubo consenso en que los datos serían los mismos que los países aportan cada año al FMI en el marco de la revisión fijada por el artículo IV del Estatuto. Pero este monitoreo es el que la Casa Rosada se resiste a aceptar desde 2006, y que rechaza con mayor énfasis desde que estalló la crisis de credibilidad del INDEC y la situación fiscal comenzó a complicarse.

En ese momento, Cristina firmó junto a sus pares y dejó en manos del ministro de Economía, Amado Boudou, la tarea de negociar con el FMI condiciones flexibles para facilitar la llegada de una misión técnica a Buenos Aires. Pero los planes no salieron como se imaginaban en la Casa de Gobierno. El jefe del Fondo, Dominique Strauss-Kahn, y el director para la región, Nicolás Eyzaguirre, se negaron a convalidar una revisión "light" como les pedía el ministro. La escena se repitió también aquí este fin de semana durante otro encuentro informal que Boudou mantuvo con Strauss-Kahn.

El comunicado del G-20 (que además de Argentina integran Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, España, Japón, México,Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Corea del Sur, Turquía, Gran Bretaña y Estados Unidos) no sólo le puso fechas precisas a lo que el Gobierno quiere demorar, sino que además formalizó la decisión de dar un lugar relevante al FMI en la ejecución del esquema de intercambio mutuo de información y elaboración de un diagnóstico común para enfrentar la crisis.

Claro que este protagonismo del FMI no cayó bien a todo el mundo. Enseguida se comentó en rondas informales que había dos países disgustados: Indonesia y la Argentina.

Boudou ofreció ayer una breve y raleada conferencia de prensa en la que trató de disimular la intensidad del golpe recibido. Sostuvo con insistencia que el Fondo "sólo tendrá un rol técnico" y describió al mecanismo impulsado por el G-20 como "un intercambio de información entre pares".

Respecto de la situación en que está la discusion sobre el meneado artículo IV, se limitó a decir ante una consulta de Clarín: "No entiendo por qué se le da tanto voltaje a este tema. Tiene ribetes futboleros". Se sintió más cómodo hablando del canje de la deuda en default y enviando un mensaje amigable a los bonistas italianos a través de un peiodista de esa nacionalidad.

El documento final de la reunión de Saint Andrews despejó cualquier duda al respecto: "Para conducir la fase inicial de nuestro proceso de evaluación mutua (estaremos...), apoyados por los análisis del FMI y el Banco Mundial", precisa. Y remarca también en otro párrafo que "seremos asistidos" por los mismos organismos en la tarea mencionada. Dos precisiones que van muy a contramano de lo que el gobierno argentino esperaba escuchar.

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