Lo que empieza mal no termina bien

Por Néstor O. Scibona

El Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad nació con un título tan pomposo como engañoso, pero sin tanta necesidad ni menos aún urgencia como el decreto que le dio origen. Este DNU, que curiosamente lleva el número 2010, fue anunciado apenas cinco días después de que finalizaran las sesiones ordinarias del Congreso. Nadie en el Gobierno explicó por qué la captura de 6569 millones de dólares de reservas del Banco Central para atender este año todos los pagos en divisas del Tesoro (a cambio de un pagaré a 10 años) no fue propuesta previamente mediante una ley, cuando el oficialismo aún avasallaba con su mayoría propia en las dos cámaras legislativas.

A este pecado original hay que sumar otro. Es un secreto a voces que Martín Redrado no fue consultado para la adopción de esta medida. O que si lo fue, no estuvo de acuerdo debido a sus implicancias jurídicas e institucionales, y no sólo económicas o financieras.

La situación hizo cortocircuito esta semana, quizá precipitado por el sugestivo encuentro entre el titular del BCRA y la cúpula de la UCR en el Senado. Pero ya era ostensible desde antes de Navidad: resultaba tan evidente el apuro del ministro Amado Boudou por hacer uso del Fobide para presentarlo como un hecho consumado como la resistencia de Redrado a transferir las reservas, a la espera de un dictamen de la asesoría jurídica del Central cuyo contenido sigue siendo una incógnita. Otro tanto ocurre con la posibilidad de que esos recursos sufran eventuales embargos externos. Mientras tanto, la oposición se dedicó a golpear al Poder Ejecutivo por izquierda y por derecha. Y hasta el propio Redrado quedó como jamón del sándwich, entre el kirchnerismo duro que le exigía el cumplimiento del DNU y la oposición que le reclamaba un aval previo del Congreso, con el aderezo de la Corte Suprema, que admitió el recurso de inconstitucionalidad planteado por San Luis.

Con tantas improvisaciones y cabos sueltos, en apenas 20 días no podía terminar bien algo que comenzó tan mal. Mucho menos cuando Néstor Kirchner decidió olvidarse definitivamente de las formas, aplicar la ley del garrote y confinar a Redrado al bando enemigo. Fue tan patético que ayer se anunciara la aceptación de una renuncia que el titular del BCRA no había firmado como que se le ofreciera el cargo a Mario Blejer -actualmente en Suiza- para reemplazar a un funcionario que no puede ser relevado como si fuera un ministro más del Gabinete. También que hubiera un "miniescrache" a las puertas del BCRA, a cargo de un puñado de militantes K cuyo discurso parecía dictado de apuro desde Olivos.

Si el objetivo del Fobide fue transmitir confianza (aunque más no fuera a los bonistas privados), el procedimiento seguido logró exactamente el resultado contrario. La pregunta del millón es qué podría ocurrir con el incipiente reflujo de capitales, la baja del riesgo país y el canje con los holdouts si el conflicto de poderes persiste y el Fondo sigue vacío de los dólares del BCRA, aunque ello no implique un riesgo cierto de default para 2010.

Pero además de las formas institucionales hay otra cuestión de fondo, que tampoco viene bien. Con el Fobide, el tándem Kirchner-Boudou dejó a la vista que prefiere echar mano a reservas del BCRA para atender pagos externos en lugar de levantar el pie del acelerador con el gasto público para salir del déficit fiscal. Esta idea no es compartida por Redrado, quien siempre hizo hincapié en la necesidad de una política fiscal más prudente y racional como condición para volver a obtener crédito a tasas más bajas y aliviar al Tesoro.

Evidentemente, no fue escuchado. Aunque ahora sea presentado por el kirchnerismo como un desacatado rebelde sin causa, lo cierto es que el titular del BCRA vino acompañando hasta donde pudo el financiamiento del explosivo aumento del gasto, ya sea con adelantos transitorios, transferencias de utilidades cambiarias y hasta con los DEG (derechos especiales de giro) que aportó la última capitalización del FMI. Todo esto encubrió la progresiva escasez de recursos del Tesoro para comprar genuinamente dólares destinados a pagos externos. Pero siempre hasta el límite legal fijado por la Carta Orgánica. El Fobide cruzó esa frontera y también abre dudas sobre el destino futuro de otros 10.000 millones de dólares de "reservas excedentes". A corto plazo, a Redrado se le complica su ilusión de ser el primer presidente del Banco Central que cumpla su mandato legal. A más largo plazo, a la Argentina lo mismo con dejar atrás los planes tipo "viaje ahora y pague después", que terminan en más endeudamiento o más inflación.

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